Cuerpos al límite

Marathon des Sables
La frase de Marina es una verdad a medias. Es cierto que el espíritu competitivo no rige estas carreras, pero cada uno compite por ver si será capaz. Por eso, cuanto más duro es el reto, mejor. La revista Time realizó en enero una clasificación de las 10 pruebas deportivas –de cualquier modalidad– más duras del mundo. Las representantes del atletismo de resistencia por etapas eran carreras de autosuficiencia en el desierto: Four Deserts (Gobi, Atacama, Sáhara y Antártida) y Marathon des Sables. Pruebas de 250 kilómetros en seis días donde los corredores deben cargar su equipo y comida, dormir en el suelo y compensar sufrimiento con ganas. Una auténtica locura que, sin embargo, engancha. Cientos de personas ahorran durante meses los tres mil euros de la inscripción. A cambio de un sol abrasador en un entorno paradisiaco. Y de detalles. El maratoniano Martín Fiz, mito del atletismo español, participó en la Sables en abril y se quedó prendado de la atmósfera de complicidad. “Normalmente, cuando compites, un tropezón de otro es una ventaja; allí era un motivo para pararse a ayudar. El ambiente es mucho más solidario, impresiona como la gente lucha por superar lo que creía que era imposible y en un entorno espectacular”, recuerda. Porque avanzar por las dunas y topar con una caravana tuareg en camellos reconcilia a cualquiera con sus maltrechas piernas. O luchar contra la fatiga, después de horas de trote solitario, compensa si un par de niños bereberes salen a recibir al corredor y se agarran a su mano unos metros.
Pero la dificultad no viene sólo del sol. Carreras como las 100 millas del Himalaya o la Transalpine tienden una trampa vertical. La primera, que atraviesa paisajes de postal entre Nepal e India, tiene tramos a más de 3.600 metros. Una tortura que deja KO sin avisar. En la última edición, en noviembre, Scott Michael, estadounidense de bronceado perfecto, no sabía dónde meterse. El bofetón del mal de altura casi le había hecho saltar sus Ray-Ban último modelo. “La cabeza me da vueltas, es como si algo me tirara hacia atrás. Lo más duro de mi vida”, decía la primera noche. Pero al día siguiente, a las seis de la mañana y con el termómetro arañando los cinco grados, estaba en la línea de salida. A distancia, Mr. Pandey, director de la carrera, observaba a los corredores con mirada paternal. “Es duro correr en altura, pero luego atraviesan parques naturales, con vistas maravillosas, y todos quieren volver”, suelta. Sabe que tiene razón. La prueba, con una organización completamente india –y eso implica horarios y desajustes indios–, se adentra en una reserva natural y pasa por el punto desde donde se divisan cuatro de las cinco montañas más altas del mundo (Everest, Kanchenjunga, Lhotse y Makalu). Quizás el único lugar del mundo donde nadie se olvida la cámara de fotos para correr el maratón.
Según las cifras, la experiencia y la belleza compensan. En cuatro años, la Transalpine ha pasado de 184 corredores a casi 500. En la Sables, las 80 plazas reservadas a españoles se esfuman en diez minutos en cuanto se abre la inscripción on line, y ya son el grupo más numeroso tras franceses y británicos. Para Nil Bohigas, director de la empresa No Limit, especializada en gestión de actos deportivos de montaña y coordinador de varias carreras multietapa internacionales, no hay duda del tirón de este tipo de pruebas. “El interés de los participantes españoles no ha parado de crecer. Hace siete años, en la Sables había 20 españoles y se inscribían hasta el último día. Ahora, a los diez minutos se agotan las 80 y ya hay más de cien en lista de espera. Hasta las marcas deportivas han visto el filón”, señala. Según el departamento de marketing de Salomon, la empresa ha triplicado las ventas en España desde el 2006 de su línea de productos diseñados para carreras de resistencia en montaña. Hace tres años, las ventas de zapatillas para este deporte en España representaban el 8% de las ventas totales y contaban con 36 modelos diferentes, este año suponen el 40% de la facturación total de calzado y ofrecen 90 referencias.
Es cierto que la evolución del material técnico ha dado un salto abismal, pero unas buenas zapatillas no eliminan los kilómetros. Y menos cuando deporte y supervivencia se difuminan hasta rozar el sinsentido. Hay carreras en selvas tropicales, montañas nevadas o desiertos de ensueño. Un chute de paraíso para los sentidos. Luego está la Yukon. La carrera, una bomba de nieve y hielo, recorre 480 kilómetros en la frontera entre Alaska y Canadá en ocho días. Hay que arrastrar equipo y tienda a temperaturas de 50 grados bajo cero. Un pequeño error es fatal. El alpinista Javier Subías participó en la edición de este año y tuvo que abandonar. Sólo un corredor de doce llegó a la meta; era su sexta participación. Los demás bajaron los brazos o fueron rescatados en helicóptero. Fuerte, de palabra medida y alma tranquila, Subías guarda un recuerdo extraordinario de la experiencia: “La Yukon te noquea física y mentalmente, ves que nadie te va a rescatar ni a sacar las castañas del fuego y que realmente hay mucho riesgo de congelación si te pasa algo. No llevaría a mi hermano, no sé si me explico, pero pese a todo fue maravilloso. Lloraba cada diez minutos, el paisaje era precioso, emocionante, allí era feliz”.
Fidel Martí, de 68 años, contagia entusiasmo al explicar cómo se prepara para enfrentarse al desierto. Ha acabado la Sables ocho veces y conserva el espíritu de Peter Pan: “Hasta los 70, repito, luego ya veremos”, asegura. Es gato viejo y ha aprendido a escuchar al cuerpo y no forzar. Y, si duele, tira de buen humor. Su jaima siempre revienta a carcajadas. Luego, en carrera, se pone serio y ayuda cuando ve a alguien pasarlo mal. “Ves a jóvenes que aprietan demasiado y se hunden. Si no tienes coco, en el primer obstáculo te caes. Si la cabeza dice no, se acabó”, explica.
Fidel empezó a entrenarse cuando su médico le advirtió de que su genética pedía sofá. Ante la amenaza del ácido úrico, respondió con decenas de vueltas matutinas al lago de Banyoles, en Girona. “Si me siento, me muero”, dice. Ya acumula más de dos mil kilómetros de desierto en las piernas. Suficiente para hacer flaquear a una mente de hierro. Pero él se guarda un comodín escondido. Una bandera con la foto de sus nietos en la mochila. “Cuando las fuerzas fallan, no te imaginas cómo empujan estos tres.”
Ya lo recuerda desde hace décadas una de las citas aventureras más recordadas: como no sabían que era imposible, lo hicieron. Porque en este tipo de carreras sin reloj, que son imposibles, cuando la mente dice sí pero las piernas dicen no, el corazón provoca el desempate.

