31/05/2009

Veinte años después

Tiananmen

Texto de Eugenio Bregolat Obiols

Tras veinte años de los sucesos de Tiananmen, China mantiene con decisión el desarrollo económico mientras contiene las reformas políticas. El entonces embajador español analiza el origen y las consecuencias de la revuelta que impresionó al mundo.

Un fotógrafo retrata a un grupo de azafatas en la plaza de Tiananmen el día de la clausura de
una conferencia política del Partido Comunista Chino, el 12 de marzo pasado

La plaza de Tiananmen. Todo empezó el 15 de abril de 1989, con el fallecimiento del ex primer ministro Hu Yaobang, el elemento más progresista de la dirección colectiva, que había perdido su cargo dos años antes, al considerar Deng Xiaoping que tenía un concepto de la reforma económica y política excesivamente avanzado. Los estudiantes de las universidades de Pekín organizaron en la plaza de Tiananmen, corazón de Pekín y de China, un homenaje al difunto. Así se convirtió la plaza en el escenario en el que estallaron las contradicciones económicas, sociales y políticas acumuladas durante una década de política de reforma económica y apertura al exterior. Deng Xiaoping dijo, el 9 de junio: “Esta tormenta tenía que ocurrir, antes o después. La interacción entre el clima internacional y el propio clima de China la hacía inevitable. La voluntad humana no podría evitarla en forma alguna”. Deng se refería a la agitación democrática en círculos intelectuales y universitarios, a las influencias exteriores que llegaban con la política de reforma económica y a los procesos de cambio político en curso en la URSS y en Europa Oriental. Como dijera el propio Deng, “al abrir la ventana, junto al aire fresco entran las moscas”.

Las causas de la crisis: las aspiraciones democráticas Deng Xiaoping era partidario de una reforma política que comprendiera medidas como desarrollo del Estado de derecho, lucha contra la corrupción, elecciones de ámbito local, etcétera, pero preservando el monopolio de poder que ostentaba el Partido Comunista. Sin embargo, grupos de intelectuales y estudiantes eran partidarios de la democracia liberal, considerándola la conclusión lógica de la apertura económica.
El homenaje a Hu Yaobang llevó de inmediato a la formulación por parte de los estudiantes de demandas de tipo político: libertad de prensa, libertad de sindicación para los estudiantes, libertad de manifestación, elecciones democráticas. Estas demandas chocaban frontalmente con el sistema político vigente y suponían su desmantelamiento. Deng Xiaoping y la vieja guardia consideraban que un partido-Estado fuerte era indispensable para hacer de China un país rico, fuerte y que no pudiera volver a verse sometido a las humillaciones del pasado reciente. La democracia liberal era percibida como un factor de debilitación, que podría conducir al caos y a la intervención de otras potencias en los asuntos internos de China.

Estudiantes chinas saludan tras colocar una corona ante el monumento a los Héroes del Pueblo
El deterioro de la situación económica. La reforma económica se inició en 1978 con la disolución de las comunas y la distribución de la tierra a los campesinos. El nivel de vida en el campo fue mejorando rápidamente. En la primavera del 89 la población rural, cerca de ochocientos millones de personas, no movió un dedo. La razón es obvia: se sentía satisfecha con la nueva política económica del partido, y las peticiones de democracia de los estudiantes no le decían nada.
Muy diferente era la situación de las masas urbanas. En 1984 se había iniciado la reforma económica en las ciudades, cuyos habitantes habían sido los grandes beneficiarios del régimen socialista bajo Mao. Las empresas o ministerios les proporcionaban vivienda, escuela, atención médica, jubilación, etcétera, ventajas de las que, en su mayor parte, carecían los campesinos. Durante los años ochenta, los habitantes de las ciudades vieron cómo, en términos relativos, empeoraba su situación: los campesinos se enriquecían, y ellos tenían que pagar los alimentos a precios crecientes.

