Un París-Dakar al trote

La amazona Nathalie Michel vadea un fangal. El raid atraviesa todo tipo de terrenos, lo que exige mucho a las montura
“Cada etapa ronda los 60 kilómetros, la distancia que solían cubrir las marchas militares y que, por eso, separa a unas grandes poblaciones de otras”, cuenta José Manuel Soto, director de la prueba, además de cantante. Lleva un atuendo color vainilla rematado con un barmah, ese sombrero australiano tipo Cocodrilo Dundee. “Los chavales de ahora crecen con la PlayStation. Los de mi época lo hicimos con películas del Oeste. Algo habrá influido en mi pasión por los caballos”, añade. Es jinete y ha recorrido buena parte de su tierra montando.
A los seguidores de raids no suelen agradarles los hipódromos –me aburren”, dice Soto–, y defienden el campo y la montaña también para competir. Pero como no abundan las pruebas en ese terreno y las que existen suelen ser de un día o dos, Soto inventó su fórmula. Al principio, algunos criticaron el castigo que iban a sufrir los animales. Ya no. La prueba Kaliber Tierras de Al-Andalus ha ido aumentando el número de participantes expertos. Aseguran que, “si tienes cuidado, el caballo cada día se recupera mejor”.
En una de las jornadas de la última edición del raid, por la mañana, como cada día, se atan vendas a las patas, se clavan herraduras, las bestias trotan para calentar y para que se pueda comprobar su estado entre relinchos y fragor de motores. “¡Venga, que nos vamos!”, grita Soto al volante del Rhino 660, esa especie de quad biplaza con el que sigue la carrera en primera línea, con sus prismáticos, walkie talkie, teléfono móvil y pañuelo al cuello.
El raid arranca con 55 jinetes y 65 caballos (sólo once compitieron las ocho jornadas). Tras superar Jerez, las playas de Sanlúcar, atravesar la provincia de Sevilla, en tres jornadas, ya se cuentan abandonos. Diez en un día. Son muchos. Algunos corrieron a un ritmo demencial. Ven una etapa llana, tiran, tiran, tiran, y luego… Se compite en dos categorías: jinete con su caballo (binomios) y equipos, en los que pueden participar dos jinetes con sendos caballos, aunque sólo se permite correr a un jinete y un caballo por jornada. La estrategia es otro factor decisivo.
“Verlos agrupados es lo más bonito”, dice Soto, que no deja de dar vueltas a cómo hacer la prueba atractiva a la televisión porque cuesta un dineral –“el año pasado, 400.000 euros”, según Antonio Castaño, organizador del certamen– y busca cómo amortizarla para garantizar la continuidad.
Las ideas de pelotón ciclista, de carga sioux o de la caballería confederada arrancan sonrisas en un Soto que sigue cómo la amazona Nathalie Michel se destaca. Olivares, baches y, detrás, unos cuarenta estupendos ejemplares de animales, casi todos árabes o angloárabes, “los mejores para esta prueba, porque tienen la resistencia árabe y la ligereza del caballo inglés”, según el juez de campo José María Solano. Criadores como Otto Vélez –que posee 35 caballos y también corre en el raid– discrepan: “Me dedico sólo al caballo árabe. Pero si en general otros ganaderos buscan sobre todo la belleza, yo intento que crezcan más funcionales y grandes”.

Algunos caballos acaban pagando el correr demasiado en llanos como la playa
de Sanlúcar de Barrameda
Bordeando el río Guadaira, una jauría de galgos. En Alcalá, el raid pasa junto a las canteras de albero que colorean tantas plazas de toros y parques de Andalucía. Un mastín enorme ladra desde un montículo y amaga con bajar al sendero espantando a los caballos. Soto detiene la Rhino, se apea y le abronca agitando los brazos, sin tenerlas todas consigo, pero el mastín recula. “Avisad al dueño, que lo aparte de ahí o podemos tener un susto”, alerta por el walkie.
En el vet gate, el puesto de control médico, las asistencias se precipitan sobre los caballos que entran. Los despojan de monturas, los cepillan, masajean, aplican el pulsómetro esperando que estén por debajo de las 56 pulsaciones antes de veinte minutos para no ser penalizados, y los mojan y les dan agua: hasta 60 o 70 litros de agua por caballo.
“La deshidratación es el primer problema. Y hay que vigilar las sales, pierden muchas debido a su sudor”, explica Francisco Castejón, jefe de los ocho veterinarios. Dos de ellos elaboran para la Universidad de Córdoba un primer estudio sobre la reacción de los animales a una prueba tan larga.
Estos ejemplares suelen tener entre siete y catorce años. “Para el raid, un caballo debe estar tabaneado (curtido)”, dice el ganadero Martí Vilaregut, que los endurece siendo jóvenes a 1.500 metros de altitud soportando un clima de montaña, entrenando entre dos y cuatro horas diarias y regalándoles campo abierto. “Los campeones son de Australia, Nueva Zelanda, Uruguay. Aquí faltan espacios. Se dedica más espacio al toro que al caballo”, agrega.

En el raid, que discurre por paisajes muy diversos, pueden participar un jinete con su caballo o equipos







