24/06/2007
Valencia acoge el duelo entre el Alinghi y el New Zealand
Sólo uno alcanzará la gloria
Texto de Suso Pérez
La Copa del América entra en la fase final. Alinghi y New Zealand disputan al mejor de nueve regatas el trofeo más antiguo del mundo. Los dos equipos representan modelos contrapuestos en la búsqueda del mismo objetivo: sólo vale la victoria.

Los equipos New Zealand y Alinghi, en el campo de regatas de Valencia.
La final de la 32º edición de la Copa América reune a los mejores equipos que luchan en la actualidad por la vieja Jarra de Cien Guineas Alinghi i New Zealand. El defensor de la copa y el ganador de la larga i exigente sucesión de eliminatorias que desemboca en la Copa Louis Vuitton y que da derecho a desaÞ ar al primero. No hay pronóstico, podría ocurrir cualquier cosa. Lo único cierto es que sólo vale ganar, como ha quedado grabado en la tradición de la Copa del América en recuerdo de la respuesta que recibió la reina Victoria de Inglaterra en 1851, en la regata en la que nació esta competición, cuando pregunt ó cuál de los barcos ingleses seguía a la victoriosa goleta americana: "No hay segundo, majestad".
Pese a todo, en la larguísima historia de la copa siempre hay sitio para las actuaciones destacadas y para los fracasos sonados. En esta edición habría que apuntar en el primer capítulo al Desafío español, por haberse situado entre los mejores, y al Shosholoza sudafricano, por haber competido muy por encima de sus medios. Y en el segundo es inevitable señalar al BMW-Oracle, convencido de que se enfrentaría al Alinghi en la final hasta que el Luna Rossa lo dejó fuera con un contundente repaso. Ahora, todo el protagonismo es para los finalistas y, con ellos, para los españoles que aún siguen en competición en el primer nivel: tres en el equipo Alinghi y uno en el New Zealand. El desafiante neozelandés se ha metido en la final sin haber dado muestras de
flaqueza. Las dos derrotas frente al Desafío Español en semiÞ nales de la Copa Louis Vuitton no menguaron la sensación de firmeza y determinación que ha transmitido el equipo liderado por Grant Dalton. Este navegante oceánico que ha dado siete veces la vuelta al mundo en distintas competiciones fue el hombre llamado para recuperar el trofeo para su país tras la "traición suiza" de Russell Coutts, el patrón que ganó la copa para Nueva Zelanda en 1995, la defen- 24 DE JUNIO DEL 2007 37 dió en el 2000 y luego se fue al Alinghi y la ganó para Suiza en el 2003.
El carácter y la seriedad de Dalton "a veces, exagerada por los medios de comunicación" casan con el espíritu con el que ha enfocado su objetivo: "La gente paga impuestos en nuestro país para que nosotros naveguemos. Así que nuestra obligación es trabajar duro y hacerlo lo mejor posible". Nueva Zelanda, un país de poco más de cuatro millones de habitantes en el que la vela es un deporte popular y donde no es raro que los niños construyan ellos mismos su primer barco, considera suya la Copa del América. El lema que el equipo de Dalton ha adoptado, "let it brings home" (traedla a casa), reß eja la mezcla de competitividad y confianza con que el pequeño país de las antípodas ha enviado a su flotilla a Valencia. En consonancia con esta filosofía, casi todo el equipo está formado por neozelandeses, aunque cuentan con renombrados especialistas en varios campos, empezando por uno de los diseñadores de sus barcos, el arquitecto naval español Marcelino Botín. Enfrente, el equipo Alinghi responde al modelo más tradicional del que se nutre la leyenda de la Copa del América en sus 156 años de historia: un multimillonario apasionado por esta competición. El suizo Ernesto Bertarelli, propietario de un boyante laboratorio farmacéutico, sigue así la estela de hombres como sir Thomas Lipton y Harold S. Vanderbilt.
Su método para alcanzar la victoria en el 2003 fue de lo más directo: contrató al núcleo del equipo neozeland és que había ganado en 1995 y en el 2000. De ahí que ahora se pueda presentar la Þ nal en términos de revancha, aunque Russell Coutts ya no está, debido a las seguramente inevitables diferencias surgidas entre Bertarelli y él, dos hombres habituados a mandar. Sí permanece en el equipo el táctico Brad Butterworth, el otro elemento clave en el dominio que ejerció ese grupo de regatistas neozelandeses en tres ediciones de la Copa del América. Butterworth es además el director del equipo.