En 1988 se decidió cortar el nudo gordiano de la reforma económica, la reforma de los precios. Los alimentos aumentaron hasta un 60% en las grandes ciudades. Hubo retiradas de depósitos de los bancos, acaparamiento de mercancías, huelgas. La República Popular nunca había conocido una situación similar. La respuesta de los dirigentes fue congelar, a finales de agosto de 1988, la reforma de precios y adoptar un plan de estabilización,Además de la inflación, otra serie de causas alimentaba el descontento. Empezaba a haber paro. Los empresarios o simples empleados del sector privado ganaban más que médicos, funcionarios o profesores de universidad. Los nuevos ricos exhibían su riqueza. Había corrupción y nepotismo. Docenas de millones de inmigrantes rurales en las grandes ciudades vivían en condiciones muy precarias, al no tener acceso a los servicios sociales. Por otra parte, la ciudadanía estaba cada vez más informada: la televisión de Hong Kong y Taiwán se veía en las provincias próximas, visitaban el país muchos chinos de estos lugares o de la diáspora. Su éxito económico era altamente subversivo: los habitantes de la República Popular podían fácilmente llegar a la conclusión de que los únicos chinos pobres eran ellos y que la causa no era otra que el sistema económico impuesto por el PCCh.

Si, como resultado de estas causas, los obreros salían masivamente a la calle protestando contra el partido, el escenario polaco, los conservadores y los militares podían poner fin al experimento reformista. Como anticipara Deng Xiaoping, la reforma urbana equivalía a “tocar el lomo del tigre”, y este podía dar un zarpazo a los reformistas, o incluso devorarlos. El descontento popular de origen económico era el barril de pólvora, las pretensiones democráticas de estudiantes e intelectuales eran la mecha, y la muerte de Hu Yaobang fue la chispa que la encendió.
Grupos de ciudadanos ante un retrato de Sun Yat-sen, fundador de la República China

La visita de Gorbachov a China El 15 de mayo, Gorbachov llegó a Pekín para poner fin a un enfrentamiento de tres décadas. La ocupación por los estudiantes del centro de la capital trastocó completamente el programa de la visita: los honores se le rindieron en el aeropuerto, y no en la plaza de Tiananmen, como estaba previsto; Gorbachov no pudo siquiera visitar la Ciudad Prohibida y tuvo que entrar en el Palacio del Pueblo por la puerta trasera y con gran retraso. Y todo ello ocurrió a la vista del mundo entero, ya que mil doscientos periodistas extranjeros habían llegado a Pekín para cubrir la visita. La humillación fue indescriptible: este hecho era, en un país de tradición confuciana, un mal presagio sobre el desenlace de la crisis.

Los estudiantes deseaban que el partido acometiera en China reformas políticas semejantes a las que Mijail Gorbachov estaba haciendo en la URSS. Los vítores a Gorbachov equivalían a descalificaciones del inmovilismo político de Deng Xiaoping. “¿Dónde está el Gorbachov chino?”, “Deng 85, Gorbachov 58 (años)”, decían las pancartas.

El 17 de mayo marcó un punto de inflexión en la crisis: ese día, más de un millón de personas ocuparon las calles de Pekín: obreros con carteles identificando sus fábricas, representantes de los medios de comunicación oficiales (con pancartas que decían: “No creáis lo que escribimos: es mentira”), funcionarios de diversos ministerios. El temido efecto de arrastre de los estudiantes sobre los obreros y las masas urbanas se había producido.

Si los dirigentes toleraron la ocupación de Tiananmen y del centro de Pekín por los estudiantes durante treinta y dos días, su repuesta a la aparición de las masas en escena fue fulminante: a las cuarenta y ocho horas, el 20 de mayo, proclamaban la ley marcial. Quedó bien claro que el partido a quien temía de verdad era a los obreros, a las masas. Los obreros, sin embargo, no llevaron la iniciativa. Se vieron en las manifestaciones pancartas como esta: “Falta un Walesa chino”. Es decir, estudiantes e intelectuales pedían democracia. Amplias capas urbanas los siguieron por el deterioro de la situación económica y la corrupción. Pero no se trataba de un movimiento obrero organizado: el único movimiento organizado fue el estudiantil. El fantasma polaco apareció en el horizonte, pero sólo fue eso, un fantasma, sin llegar a cobrar vida real en la primavera del 89 en Pekín.
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de: Richard San Martin | 29/07/2009
Los chinos estaban en la verdad, hoy están sólidos y Gorbatchov y la URSS lamentablemente ya ni existen. El comunismo de China hoy al parecer es la mejor opción.

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