13/01/2008
Los Borja, sin secretos
Texto de Salvador Enguix
Verificar o desmentir la leyenda negra que pesa sobre la polémica y apasionante familia valenciana es el objetivo de los historiadores que han comenzado a bucear en miles de documentos, hasta ahora secretos, del archivo vaticano

Roderic de Borja, quien fue Papa con el nombre de Alexandre VI
Si hay algo incuestionable en los Borja es su pasión y amor por la familia.No caben dudas de que el nepotismo fue norma desde Calixt III
Ad fontes (a las fuentes) gritaban los humanistas del Renacimiento con actitud rebelde frente al saber tradicional de cuño escolástico. “A las fuentes”, reclaman también ahora los investigadores que, coordinados por el Institut Internacional d’Estudis Borgians (IIEB), con sede en Valencia, han comenzado a bucear en la monumental copia del Archivo Secreto Vaticano –500 volúmenes y decenas de miles de documentos– depositada en esta ciudad, para descubrir toda la verdad e intentar verificar o desmentir la leyenda negra que pesa sobre una estirpe valenciana polémica, pero a la vez atractiva, apasionante, y clave en el desarrollo político de la Europa de la segunda mitad del siglo XV: los Borja (Borgia en castellano).
“Servint a minyons y reprenent-los de totes ses volentats, bé és menester que Déu me ajut” (sirviendo a niños y recriminándoles de todos sus caprichos, espero que Dios me ayude). El mensaje forma parte de una carta datada en Nápoles el 28 de septiembre de 1494 en la que, en un claro acto de desesperación, Joan d’Ixer, administrador de la casa de Jofré de Borja, hijo del Papa Alexandre VI (Roderic de Borja), advertía a Su Santidad de la enorme dificultad de controlar a su hijo menor, Jofré, y a la esposa de éste, Sancha de Aragón, de la que se dijo que fue amante de César Borja, hermano de Jofré, e incluso del propio Papa.
La misiva, inédita, que Joan d’Ixer mandó a Alexandre VI para defenderse de las acusaciones de no cuidar al joven matrimonio, forma parte de los documentos del archivo secreto de los Borja que el Vaticano ha permitido, en un caso único en la historia, sacar a la luz. Para muchos investigadores, estos papeles pueden ser lo que Júlia Benavent, profesora de la Universitat de València, especialista en el dominico Girolamo Savonarola –al que Alexandre VI condenó por su rebeldía–, valora como “una vuelta al examen de los hechos; porque ahora estos personajes se presentan acompañados de sus documentos, de sus palabras, de sus decisiones, y nosotros, en consecuencia, nos desprendemos de los prejuicios”.
Decía el Pare Miquel Batllori (1909-2003), el hombre que con más rigor se ha acercado a la verdad de esta familia, que cualquier aproximación a esta estirpe originaria de Xàtiva y Canals, debía hacerse así, “sin prejuicios”. Una familia que tuvo dos papas –Calixt III, Alfons de Borja (1378-1458); y su sobrino Alexandre VI, Roderic de Borja, (1431-1503)–; que ofreció grandes personajes al imaginario colectivo europeo, como César o Lucrecia, hijos de Roderic; que tuvo entre los descendientes a un santo, Francesc de Borja, biznieto de Alexandre VI, que llegó a ser general de los jesuitas; una dinastía que fue determinante en la política de Europa en el tránsito hacia las potencias absolutistas, que defendió la independencia de los estados pontificios y que impulsó el Renacimiento italiano, y sobre la que también pesa una leyenda negra que ha perdurado hasta nuestros días. ¿Eran los Borja una familia hambrienta de poder hasta el punto de utilizar el asesinato para alcanzar sus objetivos?, ¿organizaba Alexandre VI, como señalaba su secretario Bru, orgías en el Vaticano?, ¿fue la relación de Lucrecia con su padre y su hermano César incestuosa?, ¿mató César a su hermano Joan?, ¿fue el nepotismo norma en la conducta de los Borja?
Es precisamente esta leyenda negra, cuyos elementos sistematizó con éxito la investigadora alemana Marion Hermann-Röttgen, la que ahora se pretende cuestionar. O, al menos, se quiere abordar en su justa medida la conducta de unos personajes en su contexto, en un tiempo en el que “existía un difuso clima social de permisividad y tolerancia ante ciertos vicios, cuyo efecto era que no fuesen vistos por la opinión pública con la severidad con que son juzgados hoy en día”, señala Miquel Navarro, teólogo que ha dedicado años al estudio de los Borja, en especial al papado de Calixt III, “un hombre austero, de Iglesia, inteligente, gran jurista y que financió la última gran cruzada”, añade. Poco después de la muerte de Alexandre VI, tan listo o más que su tío pero más pasional, de una gran carnalidad, este clima moral cambió radicalmente a causa de la Reforma y la Contrarreforma, y entonces la figura del Papa Borja fue escarnecida con los más severos juicios.
