El mundo a la velocidad del viento
La Barcelona World Race es una nueva regata de dos tripulantes que darán la vuelta al mundo sin escalas. A partir del próximo domingo, nueve barcos se enfrentarán a los mares más turbulentos del planeta durante tres meses. Entre ellos, tres españoles, con los que el Magazine ha podido navegar.

Pero no vamos a Mallorca. Cuando Bubi y Pachi deciden virar tras haber recorrido 50 millas en poco más de dos horas, cobra todo su sentido lo exigente que resulta tripular un Imoca Open 60, un barco de 18 metros de eslora diseñado para correr como una tabla de surf gigante. Primero hay que tomar otro rizo en la gigantesca mayor de 200 m2, que ya llevaba uno, enrollar el reacher, dejando sólo la trinqueta como vela de proa, preparar la burda de sotavento, que ahora se convertirá en la de barlovento y será la que aguante y tense el mástil, bajar a fondo una de las dos orzas que cruzan el casco desde la cubierta y vaciar el lastre de babor y llenar los de estribor para que el bólido del mar sea capaz de hacer frente a los 34-35 nudos de viento que ahora se va a encontrar de proa. En total, casi media hora de maniobras antes de trasluchar con seguridad y precisión. En su nuevo rumbo, de ceñida, el barco avanza a sus buenos 11-12 nudos, sin dar apenas pantocazos (golpes del casco al caer de proa tras el paso de una ola), a cambio de dejar que las olas pasen por encima y descarguen como ríos en la bañera. A estas alturas, la humedad lo impregna todo y alcanza el interior del barco. Los trajes de aguas están empapados por fuera y por dentro y dejan un reguero por donde pasan. También eso será así durante prácticamente toda la regata. Los navegantes harán lo posible por mantener seca el área de navegación, llena de instrumentos y de ordenadores, pero el resto del espacio, incluidas las austeras literas, donde en ocasiones acabarán echándose vestidos, irá inevitablemente mojado.
La experiencia no se parece en nada a una travesía de placer. Y los protagonistas no son navegantes normales. El grupo de elite de los regatistas oceánicos es un club muy reducido. Mucho más pequeño que el de los que suben cada año el Everest. Y eso, contando en el club con veteranos míticos, como el británico sir Robin Knox-Johnston, el primer hombre que hizo la circunnavegación en solitario y sin escalas (en 1968) y que todavía ha disputado la Velux 5 Oceans este año, y el español José Luis Ugarte, quien completó la Vendée Globe de 1992, a los 64 años.