Pese a todo, en la larguísima historia de la copa siempre hay sitio para las actuaciones destacadas y para los fracasos sonados. En esta edición habría que apuntar en el primer capítulo al Desafío español, por haberse situado entre los mejores, y al Shosholoza sudafricano, por haber competido muy por encima de sus medios. Y en el segundo es inevitable señalar al BMW-Oracle, convencido de que se enfrentaría al Alinghi en la final hasta que el Luna Rossa lo dejó fuera con un contundente repaso. Ahora, todo el protagonismo es para los finalistas y, con ellos, para los españoles que aún siguen en competición en el primer nivel: tres en el equipo Alinghi y uno en el New Zealand. El desafiante neozelandés se ha metido en la final sin haber dado muestras de
flaqueza. Las dos derrotas frente al Desafío Español en semiÞ nales de la Copa Louis Vuitton no menguaron la sensación de firmeza y determinación que ha transmitido el equipo liderado por Grant Dalton. Este navegante oceánico que ha dado siete veces la vuelta al mundo en distintas competiciones fue el hombre llamado para recuperar el trofeo para su país tras la "traición suiza" de Russell Coutts, el patrón que ganó la copa para Nueva Zelanda en 1995, la defen- 24 DE JUNIO DEL 2007 37 dió en el 2000 y luego se fue al Alinghi y la ganó para Suiza en el 2003.
El carácter y la seriedad de Dalton "a veces, exagerada por los medios de comunicación" casan con el espíritu con el que ha enfocado su objetivo: "La gente paga impuestos en nuestro país para que nosotros naveguemos. Así que nuestra obligación es trabajar duro y hacerlo lo mejor posible". Nueva Zelanda, un país de poco más de cuatro millones de habitantes en el que la vela es un deporte popular y donde no es raro que los niños construyan ellos mismos su primer barco, considera suya la Copa del América. El lema que el equipo de Dalton ha adoptado, "let it brings home" (traedla a casa), reß eja la mezcla de competitividad y confianza con que el pequeño país de las antípodas ha enviado a su flotilla a Valencia. En consonancia con esta filosofía, casi todo el equipo está formado por neozelandeses, aunque cuentan con renombrados especialistas en varios campos, empezando por uno de los diseñadores de sus barcos, el arquitecto naval español Marcelino Botín. Enfrente, el equipo Alinghi responde al modelo más tradicional del que se nutre la leyenda de la Copa del América en sus 156 años de historia: un multimillonario apasionado por esta competición. El suizo Ernesto Bertarelli, propietario de un boyante laboratorio farmacéutico, sigue así la estela de hombres como sir Thomas Lipton y Harold S. Vanderbilt.
Su método para alcanzar la victoria en el 2003 fue de lo más directo: contrató al núcleo del equipo neozeland és que había ganado en 1995 y en el 2000. De ahí que ahora se pueda presentar la Þ nal en términos de revancha, aunque Russell Coutts ya no está, debido a las seguramente inevitables diferencias surgidas entre Bertarelli y él, dos hombres habituados a mandar. Sí permanece en el equipo el táctico Brad Butterworth, el otro elemento clave en el dominio que ejerció ese grupo de regatistas neozelandeses en tres ediciones de la Copa del América. Butterworth es además el director del equipo.

Nueva Zelanda y España navegan empopada en una de las regatas de semifinales de la Copa Louis Vuitton.
Las dos derrotas frente al Desafío español no menguaron la sensación de fi rmeza y determinación que ha dado el Team New Zealand
Alinghi cuenta con tres españoles en el grupo de elite. El navegante Joan Vila, el trimmer (experto en el ajuste de velas) Jordi Calafat y el diseñador Manuel Ruiz de Elvira. La presencia de Marcelino Botín y de Manuel Ruiz de Elvira en los departamentos de diseño de los dos equipos Þ nalistas muestra el nivel de estos dos creadores de barcos, cuyo prestigio es parejo a su responsabilidad. En la Copa del América "al igual que ocurre con los coches en la fórmula 1, con la que en tantas ocasiones se compara", la rapidez de los barcos establece una diferencia entre los equipos. Pese a que, a ojos de los aÞ cionados, todos los barcos de la IACC (International America"s Cup Class) resultan casi idénticos, en realidad puede llegar a haber tanta distancia entre ellos como la que existe entre los McLaren y los Ferrari y los otros coches que son doblados antes de la mitad de una carrera. Eso sí, el mar es tan cambiante que navegar siempre será un arte, y una buena tripulación puede llegar a tener resultados muy superiores a sus posibilidades. Ha sido el caso, por ejemplo, del Shosholoza sudafricano, que sólo dispuso de un único barco, comprado a otro equipo participante en la edición del 2003 y rehecho para la actual.
