13/09/2009

Cuerpos al límite

Texto de Xavier Aldeka
Carreras de cientos de kilómetros  que duran varios días. Cruzando montañas y desiertos. Parecen pruebas sobrehumanas, pero cada vez hay más en todo el mundo. Se trata de retos deportivos que trascienden la competición para convertirse en emblema de superación y en una experiencia vital salpicada de osadía, compañerismo y aventura.

En la Gore Tex Transalpine Run, los participantes recorren 300 km en ocho etapas a través
de bosques y montañas de los Alpes

Participan hombres y mujeres que se pasan el año entrenándose por el anhelo de enfrentarse al reto de su vida
Por la mañana faltaba Fran. En el campamento de jaimas desparramado en mitad del Sáhara todos están inquietos por este andaluz cuarentón de mirada honesta y sonrisa tímida. Ya debería haber llegado. La mayoría no le conocían de nada cuando, cinco días atrás, retaban a lo imposible en la línea de salida del Marathon des Sables. Pero casi 250 kilómetros de carrera en seis días por las dunas del desierto marroquí, con equipo y comida a cuestas, invitan a la amistad. Aunque ninguno pueda más. La etapa larga de la Sables, sobre los 80 kilómetros, se ceba en los corredores y deja un reguero de pies llenos de sangre y ampollas. Si no fuera por los dorsales, la escena sería propia del bando perdedor tras la batalla. Uno de ellos calienta un cazo de agua para prepararse una sopa y recuperar fuerzas y ánimo. Mastica sin ganas media barrita energética bajo un sol abrasador. A poca distancia, avanza penosamente, cojeando y con muecas de dolor, una corredora británica que se ha destrozado los pies. Literalmente. Va al lavabo, es decir, al desierto abierto, porque en esta prueba de autosuficiencia no hay servicios. Se aleja veinte metros, pero no puede agacharse, así que separa un poco las piernas y orina de pie. Nadie la mira. La mayoría están ocupados imaginando ver aparecer una silueta recortada en el horizonte. Y que sea la de Fran. Sobre las diez de la mañana, unas 25 horas después de empezar la etapa más larga de la Sables, su perfil asoma a lo lejos. Cojo, llorando de dolor, avanza entre los aplausos de sus compañeros, que han salido a recibirle. A su lado, el catalán Salva, quien decidió olvidarse de clasificaciones y acompañarle durante la noche. “He sufrido como un perro, estoy roto”, acierta a susurrar Fran. Entre los abrazos, se escapan varias lágrimas de emoción.

Y justo en esas lágrimas es donde parece estar la explicación. Justo en esa mezcla de sufrimiento y complicidad que lo envuelve todo y que podría repetirse en cualquiera de las carreras multietapa de resistencia repartidas por el mundo. Cientos de personas se dejan atrapar cada año por la magia de unos retos deportivos que van más allá de la pura competición. Son aventuras, hazañas, carreras sin reloj. Participan hombres y mujeres que se pasan el año entrenando, sacando horas después del trabajo o robándoselas al sueño, por el anhelo de enfrentarse al reto de su vida durante unos días. Porque no se trata del tiempo, de bajar de las tres horas en el maratón o volar en un triatlón. En este tipo de carreras, el grueso de los participantes deja de lado la clasificación y corre por uno mismo. Por vivir la emoción de ser protagonista de una experiencia vital inolvidable. De una proeza. De su proeza. Ya sea en el Sáhara, el desierto del Gobi o Namibia, el Himalaya o la selva de Costa Rica. Días después de la vigilia por Fran, en la línea de meta de la Sables, un atleta aragonés resumía en una frase el espíritu de unas pruebas de resistencia de varios días que trascienden lo deportivo. “La clasificación no vale nada, lo que importa es lo que te llevas aquí”, y se señalaba el corazón.

Entenderlo desde la distancia no es sencillo. En la Gore Tex Transalpine Run, que atraviesa 300 kilómetros de los Alpes, las rodillas estallan después de cada etapa. Más de 15.000 metros de desnivel positivo en ocho días, casi como dos Everest, han triturado los nervios del bombero mallorquín Nadal Orell. Le duelen demasiado las espinillas. Debería ir al médico a que le tratara, pero se resiste. Ha oído que a un compañero le han prohibido salir al día siguiente y sabe que él sería el siguiente. No quiere abandonar, así que prefiere apretar los dientes. Se mueve con los músculos agarrotados y camina dando saltitos. Imposible hacer los 40 kilómetros de la próxima etapa. Pero a la mañana siguiente ahí está: en la línea de salida, disimulando el dolor. Cuando el speaker hace tronar la canción de AC/DC Highway to Hell para dar la salida, a Nadal se le escapa un grito de emoción. La música retumba, se dispara la adrenalina y ocurre lo imposible: empieza a trotar. Hace unas horas era incapaz de moverse. Pero con los pelos de punta duele menos.

La pasión con las que los participantes afrontan estas pruebas multietapa ha ayudado a hacerlas cuajar en España. A finales de abril, se estrenó la Xtrem Running Costa Brava, la segunda carrera de resistencia por etapas en España. La pionera fue Al Andalus Trail, una carrera de 250 kilómetros en cinco días por la comarca del poniente granadino, con temperaturas de hasta 45 grados y organizadores con acento inglés. La prueba catalana serpentea entre playas, rocas y caminos de tierra del camino de ronda del litoral catalán. Desde Blanes a Portbou en sólo tres etapas. Hasta 200 kilómetros de un sendero abrupto y espectacular. Xavi Marina, pastelero de profesión y corredor aficionado, dibujó la carrera en su mente después de empaparse de filosofía ultrarunner por el mundo. “Hay mucha afición, cada vez más, pero no se trata de hacer kilómetros porque sí; son carreras para conocer, viajar y vivir una experiencia en un lugar maravilloso. Y aquí lo tenemos, hay rincones escondidos que quitan el aliento. La intención es que la gente viva un ambiente especial, luego el cronómetro casi ni importa.”

La dificultad no es sólo cuestión de kilómetros. El calor, el frío y el desnivel son trampas para los corredores. En la Transalpine hay que subir 15.000 metros de desnivel en ocho días. Casi como dos veces el Everest.

El mal de altura es el mayor obstáculo en las 100 millas del Himalaya. A cambio, los atletas atraviesan paisajes mágicos en la frontera entre India y Nepal

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de: Jesús Ramón Rodríguez | 07/10/2009
Se ve lo emocionante que puede ser, ojalá algun día pueda conocer España.
de: Julio Becerra | 17/09/2009
Sólo el que prueba el vino puede hablar sobre él. Lo vives, lo escribes de esa manera que te llega al corazón, porque eres uno de nosotros... Enhorabuena.
de: Carlos Ultrarun | 15/09/2009
Muy bueno, emotivo y preciso. Se nota que ya te has liado en algun "fregao" de estos y sabes lo que se sufre. Enhorabuena.

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