29/03/2009

El hombre que hizo suyo el polo Norte

Texto de Suso Pérez
El 6 de abril de 1909 ha quedado para la historia como el día en que el estadounidense Robert E. Peary dijo que había alcanzado el polo Norte. Fue la culminación de una vida entregada a ese objetivo, en lucha con otros exploradores y otras naciones que querían poner su bandera en un hito geográfico del que a comienzos del siglo XX aún se sabía bien poco. Probablemente, Peary no lo logró, pero su empeño fue tal que su nombre ha quedado unido al lugar de sus sueños.

Robert Peary, vestido como un esquimal, como siempre iba en el Ártico, y con un tiro de perros de trineo, en una imagen que muestra el poderío físico y la determinación de los que hacía gala el explorador estadounidense

“Me siento dominado por un deseo irresistible de hacer algo. No deseo vivir y morir sin haber realizado algo o sin ser conocido más allá de un reducido círculo de amigos.” La carta de Robert Edwin Peary a su madre cuando contaba 24 años habla más de sí mismo que la multitud de biografías que se han escrito sobre el hombre que conquistó oficialmente el polo Norte el 6 de abril de 1909, hace cien años.

Es inevitable decir oficialmente, porque las dudas sobre la situación geográfica exacta que alcanzó Peary no sólo se plantearon ya entonces, sino que en estos cien años se han afianzado. Pero también es justo decir que sus contemporáneos dieron finalmente crédito a su logro basándose en el prestigio personal que les merecía el comandante Peary, y ese prestigio, forjado en la tenacidad y el carácter de hierro del explorador ártico, no se ha diluido en este siglo.
Pese a su enorme experiencia, a los años que había dedicado a su gran objetivo, el diario de Peary apenas recogió datos concretos y fiables sobre su avance en el mar helado en esos primeros días de abril de 1909. Para su ataque final se llevó a su asistente personal, Matthew Henson, y a cuatro esquimales, Egingwah, Seeglo, Ootah y Ooqueah. Sólo él sabía hacer cálculos para situarse. En algún momento del 6 de abril, Peary dijo que había llegado al polo Norte (él afirmó que había sido por la mañana, y Henson, que por la tarde). No había tardado doce días desde el último campamento, como él mismo calculaba; ni ocho, como había previsto Robert Bartlett, el capitán del Roosevelt, su barco de apoyo, sino sólo cuatro, a razón de más de 48 kilómetros diarios sobre un terreno de enorme dificultad.
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