09/10/2011
La vida en forma de tabla
Texto de Sara Sans
Fotos de Llibert Teixidó
Viven mirando el mar. Sueñan con la marejada perfecta, el viento perfecto, la marea perfecta… Están enganchados a las olas. El surf es su pasión y, para algunos, también su trabajo. Quienes compiten en el circuito mundial no pasan más de un mes seguido en casa. Viajan de Hawái a Indonesia. De Brasil a Australia. En Zarautz –entre San Sebastián y Getaria– se ha formado el actual campeón de España, Aritz Aramburu, el primer surfista nacional en alcanzar la élite mundial, y, con él, una prometedora cantera

El brasileño Gabriel Medina, que volvió a asombrar en el último San Miguel Pro Zarautz, firma carteles a los jóvenes aficionados
Él, con sus melenas y en pleno apogeo de la cultura hippy, se juntó con unos amigos en Cantabria con la idea de fabricar tablas. Su novia dejó su trabajo (era directora del hotel Niza de San Sebastián) para ir de aquí para allá con la furgoneta cargada de tablas. Se iban a Canarias en invierno y luego a Australia y luego a Brasil… Para ganar dinero, ella comenzó a confeccionar bikinis y ropa para los surferos y sus novias. Les fue bien, y en 1976 abrieron la primera tienda en Zarautz.
Y poco después abrirían otra tienda en San Sebastián, a la que llamaron Pukas. Pues Pukas eran los collares hawaianos hechos con conchas y que, a menudo, los surfistas se traían a casa para venderlos y costearse sus viajes. Puka también significa agujero en hawaiano y además tiene otro significado simbólico, el que todo surfista busca: el tubo. Los campeonatos Pukas comenzaron en 1980 y en 1988 dieron el salto a Zarautz. La prueba se hizo internacional, y las primeras figuras del mundo se medían con las olas de esta playa. Por ahí pasó, por ejemplo, el californiano Dino Andino, uno de los mejores de la época. Su hijo Kolohe Andino estuvo en el último San Miguel Pro Zarautz. Compitiendo en el mar y, mientras no llegaban las olas, se apuntó a un partido de ping-pong con la otra joven promesa: el brasileño Gabriel Medina. Ambos comparten patrocinador y también son amigos: coinciden semana sí, semana no, en playas de todo el mundo.
Y poco después abrirían otra tienda en San Sebastián, a la que llamaron Pukas. Pues Pukas eran los collares hawaianos hechos con conchas y que, a menudo, los surfistas se traían a casa para venderlos y costearse sus viajes. Puka también significa agujero en hawaiano y además tiene otro significado simbólico, el que todo surfista busca: el tubo. Los campeonatos Pukas comenzaron en 1980 y en 1988 dieron el salto a Zarautz. La prueba se hizo internacional, y las primeras figuras del mundo se medían con las olas de esta playa. Por ahí pasó, por ejemplo, el californiano Dino Andino, uno de los mejores de la época. Su hijo Kolohe Andino estuvo en el último San Miguel Pro Zarautz. Compitiendo en el mar y, mientras no llegaban las olas, se apuntó a un partido de ping-pong con la otra joven promesa: el brasileño Gabriel Medina. Ambos comparten patrocinador y también son amigos: coinciden semana sí, semana no, en playas de todo el mundo.

El surfista francés Adrianne Valero, junto a su novia en el coche, espera el inicio de la competición mientras mata el tiempo con su ordenador.
“Algunos piensan que la vida del surfista es siempre mar y fiesta y pasarlo bien..., pero en lo profesional es muy distinto, no digo que no lo pasemos bien, pero muchas veces viajas solo y también te aburres… y hay que tener un buen fondo, y si las olas son a las seis de la mañana, ahí tienes que estar… Hay muy buen ambiente, pero ganas y pierdes solo”, reflexiona Mario Azurza.
Pero él está entre lo mejor del mundo. Lo viven con menos presión quienes surfean porque sí. Lo que no quiere decir que le pongan menos pasión: “Surfear te engancha, cuando aprendes a leer la ola, ya no puedes dejarlo…; no podríamos vivir sin el mar”, dicen Ane y Rubén. Estos dos universitarios, ella de Zarautz y él de Barcelona (estudia en Bilbao para poder surfear), pasan al menos una hora cada día –aunque pueden ser cinco– dentro del mar.
