29/03/2009

El hombre que hizo suyo el polo Norte

Texto de Suso Pérez
El 6 de abril de 1909 ha quedado para la historia como el día en que el estadounidense Robert E. Peary dijo que había alcanzado el polo Norte. Fue la culminación de una vida entregada a ese objetivo, en lucha con otros exploradores y otras naciones que querían poner su bandera en un hito geográfico del que a comienzos del siglo XX aún se sabía bien poco. Probablemente, Peary no lo logró, pero su empeño fue tal que su nombre ha quedado unido al lugar de sus sueños.

Foto tomada por el propio Peary, muestra a los cuatro esquimales y a Matthew Henson entre ellos, en el centro, en el lugar en el que determinó que habían alcanzado el polo Norte, el 6 de abril de 1909. Sobre ellos, en el montículo, la bandera de las barras y las estrellas

Peary lideró sucesivas expediciones al Ártico desde 1886. En las primeras exploró el norte de Groenlandia y desde las cumbres más altas pudo ver que los campos de hielo del océano se perdían en el horizonte, lo que descartaba la teoría de la existencia de un mar polar abierto gracias a la entrada de una rama de la corriente cálida del Golfo, una de las poéticas hipótesis que se barajaban a finales del siglo XIX.

En su segundo viaje, en 1892, realizó uno de los hitos que llenaban de orgullo el carácter de Peary. Acompañado de Eivind Astrup, un esquiador noruego, recorrió un total de 1.770 kilómetros de la costa norte de Groenlandia en 85 días, el viaje en trineo más largo, más rápido y más eficaz que se había hecho en el Ártico hasta entonces. De vuelta a Estados Unidos, Peary recibió el reconocimiento que tanto había anhelado. Y supo sacarle partido: dio ciento sesenta y cinco conferencias en ciento tres días, cobrando hasta 2.000 dólares diarios. Con esas recaudaciones y con los donativos de admiradores ricos, pudo volver al norte rápidamente.

En 1893 estaba allí de nuevo. Y, al igual que en su primer viaje, le acompañaba su mujer, Josephine, esta vez embarazada. El nacimiento de la pequeña Marie Ahnighito fue un acontecimiento en el poblado esquimal de Etah. Todos quisieron ver al bebé de ojos azules, por entonces la criatura blanca que había nacido más al norte.

Para los esquimales, trabajar o comerciar con las expediciones de Peary, a quien llamaban Piulersuaq, formaban parte ya de su modo de vida. Para el explorador, la relación con los esquimales era de orden puramente práctico. Consideraba que su ayuda y su adaptación al medio eran imprescindibles para su conquista del norte, pero, aunque las expediciones tenían también una pretendida intención científica, nunca se preocupó de estudiar sus costumbres ni por respetar sus creencias. No aprendió su lengua, aunque sí lo hizo su ayudante, Henson, quien la hablaba con fluidez. En lo que coincidieron ambos hombres fue en tener hijos con las nativas.
Historia anterior 1 | 2 | 3 | 4 | 5 |
Le invitamos a que sea el primero en comentar esta información.

Por seguridad copia en la casilla de texto el código que aparece en la imagen inferior antes de enviar el formulario con tus datos.

captcha Escribe el código que aparece en la imagen
20 de mayo
20 de mayo
Publicidad
Buscar en