23/03/2008

La tragedia de los Oestrheld

Texto de Gervasio Sánchez
Los lectores de cómics clásicos como Ernie Pike, Randall o Sargento Kirk seguramente saben quién fue Héctor Germán Oesterheld, el guionista que creó una colección de personajes legendarios. Más improbable es que conozcan la terrible historia del propio escritor, asesinado por la dictadura militar argentina, al igual que sus cuatro hijas. Su viuda, Elsa Sánchez, cuenta en estas páginas la tragedia vivida

Elsa con su marido en la playa, en una foto tomada a finales de los años cuarenta, cuando todavía eran novios

Diana fue secuestrada el 7 de agosto de 1976 en San Miguel de Tucumán junto a su hijo Fernando, que tenía un año. Estaba embarazada de seis meses. Con 23 años fue llevada a Campo de Mayo, donde dio a luz antes de desaparecer para siempre. Fernando fue trasladado a la casa cuna de la ciudad y entregado como NN. Después de varios intentos frustrados, los abuelos paternos consiguieron recuperar al menor. Raúl Araldi, su pareja y padre de sus hijos, fue asesinado en 1977. Un sobreviviente vio su cadáver en la jefatura de la policía de Tucumán, pero su cuerpo tampoco fue ­encontrado.
El famoso guionista fue detenido el 27 de abril de 1977 y trasladado a diferentes centros clandestinos. Varios sobrevivientes lo vieron en El Vesubio, Campo de Marte y Sheraton, tres campos de exterminio. Al parecer le exigieron que escribiera el guión para una historieta promocional del régimen militar, pero él se negó.
Amnistía Internacional y algunos amigos influyentes lanzaron campañas en Europa para conseguir su liberación. El prisionero hizo llegar una carta a su esposa en la que le contaba que estaba a la espera de que legalizasen su detención y lo llevasen a una prisión.
Pero la tragedia de los Oesterherld no concluyó con la detención del patriarca. Los grupos operativos de la dictadura siguieron rastreando al resto de su familia hasta que localizaron el 14 de diciembre de 1977 la casa donde Estela, la mayor de las hijas del guionista, de 25 años, se escondía con su pareja, Raúl Mórtola, y su hijo Martín, de tres años y medio. Allí detuvieron a otra pareja a cuyo cargo estaba el pequeño y esperaron el regreso de Estela y Raúl para acribillarlos a balazos. Al día siguiente, un escueto informe en los diarios daba cuenta de un enfrentamiento armado y de la muerte de ambos.
Lo más sorprendente es que el niño fue trasladado a la cárcel donde se encontraba detenido su abuelo Héctor y fue este el que dio la dirección de Elsa al jefe del operativo para que se lo llevasen a su abuela. Al parecer, el militar sentía gran admiración por el guionista y decidió proceder por su cuenta y riesgo.
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de: Diego Arcos (Pedro) | 26/08/2008
Conocí muy bien a Marina (Liliana) y a German. La lucha que llevamos adelante, en condiciones extremas de debilidad, con direcciones contradictorias, con dirigentes consecuentes y brillantes y otros verdaderos traidores, fue HEROICA. ES DEMASIADO FÁCIL HABLAR AHORA. Se puede argumentar, pero los que lo hacen desde afuera, del afuera de los que no participaron de esos tiempos, o de los que habiendo estado no se jugaron, tienen las palabras devaluadas. ¿Respetables? Sí, seguro. Pero el peso de la realidad de la lucha templa las palabras, haciéndolas vibrar en una frecuencia sólo entendible para quienes estuvimos allí y en ese tiempo. ¿Violentos? No sean simplistas. LUCHADORES
de: Rodrigo Suarez | 14/08/2008
Sin creer ciegamente en la buena voluntad de la cúpula de Montoneros, ni en el valor de la lucha armada de por sí, hay que recordar que muchos jóvenes actuaron en forma altruista y generosa a las órdenes de esa organización. Quisiera creer en un mundo donde la comprensión de los problemas ajenos sea la herramienta para solucionar los problemas de todos. Pero hasta ahora los poderosos del mundo han demostrado estar dispuestos a los peores crímenes cuando se trata de defender sus privilegios. Y el privilegio produce sistemáticamente violencia. Visible y no visible. El hambre y la marginación son hechos de violencia que producen a su vez violencia, y sin embargo son rutina.
de: Federico Méndez | 27/04/2008
Qué raro que este texto no menciona que una de las hijas de Oesterheld, la que estaba casada con Mortola, había sido autora de varios atentados terroristas entre ellos el matar a un oficial de policia llamado Ojeda, rociándolo con nafta y prendiendolo fuego en plena vía pública. Acto seguido, para rematar a su víctima, disparó una ametralladora hiriendo a una veintena de personas y ocasionando la muerte de un niño. Y bueno, supongo que Oesterheld, como jefe de prensa de Montoneros, una organizacion terrorista, tuvo acceso a conocimientos de operaciones del grupo y de sus miembros y eso llevo a su secuestro y desaparación. Contar la historia a medias es una gran mentira.
de: Lorea Zaharra | 28/03/2008
Propongo que todos los editores, tiendas, lectores de cómics sigamos buscando a Oesterheld hasta que obliguemos al gobierno argentino a que dé explicaciones a su familia de lo que ocurrrió con él, sus hijas y sus nietos. Y que desde las editoriales de cómic se haga un concurso para diseñar un logotipo que pueda utilizarse en camisetas, pinks, pegatinas, etc. en contra de la tortura, en nombre de Oesteheld y de todos los torturados a lo largo y ancho del planeta. Así tendriamos un símbolo que nos podría servir a todos para acabar con esta lacra que todo el mundo se empeña en no ver.
de: Rober Ch. R. | 25/03/2008
Increíble que haya sucedido esto con la familia Oestherled. Pero más increíble es que haya sucedido con una familia “reconocida” en Argentina. Me pregunto cuántas otras familias sin medios, sin voz, han perdido hijos, padres, hermanos, nietos. Todo por ese odio irracional hacia el que piensa diferente, hacia el que es diferente. Pero tal vez lo peor es que muchas veces sucede que nadie quiere hablar de ello, como si las heridas ya hubiesen cicatrizado, como si nada de esto hubiera ocurrido. Es bueno que los jóvenes ahora se pregunten por lo que sucedió y, más importante aún, sepamos dónde esta Oestherled. Y Dónde están tantos otros.
de: Josep Albert Petit | 21/03/2008
Había leído que Hugo Pratt no hizo demasiado por Oesterheld y sus cuatro hijas durante la represión militar en Argentina. Esta semana acabé un libro reciente de Ángel de la Calle en el que, además de referirse a diferencias profesionales entre ambos, en la pág. 41 afirma que Pratt fue "el primer firmante de las peticiones internacionales por la liberación de Oesterheld"(sic). A mediados de los setenta Pratt hace mas de diez años que ha dejado Argentina, y aún no tiene el gran reconocimiento que recibe posteriormente. Me sería útil si hubiera aportaciones en relación a el papel de Pratt en este asunto. Un sentido reconocimiento a la Sra. Elsa Sánchez y a las víctimas de la barbarie.

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portada 21 de marzo
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