04/10/2009

Diabluras en el aire

Texto de Javier Ortega Figueiral
Fotos de Àlex Garcia
Quince pequeños aviones propulsados por potentes motores hasta a 450 kilómetros por hora, que hacen quiebros y maniobras en el aire contra reloj. No es una competición cualquiera, es la fórmula 1 con alas, la Red Bull Air Race. Vuelve a España y para decidir el campeón del 2009.

En la competición participan dos modelos de avión monoplaza, de menos de 600 kilos, pequeñas dimensiones y unos motores que les permiten toda clase de cabriolas

“Es adictivo, no hay nada como volar en este circuito”, asegura el piloto español Alejandro Mclean. Una carrera aérea puede parecer sencilla y no diferir de otras competiciones: el piloto que tarde menos en completar una serie de vueltas al circuito gana. La norma es aplicable a la llamada formula 1 con alas: la Red Bull Air Race o RBAR. Sin embargo, el formato de esta competición, que ha transformado de manera radical el deporte aéreo y la percepción de la aviación por el público, va mucho más allá de correr más que el resto de los competidores. Este es el mejor espectáculo de aviación. Y regresa a España, donde se decidirá el campeón del 2009.

En el hangar de Sergio Plá, otro piloto español involucrado en la RBAR, una azafata ofrece café y galletas a los invitados. No son muy apetecibles al ver lo que hacen los aviones nada más despegar: giros de 90 grados, toneles (el avión gira sobre su eje), loopings... Una montaña rusa, pero a mayor altitud, más rápido, más intenso y sin carriles.

Plá, uno de los mejores pilotos acrobáticos del mundo, tenía que combinar su empleo como piloto comercial en la compañía Air Nostrum con otros vuelos menos suaves. Ahora forma parte del equipo Red Bull y pilota un avión Extra en configuración biplaza donde invitados de la compañía vuelan como pasajeros para vivir las acrobacias.

Una vez con el mono de vuelo puesto, el piloto da instrucciones para que el vuelo acrobático sea una grata experiencia y no un castigo para el estómago: “Cuando yo te diga, aprieta el estómago bien fuerte y haz tensión con las piernas. Cuando sea así, respiraciones cortas y muy seguidas, así compensarás las sensaciones de las maniobras más extremas. En el vuelo te diré dónde tendrás que mirar”, instruye.

La carrera, al concebirse como un espectáculo, ha cambiado la percepción de la aviación por el público

Al acercarse el avión a una puerta de paso, a más de 350 kilómetros por hora, los 16 metros de separación producen una sensación como si se pasara por el ojo de una aguja
Las sensaciones a las que se refiere son la ingravidez, la presión de las llamadas G –maniobras que, por la fuerza de la gravedad, multiplican el peso varias veces hasta aplastar al aviador contra el asiento– o la visión negra en alguna vuelta al no llegar la suficiente sangre al cerebro. “Tranquilo, no va a pasar nada, y si pasa, ahí tienes una bolsa de mareo que aún nadie ha estrenado en todos estos años. Por cierto, tienes que ponerte el paracaídas. Sólo hay uno, por cuestión de espacio, no hay un segundo de emergencia”, apostilla Plá.

El embarque en la estrecha cabina realmente no invita a cualquier persona que tenga los pies en el suelo, pero la adrenalina que se genera dentro del avión desde el primer acelerón del motor hace que se viva el vuelo con la intensidad con que deben vivirlo los 15 pilotos de las series mundiales de la RBAR.

El avión se va al aire en menos de 150 metros, y a partir de ese momento deja de ser una aeronave convencional para convertirse en un ingenio acrobático que alcanza los 450 kilómetros por hora y efectúa maniobras inalcanzables para casi cualquier avión. “Morro, plano izquierdo, arriba”, va dando instrucciones el piloto de dónde fijar la vista, mientras se ve el mundo del revés, como gira o enfrente cuando el Extra cae en picado para después recuperarse y ejecutar otra serie de maniobras, que incluyen el paso por puertas inflables como las que jalonan el circuito de carreras.

Al acercarse a una puerta de paso y aun sabiendo que los conos inflables son de un material preparado para rasgarse si un aeroplano los toca, los 16 metros de separación se convierten en una sensación de enhebrar una aguja, como si se pasara por el ojo de una aguja a medida que el avión se acerca a más de 350 kilómetros por hora y el espacio se va estrechando hasta superarlo a toda velocidad, unas veces en horizontal, otras verticalmente.

La carrera ha visitado este año Abu Dhabi, San Diego, Windsor, Budapest y Oporto, donde concentró numeroso público

Deportes 1 | 2 | siguiente
Le invitamos a que sea el primero en comentar esta información.

Por seguridad copia en la casilla de texto el código que aparece en la imagen inferior antes de enviar el formulario con tus datos.

captcha Escribe el código que aparece en la imagen
14 de marzo
14 de marzo
Publicidad
Buscar en