¿Servirá el estudio de estos documentos para acabar definitivamente con el maleficio o, bien al contrario, contribuirá a reforzar la tesis de los enemigos de los Borja, que les calificaban de “plantas venenosas, odiadas por Dios y nocivas para los hombres”? Miquel Navarro anuncia que “nos permitirán, por encima de todo, conocer una de las mejores fuentes para hacer verdadera la historia de los Borja, dejando de lado la pseudohistoria, de carácter novelesco y legendario, que tan a menudo se ha hecho sobre ellos”. El caso de la novela de Mario Puzo, Los Borgia, sería un buen ejemplo. Otros, como Joan Francesc Mira con su Borja Papa o Manuel Vázquez Montalbán con su O César o nada, han logrado en sus obras tratar de una manera más objetiva y rigurosa a la familia valenciana.
“Servint a minyons y reprenent-los de totes ses volentats, bé és menester que Déu me ajut” (sirviendo a niños y recriminándoles de todos sus caprichos, espero que Dios me ayude). El mensaje forma parte de una carta datada en Nápoles el 28 de septiembre de 1494 en la que, en un claro acto de desesperación, Joan d’Ixer, administrador de la casa de Jofré de Borja, hijo del Papa Alexandre VI (Roderic de Borja), advertía a Su Santidad de la enorme dificultad de controlar a su hijo menor, Jofré, y a la esposa de éste, Sancha de Aragón, de la que se dijo que fue amante de César Borja, hermano de Jofré, e incluso del propio Papa.
La misiva, inédita, que Joan d’Ixer mandó a Alexandre VI para defenderse de las acusaciones de no cuidar al joven matrimonio, forma parte de los documentos del archivo secreto de los Borja que el Vaticano ha permitido, en un caso único en la historia, sacar a la luz. Para muchos investigadores, estos papeles pueden ser lo que Júlia Benavent, profesora de la Universitat de València, especialista en el dominico Girolamo Savonarola –al que Alexandre VI condenó por su rebeldía–, valora como “una vuelta al examen de los hechos; porque ahora estos personajes se presentan acompañados de sus documentos, de sus palabras, de sus decisiones, y nosotros, en consecuencia, nos desprendemos de los prejuicios”.
Decía el Pare Miquel Batllori (1909-2003), el hombre que con más rigor se ha acercado a la verdad de esta familia, que cualquier aproximación a esta estirpe originaria de Xàtiva y Canals, debía hacerse así, “sin prejuicios”. Una familia que tuvo dos papas –Calixt III, Alfons de Borja (1378-1458); y su sobrino Alexandre VI, Roderic de Borja, (1431-1503)–; que ofreció grandes personajes al imaginario colectivo europeo, como César o Lucrecia, hijos de Roderic; que tuvo entre los descendientes a un santo, Francesc de Borja, biznieto de Alexandre VI, que llegó a ser general de los jesuitas; una dinastía que fue determinante en la política de Europa en el tránsito hacia las potencias absolutistas, que defendió la independencia de los estados pontificios y que impulsó el Renacimiento italiano, y sobre la que también pesa una leyenda negra que ha perdurado hasta nuestros días. ¿Eran los Borja una familia hambrienta de poder hasta el punto de utilizar el asesinato para alcanzar sus objetivos?, ¿organizaba Alexandre VI, como señalaba su secretario Bru, orgías en el Vaticano?, ¿fue la relación de Lucrecia con su padre y su hermano César incestuosa?, ¿mató César a su hermano Joan?, ¿fue el nepotismo norma en la conducta de los Borja?
Es precisamente esta leyenda negra, cuyos elementos sistematizó con éxito la investigadora alemana Marion Hermann-Röttgen, la que ahora se pretende cuestionar. O, al menos, se quiere abordar en su justa medida la conducta de unos personajes en su contexto, en un tiempo en el que “existía un difuso clima social de permisividad y tolerancia ante ciertos vicios, cuyo efecto era que no fuesen vistos por la opinión pública con la severidad con que son juzgados hoy en día”, señala Miquel Navarro, teólogo que ha dedicado años al estudio de los Borja, en especial al papado de Calixt III, “un hombre austero, de Iglesia, inteligente, gran jurista y que financió la última gran cruzada”, añade. Poco después de la muerte de Alexandre VI, tan listo o más que su tío pero más pasional, de una gran carnalidad, este clima moral cambió radicalmente a causa de la Reforma y la Contrarreforma, y entonces la figura del Papa Borja fue escarnecida con los más severos juicios.
¿Servirá el estudio de estos documentos para acabar definitivamente con el maleficio o, bien al contrario, contribuirá a reforzar la tesis de los enemigos de los Borja, que les calificaban de “plantas venenosas, odiadas por Dios y nocivas para los hombres”? Miquel Navarro anuncia que “nos permitirán, por encima de todo, conocer una de las mejores fuentes para hacer verdadera la historia de los Borja, dejando de lado la pseudohistoria, de carácter novelesco y legendario, que tan a menudo se ha hecho sobre ellos”. El caso de la novela de Mario Puzo, Los Borgia, sería un buen ejemplo. Otros, como Joan Francesc Mira con su Borja Papa o Manuel Vázquez Montalbán con su O César o nada, han logrado en sus obras tratar de una manera más objetiva y rigurosa a la familia valenciana.
de: BeGo | 12/01/2008
Es apasionante la historia de esta familia!







