20/04/2008

Avance editorial

Españoles que lucharon en la guerra secreta contra Hitler

España fue escenario de una intensa batalla de espionaje en la Segunda Guerra Mundial. La guerra ignorada, de Eduardo Martín de Pozuelo e Iñaki Ellakuría, desvela la historia de los españoles que trabajaron para los aliados, a partir de datos de archivos estadounidenses y británicos.
.Jaume Ribas  fue Lipstick, un espía del Intelligence Service británico que actuó como agente doble durante la Segunda Guerra Mundial, ganándose la confianza de los alemanes de la embajada en Madrid, primero a través de un conocido y después a base de mantener una actitud firme y decidida con sus anfitriones.

Hendaya. Tenía como objetivo formar un frente antiinglés y, según la OSS, Franco acordó con Hitler que firmaría el pacto de las Tres Potencias y España entraría en guerra. Algo que luego no cumplió, salvo el envío al frente ruso del contingente de voluntarios –un total de 46.000 hombres– que formaron la División Azul. ¿Estuvo allí el Agente T? No hay datos documentales, pero lo que sí se puede asegurar es que transmitió a los británicos información de alto valor estratégico. Tanto es así que, tras ese día, en la IS pasaron a considerar al Agente T como uno de sus principales espías que operaban en nuestro país, y la confianza en la veracidad de sus informaciones fue plena.
Analizando detenidamente la cronología de las operaciones del Agente T, vemos cómo su estrategia en la lucha contra la Alemania nazi pasaba en gran parte por hundir a Serrano Súñer y acabar con los miembros de la Falange más tradicionalistas y pronazis. Serrano Súñer había utilizado su poder en la Falange Española Tradicionalista y de las JONS para constituir el núcleo central de los servicios de información del régimen, y a través de ellos controlar los movimientos de los espías aliados en España y entablar una estrecha relación con los servicios secretos alemanes y la Gestapo, que por aquellos años se movían a su antojo por España.  Serrano, además, intentó extender a través de la Falange Exterior esa red de espionaje a los países de Sudamérica. (…)
Otra de las actividades de T fue la de informar a los británicos sobre los falangistas y miembros del régimen contrarios a los aliados. Descubrió la identidad de algunos de los agentes secretos nazis que operaban España, e incluso llegó a conseguir la destitución o detención de alguno de ellos. (…) El Agente T puso sobre aviso a los británicos el 18 de enero de 1941 de que Ángel Alcázar de Velasco (nacido en Modejar, Guadalajara, el 2 de octubre de 1909) era un espía español en Londres al servicio de los nazis y les comunicó que el propio Alcázar, quien ha pasado a la historia por ser un pésimo agente secreto, le había comentado con total tranquilidad que “iba a Inglaterra a trabajar para los alemanes”. Alcázar de Velasco fue un excéntrico personaje que, además de espía, fue novillero, pintor y periodista. Se cobijó bajo la alargada sombra de Serrano Súñer, con quien le unió una buena relación después de que el cuñado de Franco intercediera para su liberación tras ser condenado a cadena perpetua por su implicación en los incidentes de Salamanca. Alcázar de Velasco se convirtió en un ferviente germanófilo después de conocer en 1934 en Valencia al ciudadano alemán Wilhelm Oberbeil, quien le ayudó a ingresar en una de las escuelas del servicio secreto alemán. Junto al periodista Luis Calvo, está considerado uno de los primeros agentes secretos españoles enviados a Gran Bretaña para espiar a favor de los nazis. Aunque cosechó escaso éxito en su misión. Un fracaso como espía en el que tuvo mucho que ver sin duda el hecho de que, antes de pisar suelo británico, el IS supiera gracias a los informes del Agente T que era un infiltrado nazi.

LOS ESPÍAS DEL CONSULADO
Falleció a los 66 años sin que su familia conociera una parte muy importante de su vida, sin ningún homenaje público o reconocimiento. Eduardo Castelltort, nacido en el popular barrio barcelonés del Poble Sec, abandonó este mundo después de vivir décadas en silencio, guardando en secreto que él y sus colaboradores descubrieron la trama de los servicios nazis en España durante la Segunda Guerra Mundial. Un acto por el que fue considerado como héroe de guerra por la inteligencia norteamericana, pero cuyos detalles han permanecido durante décadas guardados entre miles de documentos secretos en los archivos NARA. Héroes anónimos de una guerra oculta por la libertad de Europa. (…)
La red Castelltort cayó a finales de febrero o durante la primera semana de marzo de 1944, fechas en las que, según todos los indicios, fue descubierta por la policía franquista, y sus integrantes dieron con los huesos en la cárcel Modelo de Barcelona bajo vagos cargos de actividades contra un régimen que no quería que trascendiera que realmente los había encerrado por espiar para los norteamericanos. Así, bajo el epígrafe espionaje norteamericano escrito en mayúsculas, el funcionario redactor informaba a un superior no identificado que acababa de ser descubierta “una red de espionaje al servicio del consulado norteamericano de Barcelona, dirigida directamente por Pierre Michel”, añadiendo que “este individuo enlazaba con Eduardo Castelltort, que es el que directamente dirigía todo el grupo”. (…) Bajo las órdenes de Castelltort, “se encontraba Martín Torrens, que era el encargado de reclutar agentes para efectuar servicios de información y vigilancia”. Siguiendo la cadena de mando, “bajo las inmediatas órdenes” de Torrens estaban José Manteca, que era el “encargado de los aparatos de radio y emisoras clandestinas”, y José Godofredo Roig, encargado nada menos que de “sacar fotografías a todos los alemanes de la Gestapo, del Servicio Militar alemán, y demás personas que el servicio precisaba para obtener fichas”.
Con los tres anteriores, que eran el eje central de la organización, colaboraban al menos otras once personas que se enumeran en la nota calificándolas de “agentes informadores”. Muchos de ellos militaban en la formación independentista Estat Català. Eran Pedro Rodríguez, Francisco Garrau, José Añó, Ignacio Soler, Luis Prat, Fulgencio López, Vicente Pla, Enrique Balaguer, Miguel Vila y añaden que había “otros más”; sin embargo, en esta ocasión sólo citan a Javier Esteller y el apellido Carrau. Su labor de espionaje fue tan importante que el autor del documento dejó escrito que “la cantidad de servicios hechos por esta red era incalculable, pues, además de haber sacado un croquis de todos los emplazamientos de las baterías costeras del litoral español y un estadillo de las fuerzas militares desplegadas en nuestro país”, también informó a los aliados del movimiento “de todos los barcos en todos los puertos españoles” y de “la producción de empresas como Elizalde e Hispano Suiza”, que en aquellas fechas fabricaban motores de aviación.

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