A pesar de sus problemas de piel (demasiado sol) y de reuma, a sus 63 años, Iñigo Letamendia también se mete en el agua siempre que puede. Su hijo Adur es surfista (lo suyo son las olas grandes, aunque la fuerza del mar le haya empujado hasta el fondo y roto la nariz en dos ocasiones). Se graduó en la universidad y trabaja en el negocio familiar (que, además de la fábrica de tablas, incluye cuatro tiendas y tres escuelas de surf). Opina que Zarautz es lo que es en materia surfista “porque poder ir andando de casa a la playa es una gran ventaja, porque hay una tradición y una historia potente detrás de todo esto y por el papel que han tenido el club y las escuelas del pueblo”.
En las instalaciones del Club de Surf de Zarautz, los socios –algo más de 400 en un pueblo donde viven 22.600 vecinos– pueden guardar sus tablas. “Y cambiarse y ducharse, algo que se agradece mucho en invierno, cuando el agua está a diez grados y el termómetro no pasa de cinco”, añade su presidente, Ibon Salaberria. Al principio, el club era tan sólo un grupo de amigos. “Hoy, en instalaciones –un amplio local ubicado bajo la terraza del hotel restaurante Karlos Arguiñano– y en número de socios, es el mejor de Europa”, afirma Salaberria. Su antecesor en el cargo recuperó la San Miguel Pro Zarautz, pero si en algo destaca el club es en el programa de formación para niños y jóvenes, que cuenta con el apoyo del Ayuntamiento. Y en el apoyo logístico que también prestan a sus jóvenes competidores.
Pero él está entre lo mejor del mundo. Lo viven con menos presión quienes surfean porque sí. Lo que no quiere decir que le pongan menos pasión: “Surfear te engancha, cuando aprendes a leer la ola, ya no puedes dejarlo…; no podríamos vivir sin el mar”, dicen Ane y Rubén. Estos dos universitarios, ella de Zarautz y él de Barcelona (estudia en Bilbao para poder surfear), pasan al menos una hora cada día –aunque pueden ser cinco– dentro del mar.
A pesar de sus problemas de piel (demasiado sol) y de reuma, a sus 63 años, Iñigo Letamendia también se mete en el agua siempre que puede. Su hijo Adur es surfista (lo suyo son las olas grandes, aunque la fuerza del mar le haya empujado hasta el fondo y roto la nariz en dos ocasiones). Se graduó en la universidad y trabaja en el negocio familiar (que, además de la fábrica de tablas, incluye cuatro tiendas y tres escuelas de surf). Opina que Zarautz es lo que es en materia surfista “porque poder ir andando de casa a la playa es una gran ventaja, porque hay una tradición y una historia potente detrás de todo esto y por el papel que han tenido el club y las escuelas del pueblo”.
En las instalaciones del Club de Surf de Zarautz, los socios –algo más de 400 en un pueblo donde viven 22.600 vecinos– pueden guardar sus tablas. “Y cambiarse y ducharse, algo que se agradece mucho en invierno, cuando el agua está a diez grados y el termómetro no pasa de cinco”, añade su presidente, Ibon Salaberria. Al principio, el club era tan sólo un grupo de amigos. “Hoy, en instalaciones –un amplio local ubicado bajo la terraza del hotel restaurante Karlos Arguiñano– y en número de socios, es el mejor de Europa”, afirma Salaberria. Su antecesor en el cargo recuperó la San Miguel Pro Zarautz, pero si en algo destaca el club es en el programa de formación para niños y jóvenes, que cuenta con el apoyo del Ayuntamiento. Y en el apoyo logístico que también prestan a sus jóvenes competidores.

Aritz Aramburu, saliendo del mar tras una de las mangas de la última edición del San Miguel Pro Zarautz
Con el club, en Zarautz hay seis escuelas de surf. Este deporte mueve cada vez más dinero. Una cosa lleva a la otra, y no es extraño ver llegar autobuses al camping situado en la falda del monte Talai-mendi (con vistas espectaculares), repleto de surfistas. Vienen de Francia y de otros países. “Cuando hay olas, las tablas salen a centenares”, añade Salaberria.
