Un París-Dakar al trote

En los
vet gates, cada animal puede requerir más de 70 litros de agua. Los cuidadores se la lanzan a cubos para combatir la deshidratación
Martí Vilaregut compite con Sardina. La monta el italiano Stefano Chidichimo, devoto de los ejemplares de raza árabe porque “tienen una actitud más comunicativa”, asegura. Pese a vivir en la Toscana, casi detesta las carreras del Palio sienés. “Máximo respeto para la tradición, pero la naturaleza es el lugar del caballo”, sentencia el jinete, afectado aún por la pérdida de un animal a causa de un aneurisma: “Prefiero no hablar de eso”.
“Aquí se viene a llegar al final, no a ganar (los 3.000 euros de premio)” es una cantinela habitual, aunque muchas actitudes no la suscriban. Y propietarios como Joaquín Lozano, tampoco. Su hija Teresa, de 14 años (que terminó venciendo en su categoría con sus 31 horas, 49 minutos, 51 segundos), y la familia ya crían en Badajoz a una potrilla de tres meses “para que sea la futura campeona”. Es cierto que los cuatro competidores alemanes de retaguardia llevan un paso distendido en plan pretemporada, que alguno se lo toma con calma y que la mayoría tiene claro que “más vale perder un minuto que perder al caballo”; pero pocos no compiten con táctica, y se palpa el deseo de ganar.
Así que proliferan las cojeras. Demasiado zapatazo y piedras mal pisadas. Las etapas llanas multiplican el trabajo de una de las poquísimas unidades de cuidados intensivos móviles para caballos que hay en España, dotada con equipos para radiología, ecografías…
El matrimonio integrado por Luis e Iris forma un equipo siempre escoltado por Nena, la perrilla de raza bodeguero que corre ¡cada día! la etapa entera pegada a sus amos. Hay periodistas que les hacen un seguimiento particular (pese a la buena clasificación en alguna etapa, una lesión les impidió acabar el raid).
Acabada la jornada, Mané Castejón observa cómo las bestias devoran el forraje de fermentación anaeróbica comercializado por él mientras la fisioterapeuta Maaike Vanhoutte aguarda a que se relajen y se adapten a la nueva cuadra antes de emprender sus masajes. “El dorso es lo que más padece. Puedo hacer mucho por él. Por las patas, no. Mi tarea es quitarles el dolor, o suavizarlo, para mantenerlos en carrera”, cuenta. Dispone de electroterapia y ultrasonidos, pero suele limitarse a las bolitas descontracturantes y a sus manos que masajean lomos, cruces, patas, cuellos, engarfiando el dedo anular en movimientos lentos que alivian a simple vista.

El raid, a su paso por Montoro (Córdoba): cruza parajes naturales y pueblos hasta Jaén
Antes de la cena, cada tarde, los jinetes comentan la etapa del día siguiente, se consultan mapas. Además de ganaderos y propietarios, participan en la prueba bomberos, guardias civiles retirados, notarios, vendedores de coches o de fincas… “Se tiende a vincular el caballo a la élite porque está mal publicitado”, se queja Soto. Varios equipos los componen miembros de la misma familia. “Al caballo hay que darle cariño, y la familia ayuda a eso”, dice Teresa Moyano, jefa de comisarios.
Algunas historias de amor son de escalofrío. Joëlle Sauvage no quiere profundizar en la suya, pero asegura que cuando enfermó gravemente “los caballos me salvaron la vida, me obligaban a levantarme, a cuidar de ellos; en mi casa entró una chica en silla de ruedas con dos trombosis y ahora está perfecta… Los caballos, los caballos…”.
Nueva jornada, los caballos vuelven a galopar rumbo a Écija, sartén de Andalucía. Brincan liebres al sonido de los cascos. Despegan águilas y perdices apostadas en los trigales. En la meta aguardan un hombre y una mujer de Ronda que siguen la prueba. “Estoy parado, así que cada día cogemos los bocadillos, el coche, y vamos adonde termina la etapa”, cuenta Jaime Martín, de 37 años. María Malpartida, su madre, de 68 años, interviene: “Visitamos la ciudad que toque. Mi marido murió hace siete meses, y para quedarme sola en casa viendo el programa de televisión, mejor aquí. Mira eso, ¡qué bonito! Te saca de la rutina. Ayuda. Evita la depresión. Mi hijo me lleva a todas partes.” María se ha puesto a llorar.
La Fundación para el Desarrollo de las Terapias Equinas aporta un equipo a la prueba. “Tengo los abductores y la espalda molidos. Me duele hasta respirar”, se queja su jinete, Santi. Los jinetes suelen montar con ropa gastada y sin costuras en la entrepierna –para evitar molestias por el roce–, aunque la experta Paula da Silva se extraña de que en la Al-Andalus casi nadie use prendas de alta tecnología diseñadas para retener humedades y acolchar impactos.
Otro día. “¡Soto, un autógrafo!”, reclaman los fans del cantante al paso por El Garabato. Los abuelos saludan a la trotona comitiva desde sus sillas al aire libre. Luego vienen chumberas, cultivos de girasol, nuevas raciones de barro, y el tráfico detenido hasta las caballerizas del Alcázar de Córdoba, donde se incorporan dos observadores de las cuadras reales marroquíes.
Puede que el próximo año la monarquía de ese país añada monturas al raid. Otros candidatos son los jeques de los Emiratos Árabes, Qatar, Bahrein… El peligro es que estos suelen monopolizar las carreras con su dinero, imponiendo su forma de hacer las cosas. Para los árabes, el caballo fue creado por un soplo de un viento del sur y es divino. Pero les chifla la velocidad, vencer, y hasta ahora su idea del raid se ha ceñido a pruebas más cortas. Si decidieran invertir en la Al-Andalus… “No sé. Habría que pensarlo. Esto podría dar un giro espectacular”, dice Soto, quien acaba de cerrar el acuerdo para una actuación nocturna en Córdoba junto al cuarteto Fénix. “¿Sabes lo que distingue a este raid de otros? Que lo organiza un artista. Eso se termina notando”, opina Da Silva.
Por la noche, frente a fuentes de jamón, tarrinas de paté, rodajas de salchichón y con cabezas de toro disecadas a pocos metros, Stefano Chidichimo subraya que nunca come carne de caballo. “Es una forma de respeto. Para mí sería lo mismo que comer carne humana. El padre del veterinario Castejón pelaba la pava con mi madre a caballo. Y a mi abuelo lo recuerdo sin dientes, los perdió montando.”
Eduardo Sánchez rescató a un caballo de polo argentino para convertirlo en el gran campeón Hermès –33 horas, 40 minutos, 32 segundos al cruzar la meta en el santuario de la Virgen de la Cabeza de Jaén–. El matrimonio Jean Luc y Lise Chambost, que se reparte subcampeonatos de Europa y del Mundo de raids, no da medicinas ni pone música a sus animales, sólo les dan hierba natural y hectáreas de campo para que disfruten. El eco de Rimbaud (“mi poeta preferido”, dice el jinete) y de varios filósofos resuena mientras cabalgan, haciendo de dos cuerpos uno.°

Caballos y jinetes embarcan para cruzar el Guadalquivir en Sanlúcar de Barrameda







