30/03/2008

El estigma imborrable

Okinawa

Texto de Rafael Poch
El 1 de abril de 1945 se inició en la isla de Okinawa una de las batallas más cruentas de la Segunda Guerra Mundial, que causó la muerte a 150.000 civiles, 66.000 soldados japoneses y 14.000 estadounidenses. La isla sigue hoy ocupada por 50.000 norteamericanos, y los desmanes de los soldados afloran cada vez con mayor frecuencia, mientras se extiende una corriente pacifista. Japón pretende además borrar de los libros de texto parte de su historia más oscura, como los suicidios inducidos de sus propios ciudadanos.
Una guerra ya perdida
Desde 1429, Okinawa fue el centro del reino de Ryukyu, una entidad independiente tributaria de China que comerciaba con aquella, con Japón, Corea y el Sudeste Asiático, lo que configuró una cultura e identidad específicas. En 1879, el Gobierno Meiji convirtió Okinawa en una prefectura japonesa y fomentó la persecución y el desprecio de la lengua y la cultura locales. Considerada una zona marginal en Tokio, Okinawa nunca mostró gran entusiasmo por el culto nacional al emperador. Pero toda esa historia sufrió un verdadero colapso en 1945, con motivo de la batalla de Okinawa.
“En Okinawa, la guerra comenzó cuando ya estaba perdida”, dice el profesor Masaaki, un respetado historiador de la isla que tenía diez años en 1945 y perdió un ojo por el estallido de una bomba. “El objetivo de Tokio ya no era ganar la guerra, sino salvar el sistema imperial que la había provocado. Para eso había que mantener a los americanos el máximo de tiempo posible ocupados en Okinawa, ocasionarles el máximo número de bajas y retrasar la invasión de Japón, para conseguir mejores condiciones de negociación de la rendición”, dice. Así que todo apuntaba hacia una masacre total del medio millón de habitantes que la isla tenía entonces. El mando japonés se preparó para la batalla con esa idea y la llevó a cabo a conciencia. Hubo tiempo para parapetarse y construir refugios subterráneos. Como en Iwo Jima, dejaron las playas relativamente libres y se concentraron en varias líneas de defensa de la mitad meridional de la isla. La batalla duró 89 días, desde el uno de abril hasta finales de junio, y ocasionó más bajas al ejército de EE.UU. que cualquier otra de la guerra del Pacífico: 14.000 muertos y 60.000 heridos, el doble que la suma de Iwo Jima y Guadalcanal. Se perdieron 36 barcos y lanchas de desembarco, hundidos, con otros 368 dañados, mientras 763 aviones fueron derribados. El dispositivo de ataque, superior al de Normandía y llamado Tempestad de Hierro, empleó más de medio millón de soldados y 1.213 barcos de guerra. De los 77.000 soldados japoneses, murieron 66.000.
Precedido de bombardeos aéreos y navales sin precedentes, el desembarco fue fácil, lo que creó una falsa esperanza en un rápido desenlace. Pero la resistencia japonesa fue tan desesperada como tenaz. En el sur de la isla, los americanos tardaron cuarenta días en avanzar cinco kilómetros. Fue allí donde murió el 80% de los caídos militares japoneses. Los ataques suicidas de aviones kamikaze tuvieron una profusión desconocida: 8.000 salieron de bases en Kyushu, la isla meridional del archipiélago nipón, y 2.000 de Taiwán. Sólo el 10% logró llegar a Okinawa, porque el resto fue interceptado y abatido en la ruta, y de los que llegaron muy pocos lograron impactar. Una flota naval japonesa encabezada por el enorme destructor Yamato salió también en misión suicida de Japón hacia Okinawa. La orden era embarrancar el barco en la isla y utilizar sus potentes cañones como baterías costeras y a su marinería como infantería de marina, pero el Yamato, acosado por más de 300 aviones americanos, fue hundido el 7 de abril, mucho antes de llegar a Okinawa…
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de: Carlos Puig | 12/04/2008
Entusiasmante, espeluznante e Increible Historia
de: Ricardo Jiménez | 09/04/2008
Me parece un reportaje excelente. Enhorabuena.
31 de agosto
31 de agosto
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