Los vigilantes de la playa quitan y ponen banderas para indicar hasta dónde se puede surfear y dónde no. Y es que hay niños, hay jóvenes y cada vez se ve a más surfistas de mediana edad que entran al agua con sus hijos, profesionales que aprovechan la pausa del mediodía para buscar olas y turistas que llegan a la localidad en busca de clases.
Durante la semana del San Miguel Pro Zarautz, la localidad es un ir y venir de surfistas. Las primeras figuras del circuito mundial se mezclan con jóvenes promesas como los vascos Imanol Yeregi, Alex Iriondo o Ethan Egiguren. El camping está lleno. También los hoteles. La mirada está puesta en el mar o, en su lugar, en la pantalla del ordenador o del móvil: “Todo pasa en internet”, reconoce el surfista Txaber Trajaola.
Las olas vienen cuando vienen. Esto no es un partido de tenis que se pueda retransmitir por la televisión. Si la final del campeonato de Tahití tiene que celebrarse a la una de la madrugada (hora española), pues allí están todos ellos, admirando cómo el veterano Kelly Slater vuelve a ganar. En televisión, el próximo año podrá verse (en Nitro, de Antena 3) un reality (San Miguel cracks del surf ): diez jóvenes competirán en una academia de surf dirigida por Aritz Aramburu, en otra manera de promocionar el deporte.
Cuando Aramburu comenzó a viajar, todavía mandaba postales, “llamar a casa salía carísimo”, dice riendo. Hoy no se entiende este mundo sin internet, los blogs y las redes sociales. Mario Azurza es el experto en la materia. Los seguidores de su blog –también del de Aritz– se cuentan por miles. Ha sido el cronista oficial de la última San Miguel Pro Zarautz en internet, y sus vídeos acumulan fans. “Me lo paso pipa haciendo estos reportajes…”. Azurza intuye este mundo como una salida profesional para cuando deje de competir. Vivir del surf. Ese es el objetivo.°
Los vigilantes de la playa quitan y ponen banderas para indicar hasta dónde se puede surfear y dónde no. Y es que hay niños, hay jóvenes y cada vez se ve a más surfistas de mediana edad que entran al agua con sus hijos, profesionales que aprovechan la pausa del mediodía para buscar olas y turistas que llegan a la localidad en busca de clases.
Durante la semana del San Miguel Pro Zarautz, la localidad es un ir y venir de surfistas. Las primeras figuras del circuito mundial se mezclan con jóvenes promesas como los vascos Imanol Yeregi, Alex Iriondo o Ethan Egiguren. El camping está lleno. También los hoteles. La mirada está puesta en el mar o, en su lugar, en la pantalla del ordenador o del móvil: “Todo pasa en internet”, reconoce el surfista Txaber Trajaola.
Las olas vienen cuando vienen. Esto no es un partido de tenis que se pueda retransmitir por la televisión. Si la final del campeonato de Tahití tiene que celebrarse a la una de la madrugada (hora española), pues allí están todos ellos, admirando cómo el veterano Kelly Slater vuelve a ganar. En televisión, el próximo año podrá verse (en Nitro, de Antena 3) un reality (San Miguel cracks del surf ): diez jóvenes competirán en una academia de surf dirigida por Aritz Aramburu, en otra manera de promocionar el deporte.
Cuando Aramburu comenzó a viajar, todavía mandaba postales, “llamar a casa salía carísimo”, dice riendo. Hoy no se entiende este mundo sin internet, los blogs y las redes sociales. Mario Azurza es el experto en la materia. Los seguidores de su blog –también del de Aritz– se cuentan por miles. Ha sido el cronista oficial de la última San Miguel Pro Zarautz en internet, y sus vídeos acumulan fans. “Me lo paso pipa haciendo estos reportajes…”. Azurza intuye este mundo como una salida profesional para cuando deje de competir. Vivir del surf. Ese es el objetivo.°
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