Frente a rivales que han construido. menos dos barcos nuevos (en algún caso, tres), los animosos sudafricanos completaron una actuación memorable con su mezcla de talento y alegría competitiva. La simpat ía que despertaron en Valencia se vio acrecentada por el planteamiento con que su responsable, el italiano Salvatore Sarno "representante de la naviera Mediterranean Shipping Company en Ciudad del Cabo desde hace casi veinte años", creó el equipo: uniendo a blancos y negros, algunos de ellos procedentes de ambientes deprimidos o conß ictivos, para mostrar a la propia Sudáfrica que el país tiene futuro. En la actual edición de la Copa del Amé- rica, el argot de los participantes ha incluido la distinción entre barcos "redondos" y barcos "cuadrados", en referencia al dibujo que saldría de un corte transversal de los cascos. Entre los barcos que han tenido un gran papel en la competición, el Desafío espa ñol sería uno de los redondos, mientras que el Luna Rossa italiano aparecería como el máximo exponente de los cuadrados.
Ruiz de Elvira y Botín, los dos diseñadores españoles, confirman ese enfoque y afirman, por separado y con humor, que los suyos son "cuadradorredondos", o sea, que habrían conseguido aunar lo mejor de los dos trazos. Botín concluye que en la apabullante victoria del Team New Zealand sobre el Luna Rossa por 5-0 lo que se vio es que su barco aceleraba más rápido tras las maniobras.
También admite que mostró una mayor capacidad de ceñida (el rumbo contra el viento) en determinados momentos de las regatas contra el barco italiano, que, a su vez, había borrado al poderoso BMWOracle en semifinales.
Frente a rivales que han construido. menos dos barcos nuevos (en algún caso, tres), los animosos sudafricanos completaron una actuación memorable con su mezcla de talento y alegría competitiva. La simpat ía que despertaron en Valencia se vio acrecentada por el planteamiento con que su responsable, el italiano Salvatore Sarno "representante de la naviera Mediterranean Shipping Company en Ciudad del Cabo desde hace casi veinte años", creó el equipo: uniendo a blancos y negros, algunos de ellos procedentes de ambientes deprimidos o conß ictivos, para mostrar a la propia Sudáfrica que el país tiene futuro. En la actual edición de la Copa del Amé- rica, el argot de los participantes ha incluido la distinción entre barcos "redondos" y barcos "cuadrados", en referencia al dibujo que saldría de un corte transversal de los cascos. Entre los barcos que han tenido un gran papel en la competición, el Desafío espa ñol sería uno de los redondos, mientras que el Luna Rossa italiano aparecería como el máximo exponente de los cuadrados.
Ruiz de Elvira y Botín, los dos diseñadores españoles, confirman ese enfoque y afirman, por separado y con humor, que los suyos son "cuadradorredondos", o sea, que habrían conseguido aunar lo mejor de los dos trazos. Botín concluye que en la apabullante victoria del Team New Zealand sobre el Luna Rossa por 5-0 lo que se vio es que su barco aceleraba más rápido tras las maniobras.
También admite que mostró una mayor capacidad de ceñida (el rumbo contra el viento) en determinados momentos de las regatas contra el barco italiano, que, a su vez, había borrado al poderoso BMWOracle en semifinales.

Los barcos neozelandés y español luchan por la mejor posición en la presalida de una regata.
Esa exhibición de superioridad podría otorgar ahora el papel de favorito al New Zealand en la final, pero todos cuantos han disputado la copa advierten del enorme potencial del Alinghi. Luis Doreste, táctico del equipo español, asegura que le impresion ó la velocidad del barco suizo en las regatas de flota del Acto 13, el último que se disputó antes de que empezaran los enfrentamientos match-race (o sea, barco contra barco) de la Copa Louis Vuitton. Las apuestas, pues, están en el aire. Aun partiendo de planteamientos tan distintos, los dos equipos representan la excelencia en esta vieja competición.
El Alinghi es un equipo creado a partir de la aÞ ción de un millonario. Con un presupuesto que anda oÞ cialmente por los 80 millones de euros, pero que en la práctica podría ser muy superior, con grandes especialistas en cada puesto, orgullosos de formar parte del Defender de la Copa, considerado un grupo poco menos que imbatible. New Zealand es un equipo que responde a la pasión popular de un pequeño país que se erige en potencia mundial en los deportes que le gustan, sea la vela o el rugby. Con una tripulación homogénea y enormemente motivada, ilusionada por llevar la copa a casa, donde sin duda serían considerados héroes. Con un presupuesto que no bajalas cifras que manejan los equipos punteros. Y con un buen número de integrantes experimentados en todo tipo de regatas. En el agua, la batalla la dirigen dos hombres por barco. Timonel y táctico son los puestos fundamentales. Apoyados por el navegante, que reúne en su ordenador multitud de datos y que comunica los que, gracias a su experiencia, considera imprescindibles, y el estratega, que intenta visualizar la situación en su conjunto, ellos son el mando, la "estructura de popa" en el argot de las regatas náuticas. Curiosamente, en esta final son un neozelandés y un estadounidense en cada embarcación.
