31/01/2010

Anna Corbella

“Los deportes extremos nos igualan a hombres y mujeres”

Texto de Suso Pérez
Foto de Pepe Baeza
Anna Corbella es la primera española que ha participado en la Mini Transat, una mítica regata de solitarios que cruza el Atlántico en barcos minúsculos. Su hazaña, ser la primera mujer en llegar, por encima de su notable decimotercera posición final, abre la puerta a otras navegantes y demuestra que ya están en primera línea

Es la número uno de las navegantes españolas. Anna Corbella (Barcelona, 1976) ha establecido el hito de ser la primera española que compite en la Mini Transat, una regata en solitario y en barcos de tan sólo 6,50 metros de eslora (longitud) que cruza el Atlántico desde La Rochelle (Francia) hasta Salvador de Bahía (Brasil) con una parada en Funchal (Madeira). Llegó en decimotercera posición, la primera de todas las mujeres participantes, y la primera de los seis regatistas españoles que competían en esta edición.

La participación en la mítica Mini Transat, por la que ha pasado buena parte de los navegantes que compiten en las grandes regatas internacionales, es el espaldarazo para que Anna Corbella se integre en el grupo de navegantes de élite que se plantean tomar parte, ahora o en el futuro, en la Barcelona World Race, la vuelta al mundo a dos en barcos de 60 pies (18 metros).
Pero, mientras, lo prioritario para ella es pagar las deudas, los aproximadamente 30.000 euros que la brillante regatista, doctorada en Veterinaria, aún debe a los amigos, conocidos y proveedores amables que le ayudaron a cumplir su sueño de la Mini Transat.

Lejos queda ya la infancia en la que unos padres con barco la embarcaban cada fin de semana y en vacaciones para vivir momentos que para ella no siempre eran placenteros. “De niña, me mareaba. Así que ahora cuando mi padre me dice que él quería que me aficionara al mar, pero no tanto, le respondo en broma que él se lo buscó.”

¿Qué se siente navegando sola en un barco tan pequeño en medio del Atlántico?
Pues la verdad es que no te sientes sola ni piensas en que el barco es pequeñito. En tierra sí me digo uf, un puntito de nada ahí fuera, con ese barco tan pequeño, y si se hunde... Pero cuando estoy encima del barco, sé que lo conozco muchísimo, porque he hecho muchas millas con él, sé que es superduro, que no se va a hundir. Y sola tampoco me siento porque sé que hay muchísima gente siguiéndome por internet y a través de los medios. Me siento más sola algún domingo en mi casa que allí, y de hecho cuando he vuelto he visto que la gente que se interesaba por mí en la regata era incluso mucha más de la que me imaginaba. No me siento nada sola ni nada pequeña, me siento supersegura, pienso que en medio del mar no me puede pasar nada.

¿Prefiere estar en el mar antes que en tierra?
Antes de hacer la regata de calificación previa a la Mini Transat, una noche, en Barcelona, fui a cenar y después cogí el coche y me intentaron robar. Justo cuando subía al coche un chico me abrió la puerta y me dijo lo típico, que tenía una rueda pinchada, y cuando ya iba a salir me di cuenta de lo que estaba sucediendo, que ese tío me iba a robar el bolso, que lo tenía al lado. Tuve el reflejo de cerrar la puerta, poner los seguros y salir de allí. Pasé un miedo tal que llegué a casa y no pude dormir. Estaba muerta de miedo. Al cabo de dos días salí a hacer la calificación para la regata y pensaba: ves qué bien, qué segura estoy aquí en medio del mar. Aquí no me puede pasar nada malo. No me dan miedo las ballenas ni los tiburones. Sé que no me van a hacer nada, sé que no me voy a hundir y que si viene un temporal sabré manejarlo.

Pero, si hay mucho viento y mucha mar, deben de ser condiciones difíciles para un barco tan pequeño, ¿no?
Sí, pero el barco es muy manejable. Y yo sé que tengo conocimientos como para salir de esa situación. Pienso en cómo me he preparado y en cómo tendría que actuar si el barco se hunde, y lo que tengo que hacer si me hago daño. Me digo que sé cómo salir de cualquier situación. Esto me tranquiliza y así no me agobio.

De hecho, lo de hacerse daño ocurrió justo tras la salida de la regata, en La Rochelle. Y pudo haber sido peor.
Yo tengo mucha confianza en mí misma. No sé si soy una inconsciente o si eso es muy bueno para navegar en solitario, pero es así. Lo que ocurrió el primer día de regata fue que me di un golpe en la cara y me hice un corte por el que salía mucha sangre y además se me rompió una vela que se fue al agua porque el barco medio volcó por culpa de una ola muy grande, y esa vela, al pasar por debajo del barco, se enganchó con una de las palas del timón y también la rompió. Pero en ese momento lo que sentía era rabia, no miedo, porque no dejaba de pensar que estaba en una competición y quería hacerlo bien. Así que me puse unos puntos de papel en la herida, recogí la vela como pude y seguí adelante.

