Avance editorial
Españoles que lucharon en la guerra secreta contra Hitler

Eduardo Castelltort organizó una nutrida y eficaz red de espías, procedentes mayoritariamente de ambientes independentistas catalanes, para suministrar información al consulado de Estados Unidos en Barcelona
DE FELIPE MATARÓ A LIPSTICK
El 20 de julio del 2007, teníamos en nuestras manos 321 documentos desclasificados de los archivos nacionales del Reino Unido que trataban de un espía cuyo nombre clave era Lipstick, pintalabios en inglés. Ninguno de ellos revelaba claramente la identidad del personaje, pero ofrecían una serie de datos que dibujan su perfil: un hombre catalán, de familia acomodada, que durante la Segunda Guerra Mundial había sido doble agente del famoso departamento del Intelligence Service, dirigido por Kim Philby, y explicaba paso por paso el nacimiento de un espía. Sobre Lipstick, el periodista británico Nigel West había apuntado la posibilidad de que fuera el ex presidente de la Generalitat Josep Tarradellas. Una hipótesis puesta en duda por muchos historiadores y que los nuevos datos hallados sobre Lipstick desbaratan. (…) Jaume Ribas fue espía y además doble. Y lo fue en una España amiga de los nazis en la que si llegan a descubrir que, además de trabajar para los británicos, era un catalanista feroz, le habría costado muy caro. ¿Cómo logró ser doble agente y, lo que es más difícil todavía, sortear la represión franquista y hasta ganarse la confianza del régimen siendo en realidad demócrata, catalanista y excombatiente del bando republicano durante la recién acabada guerra civil española?
(…) El 12 de octubre de 1943 Lipstick arribó a Lisboa y nada más aterrizar envió unos telegramas a sus contactos alemanes anunciando su presencia en la Península. Esperaba una respuesta inmediata. Pero esta no se produjo. Al no recibir noticias, acudió a la oficina de Lufthansa, donde el director le puso en contacto con la sección aérea de la embajada alemana en Portugal, dirigida por un tal Dr. Wenceslao. Este le dijo que pediría instrucciones a Madrid y que le diría algo. Así fue. Aquel mismo día un joven alemán le entregó 1.000 escudos y un billete de avión para Madrid, advirtiéndole de que alguien le esperaría en Barajas y que si por la razón que fuera el contacto no se presentaba, debía llamar al 56045, extensión 02, o lo que es lo mismo, a una extensión de la embajada alemana que estaba en el Bureau Franzbach, en la calle Claudio Coello 151, esquina con María de Molina, donde debía preguntar por el señor Largo.
Ribas llegó a Barajas el mismo 12 de octubre. Nadie le esperaba en el aeropuerto. Ni rastro de su supuesto contacto alemán. Así, optó por llamar al número que le habían dado, pero… allí nadie conocía al señor Largo. “Soy Mataró”, dijo. “Vuelva a llamar en cinco minutos”, le respondió un hombre que no se identificó desde el otro lado del teléfono. Así lo hizo y esta vez le dio nuevas instrucciones: “Llame al 61499 y pregunte por la señorita Isabel (sic)”. De nuevo Lipstick se encontró marcando un número de teléfono desconocido. Aunque en esta ocasión la cosa fue más fácil y enseguida le dijeron que se presentara en un edificio de la calle Lista (hoy Ortega y Gasset), 49, 4.º derecha. Allí le estarían esperando.
En poco menos de media hora, Lipstick llegó al citado edificio, donde fue recibido por la señorita Isabel. Esta le dijo debería tratar con un tal don Juan, un alemán que había reemplazado a Christian Paschke en Madrid. También le comunicó que don Juan trabajaba para un tal don José. Primera sorpresa y contratiempo: su contacto ya no era Paschke, su conocido del club de tenis Barcelona que tanto le había ayudado a convertirse en el agente secreto Mataró.
Lipstick se sintió un poco perdido. ¿Quiénes demonios eran todos aquellos nuevos agentes? ¿Podía fiarse de ellos? Y lo que era peor, ¿ellos confiarían en él? Todas estas incertidumbres se fueron despejando poco a poco en la mente de Lipstick, y pronto descubriría que el señor Largo, otro de sus nuevos contactos, se llamaba en realidad Von Buch, un agente del Abwehr, de 35 años, llegado de Argentina, mientras que don José era Herman von Wenchenstern, el alemán adscrito al Abwher en la subdelegación que la embajada alemana en Madrid tenía en María de Molina. En cuanto a la señorita Isabel, era una mujer de unos 34 años, morena, atractiva y casada con un hombre no identificado que trabajaba en Alemania. Era lista y no sabía taquigrafía, por lo que se notaba que era una falsa secretaria.
Lipstick pensó, y así lo dijo a su regreso a Londres, que la señorita Isabel y don Juan eran algo más que compañeros de trabajo. (...)
El enigmático agente T
Fue uno de los espías más importantes que tuvo el Servicio de Inteligencia Británico (Secret Intelligence Service) en España durante la Segunda Guerra Mundial. El que mejor información pasó a Londres sobre la colaboración clandestina de Franco con los nazis, y el que más cerca estuvo del dictador y su núcleo de poder. Gracias a él, el SIS tuvo un rápido y preciso conocimiento de los entresijos de la histórica entrevista entre el dictador español y Adolf Hitler, en octubre de 1940 en la localidad vascofrancesa de Hendaya. Pero su trabajo no se limitó al de la información, también colaboró y mucho –con acciones de propaganda negra, desinformación y sabotaje– en que España poco a poco se fuera decantando por el bando aliado frente a una Alemania que se dirigía irremediablemente a la derrota y el oprobio. Su nombre en clave fue Agent T (Agente T), y su identidad es todavía un misterio. Nunca fue descubierto por la policía española ni por los agentes nazis en España y nadie sospechó nunca que pudiera ser un espía británico, por lo que su nombre continúa siendo un secreto. Y es que la inteligencia británica cumple a rajatabla uno de los pilares en los que basa su sistema: no descubrir nunca la identidad de sus espías por más años que hayan pasado de su último servicio a no ser que ellos mismos la revelen. Y este no es el caso del Agente T.
De este espía español desconocido, pieza clave en la guerra contra el nazismo en España, apenas quedan unos cuantos documentos en su día calificados top y most secret en la sede de los archivos nacionales británicos. Su historia queda reducida a unos pocos datos biográficos: era un falangista de la vieja guardia que operaba en las altas esferas del régimen, que recibía de los británicos 5.000 pesetas al mes por sus servicios. Un documento secreto y desclasificado, sin fecha, ofrece una relación de las 43 operaciones más importantes que llevó a cabo como agente secreto al servicio de la reina británica. Entre ellas destaca la siguiente referencia. “T proporcionó el primer informe veraz sobre la reunión Franco-Hitler en la frontera con Francia.” Una escueta frase que desvela que este espía español fue el primero en suministrar a la inteligencia británica un informe detallado sobre un encuentro que resultó vital para el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial y para el futuro de España. No tenemos la información que suministró el agente T a los británicos, pero sí conocemos la versión que los servicios de inteligencia norteamericanos guardan en los NARA.