Marathon des Sables, la madre de las carreras de resistencia por etapas. Casi 250 km en seis etapas bajo un sol abrasador a través de las dunas del Sáhara. Y sin ayuda: el corredor carga con todo el equipo

Dos participantes en la Xtrem Running Costa Brava, que serpentea entre playas, paseos, rocas y caminos de tierra, a lo largo de 200 kilómetros. De Blanes a Portbou, toda la Costa Brava, en tres días
Un calendario para los más fuertes
La siguiente selección reúne algunas de las pruebas más atractivas del mundo teniendo en cuenta las características de cada una y su localización geográfica. El término autosuficiencia indica que el corredor debe llevar encima el equipo y la comida que necesitará durante la carrera.
The Coastal Challenge (Costa Rica). 250 kilómetros en seis etapas. Enero. Inscripción: 1.950 €.
Atacama Crossing (Chile). 250 kilómetros en seis etapas en autosuficiencia. Marzo. Inscripción: 2.220 € (Four Deserts).
Marathon des Sables (Sáhara, Marruecos). 240 kilómetros en seis etapas en autosuficiencia. Marzo-abril. Inscripción: 3.150 €.
Xtrem Running Costa Brava (litoral catalán). 200 kilómetros en tres días. Abril. Inscripción: sobre 300 €.
Gobi March (China). 250 kilómetros en seis etapas en autosuficiencia. Junio. Inscripción: 2.220 € (Four Deserts).
Australia. 250 kilómetros en seis etapas en autosuficiencia. Junio. Inscripción: 2.220 €.
Namibia. 250 kilómetros en seis etapas en autosuficiencia. Junio. Inscripción: 2.220 €.
Al Andalus Ultra Trail (Granada). 250 kilómetros en cinco etapas. Julio. Temperaturas entre 35 y 45°C. Inscripción: 550 €.
Gore Tex Transrockies Run (Estados Unidos, Colorado). 180 kilómetros en seis etapas. Agosto. Inscripción: 966 €.
Gore Tex Transalpine Run (Alpes de Alemania, Austria e Italia). 300 kilómetros en ocho etapas. Septiembre. Inscripción: 1.180€ por equipo de dos personas.
Sahara Race (Egipto). 250 kilómetros en seis etapas en autosuficiencia. Octubre. Inscripción: 2.220 € (Four Deserts).
Jungle Marathon (Amazonas brasileño. Manaos). 200 kilómetros en seis etapas en autosuficiencia. Octubre. Inscripción: 1.830 €.
Augrabies Extrem (Sudáfrica, Kalahari). 250 kilómetros en seis etapas en autosuficiencia. Octubre. Inscripción:
1.080 €.
100 Millas Himalaya. 160 kilómetros en cinco etapas, algunas a más de 3.500 metros de altitud. Octubre-noviembre Inscripción: 1.850 €.
The Last Desert (Antártida). Bienal. 250 kilómetros en seis días en autosuficiencia. Noviembre. Inscripción: 7.160 € y sólo con invitación tras completar dos carreras de las otras tres pruebas que, con esta, forman Four Deserts.
Yukon Arctic Ultra (frontera entre Alaska y Canadá).
480 kilómetros en ocho días en autosuficiencia. Bienal, la próxima edición es en febrero del 2011. Inscripción: 1.250 €.