¿Y en momentos como esos no se piensa en que el accidente puede ser mucho más grave?
El riesgo máximo es que te caigas al agua y que el barco se vaya. Pero yo siempre voy atada en el barco con un arnés para que eso no me pueda ocurrir.

De todas formas, en el mar la seguridad puede tener relación también con los atracos a los que se refería antes. Porque piratas los hay, y cada vez con más protagonismo.
Sí, en la costa de África también hay. Antes de la regata no lo había pensado, pero justo antes de salir, cuando preparábamos el routage, el rumbo más adecuado para buscar los vientos favorables, vi que, al salir de Madeira, en la segunda etapa, pasaría cerca de la costa de África en busca del alisio. Entonces sí que pensé, uy, cerca de la costa es donde están los piratas. Y encima mis compañeros de regata empezaron con la broma de “pues tú eres mujer, vete a saber lo que van a hacer contigo, mejor píntate una barba”. Me preocupaba un poco. Después resultó que cuando pasé por allí hacía mucho viento y muy mala mar, y estos barcos son pequeños y es muy difícil que en esas condiciones otro barco venga y se ponga a tu lado. Vas superrápido, y si se suben unos piratas seguro que se mueren del mareo. Me di cuenta de que no somos un objetivo para ellos.

¿Cuánto de rápido se navega en un mini? Sin duda, depende de las condiciones, pero ¿cuánto es lo normal en relación con los 6-7 nudos que haría un velero de crucero?
El barco es muy pequeño, sólo tiene 6,5 metros de eslora, y en teoría es lento. Si el viento viene de cara, no va a más de cinco nudos. Pero si viene de popa y hay ola también de popa, el barco está diseñado para esas condiciones y puedes llegar a ir a 20 nudos de velocidad (37 km/h) planeando las olas, que es como ir surfeando. La mayor parte del tiempo yendo a Brasil tienes viento de popa y ola larga y vas como haciendo surf, y es muy emocionante y divertido.

Y muy cansado...
Sí, porque tienes que estar muy alerta, porque hay más riesgos. Pero yo prefiero esto, porque ves que las millas pasan muy rápido. Sin embargo, en zonas como las calmas ecuatoriales el barco puede llegar a estar a cero de velocidad. Y hay un poco de todo. Chubascos repentinos con muchísimo viento, de nuevo calma, horas y horas sin moverte... Eso sí que es agotador.

¿Cómo se gestiona el sueño cuando se navega en solitario? ¿Cuándo ­duermen?
Lo que hacemos es dormir a trocitos, porque obviamente no puedes dormir ocho horas seguidas porque el barco no se para nunca y va al máximo las 24 horas. Así que lo que hacemos es dormir ratitos pequeños y poner el piloto automático, un aparato electrónico que lleva el timón al rumbo que le marcas. Estos trocitos yo los he llegado a hacer de 35-40 minutos, y parece que no, pero el cuerpo se adapta perfectamente a dormir así. De hecho, he estado los 21 días de la segunda etapa sin dormir más que 40 minutos seguidos. En la primera etapa sí que dormí poquito y ahí tuve alucinaciones, pero en la segunda etapa conseguí descansar muchísimo. Durmiendo, por ejemplo, cinco tramos de 30-40 minutos. Se trata de hacer por separado a lo largo del día esos ciclos de sueño profundo que harías en un sueño normal.

¿Y esto también se entrena?
Lo estuve preparando en todas las regatas que hice antes de la Mini Transat y realmente para mí no ha sido un problema de adaptación. Lo que sí es importante es hacer un ciclo entero cada vez para descansar lo mejor posible. Después, en casa, duermo normal, y ahora no me despierto entre ciclo y ciclo como hago en el barco. De hecho, cuando me embarco cambio el chip y me pongo a dormir de esta forma.

O sea, que a bordo tiene que estar especialmente atenta a sus ­sensaciones.
Yo, sí. No sé el resto de la gente. Cuando detecto que estoy cansada, intento no luchar contra esto. Es que es muy difícil llevar el barco bien si notas que estás cansada. Y lo que hago es aprovecharlo, preparar el barco para que pueda ir solo, y me voy a dormir. Me duermo en un segundo y me despierto al cabo de media hora y siento que estoy bien.

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de: Joan Batlló | 03/02/2010
Un sincero elogio para Anna, a quien la virtud de la modestia la lleva a recatarse de tantas otras. Eres un ejemplo formidable para todos. Sigue así, por favor. Tenemos mucho que aprender de tí.
de: Julie Garcia-Aubert | 03/02/2010
Enhorabona, Anna, pel que has aconseguit. No és gens fàcil poder fer aquesta proesa. Per això, mereixes tot el bo que et pugui venir. ¡A fer la Barcelona World Race!
de: Toni Oliver | 31/01/2010
Da gusto encontrar gente con las ideas tan claras entre tanta mediocridad. Espero que encuentre patrocinadores para sacar adelante sus proyectos.

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