En el Alinghi, junto al veterano táctico neozelandés Brad Butterworth está el caña estadounidense Ed Baird, quien, poco a poco, ha impuesto sus mejores resultados sobre Peter Holmberg, de Islas Vírgenes, y con quien ha tenido que competir por la rueda que en su día manejó Russell Coutts. En Nueva Zelanda, el caña es Dean Barker, el joven "delfín" de Coutts en el 2000, en la edición en la que defendían la copa en la bahía de Auckland. Y su rival en el 2003, en la que le ganó Coutts con el Alinghi con un aplastante 5-0. A su lado, el táctico es Terry Hutchinson, un estadounidense laureado en numerosas regatas en su país y perfectamente integrado en el grupo kiwi. Si gana Nueva Zelanda, la Copa del América volará de nuevo al hemisferio austral, en espera de que se lance el siguiente desafío por ella. Para algunos equipos europeos, la enorme distancia, y el consiguiente aumento de gastos, pueden resultar disuasorios para participar, pese al creciente atractivo de esta elitista competición en todo el mundo. Si gana Alinghi, todas las voces apuntan a que el trofeo se mantendrá en Valencia y que se podría organizar la 33.ª edición en el 2009, dentro de tan sólo dos años, con lo que la competición y el sustancioso negocio que la rodea no se interrumpirían.
Sería poco tiempo para que se uniesen nuevos desafios antes, pero algunos ya han dado alg ún paso, como un nuevo equipo británico que ha comprado uno de los tres barcos que construyó Alinghi para esta edición. Así que desde este fin de semana tambi én eso está en juego en aguas de Valencia, en la final de la 32.ª edición de la Copa del América.
El Alinghi es un equipo creado a partir de la aÞ ción de un millonario. Con un presupuesto que anda oÞ cialmente por los 80 millones de euros, pero que en la práctica podría ser muy superior, con grandes especialistas en cada puesto, orgullosos de formar parte del Defender de la Copa, considerado un grupo poco menos que imbatible. New Zealand es un equipo que responde a la pasión popular de un pequeño país que se erige en potencia mundial en los deportes que le gustan, sea la vela o el rugby. Con una tripulación homogénea y enormemente motivada, ilusionada por llevar la copa a casa, donde sin duda serían considerados héroes. Con un presupuesto que no bajalas cifras que manejan los equipos punteros. Y con un buen número de integrantes experimentados en todo tipo de regatas. En el agua, la batalla la dirigen dos hombres por barco. Timonel y táctico son los puestos fundamentales. Apoyados por el navegante, que reúne en su ordenador multitud de datos y que comunica los que, gracias a su experiencia, considera imprescindibles, y el estratega, que intenta visualizar la situación en su conjunto, ellos son el mando, la "estructura de popa" en el argot de las regatas náuticas. Curiosamente, en esta final son un neozelandés y un estadounidense en cada embarcación.
En el Alinghi, junto al veterano táctico neozelandés Brad Butterworth está el caña estadounidense Ed Baird, quien, poco a poco, ha impuesto sus mejores resultados sobre Peter Holmberg, de Islas Vírgenes, y con quien ha tenido que competir por la rueda que en su día manejó Russell Coutts. En Nueva Zelanda, el caña es Dean Barker, el joven "delfín" de Coutts en el 2000, en la edición en la que defendían la copa en la bahía de Auckland. Y su rival en el 2003, en la que le ganó Coutts con el Alinghi con un aplastante 5-0. A su lado, el táctico es Terry Hutchinson, un estadounidense laureado en numerosas regatas en su país y perfectamente integrado en el grupo kiwi. Si gana Nueva Zelanda, la Copa del América volará de nuevo al hemisferio austral, en espera de que se lance el siguiente desafío por ella. Para algunos equipos europeos, la enorme distancia, y el consiguiente aumento de gastos, pueden resultar disuasorios para participar, pese al creciente atractivo de esta elitista competición en todo el mundo. Si gana Alinghi, todas las voces apuntan a que el trofeo se mantendrá en Valencia y que se podría organizar la 33.ª edición en el 2009, dentro de tan sólo dos años, con lo que la competición y el sustancioso negocio que la rodea no se interrumpirían.
Sería poco tiempo para que se uniesen nuevos desafios antes, pero algunos ya han dado alg ún paso, como un nuevo equipo británico que ha comprado uno de los tres barcos que construyó Alinghi para esta edición. Así que desde este fin de semana tambi én eso está en juego en aguas de Valencia, en la final de la 32.ª edición de la Copa del América.
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