15/07/2007

La hora de la justicia

11 M

Texto de Lola Salado
Fotos de Francis Tsang
Tres años después, el 11-M se ha convertido en un puzzle: las víctimas, las ayudas, el juicio, los abogados, los acusados, las asociaciones, las indemnizaciones… Pero más allá de las palabras, y sobre todo de los intereses políticos que han querido forzar la verdad, hay personas para las que la vida cambió aquel día. Esas personas son las que ahora esperan que la sentencia dé sentido a lo que ocurrió y les ayude a seguir adelante.
Cúpula de cristal en la estación de Atocha en memoria de las víctimas del 11-M.
Casi tres años de instrucción y cinco meses de vista oral cerrarán con la sentencia el juicio por el 11 M. Tras el verano, la sentencia debería ser para las víctimas de los atentados contra los trenes en Madrid el ungüento con el que restañar sus cicatrices y avanzar en sus duelos; la posibilidad de sentir justicia y continuar adelante con sus vidas, pero la evolución medi ática y política no les está ayudando. "Los juicios "explica Carlos Beristain, médico y experto en derechos humanos" son momentos muy anhelados, en los que inevitablemente vuelven a revivirlo todo, con el peligro de volver atrás" Y la táctica de ciertos sectores de sembrar la duda les rompe sus esperanzas." El significado de sus palabras bien lo comprenden las madres Carmen Aguado y Pilar Manjón, y los grandes heridos Laura Jiménez y Antonio Miguel Utrera, los cuatro víctimas del 11-M y los cuatro con reacciones diferentes frente al juicio, aunque con un igual sentir: desasosiego y esperanza. Esperanza en que se haga justicia, y desasosiego por las "teorías conspirativas". Según Beristain, a los más vulnerables se les está haciendo mucho daño. "Los procesos judiciales no están pensados para protegerlos, sino para juzgar a los acusados.

Lo que para un abogado es un alegato, para una víctima puede ser otro golpe. Lo que para un juez es una sentencia, para una víctima es su razón de vivir." El filósofo José Antonio Marina añade: "Tendríamos que ser muy cuidadosos con las personas que sufren. El sufrimiento es desquiciante y absorbente ". En su último libro, "Anatomía del miedo", analiza los estragos que causa el miedo en las personas, y en concreto el del terrorismo. Un mes antes de las fechas señaladas, sobre todo de los aniversarios, pero tambi én de las Navidades, vacaciones, cumplea ños, días del padre, de la madre, etcé- tera, la vida de muchos afectados tiende a paralizarse. "Cuando llega febrero, comienza la cuenta atrás", sentencia Laura. Y, para colmo, en el 2007 las víctimas del 11-M se han juntado con demasiadas celebraciones: el tercer aniversario con la inauguraci ón del monumento de Atocha, el inicio del juicio, las elecciones y, siempre de fondo, el juicio paralelo en los medios, con especial virulencia en internet. "Lo he pasado mal.

Con el tercer aniversario y el juicio, los medios no me dejan en paz, me han llamado 500.000 veces, hasta me han ofrecido dinero. Les toca un pie cómo estés con tal de que salgas en su programa y des mucha lástima. ¡Me j" que me miren con un "pobrecita " en la cara! Y me j" porque me lo he currado muchísimo y estoy muy contenta de mí misma." Laura decidió no ir ningún día al juicio, ni seguirlo informativamente; no ha querido pagar el estrés emocional que le hubiera acarreado. "La política pone su manto y tienes que opinar blanco o negro. Lo único que quiero es que hablen los jueces y callen todos." Antonio tampoco lo ha seguido, excepto en lo que por vivir en este país es inevitable y porque fue una de las víctimas que declar ó ante el juez Bermúdez. Su "baile de son ámbulos" dio titular, en las siguientes horas, a medios electrónicos y ediciones de papel. Pero ni él ni sus padres son de los que se conocen el sumario al dedillo. Es más, por no estar al tanto, ni siquiera conocen los nombres de los procesados. (Mientras se desarrollaba esta entrevista, su madre a Trashorras le cambió el apellido por "Sozorra", pero no por insultar, sino porque no se lo sabía.)

Antonio cuenta que se retiró muy pronto de los blogs y de determinados medios de comunicación. "Me ponía de mala leche cuando leía "soy un friki del 11-M"; si les hubiera tocado, no serían frikis. Para ellos es un juego de estrategia; sólo les falta sacarlo para la Playstation, con un "pon bombas sin que te pille la poli". Es insultante. Me duele tanta frivolidad." Y lo único que les puede aliviar es justicia, sin tantas dudas y sospechas, pero se la están negando. "La manipulación y resultante división de las víctimas" "dicen" es lo peor que les ha sucedido después del 11-M. Al resto de colectivos también les duele, sólo que para ellos "grandes heridos, familiares, personas más jóvenes" es más fácil mirar adelante. De hecho, lo hacen. Excepto en vistas señaladas, la sala raramente se ha llenado y en su mayoría ha dado asiento a madres y familiares de los 191 fallecidos. Lógico para Beristain: "Un duelo necesita entre doce y dieciocho meses en condiciones normales; pero por un hijo, con muerte violenta y gran manipulaci ón, el tiempo se puede detener. Un 15% de los afectados vive con el riesgo de que su duelo se haga crónico. Para ellos tres años no es nada".

El Bosque de los Ausentes, al lado de Atocha, acoge 192 cipreses y olivos, en memoria de las víctimas del atentado y del geo que falleció en el asalto al piso de Leganés.

“Las teorías conspirativas se han deshecho en el juicio, aunque haya quienes siguen erre que erre”, opina Antonio Miguel Utrera, otro de los heridos, quien no cree que rectifi quen ni cuando se dicte sentencia.
Carmen no perdona; confiesa que el juicio y los medios la tienen desquiciada, pero no sabe distanciarse. "Odio al PP por sembrar la duda y la sospecha entre las víctimas, y a Telemadrid por cómo trata el juicio. Es infame y a mí me parten por la mi tad." Durante estos meses, sólo ha ido un día al juicio. En su caso, más que suficiente: "Tenía un nudo en el estómago y tembleques de verlos en la cabina. Yo pensaba: mi hijo está muerto, un hijo bueno, inteligente que sólo quería ser mejor persona. Y esa g" ahí, sin estudios, ignorantes, fanáticos. Mira, cuando acabó les dije de todo. Me tuvieron que sacar en volandas". A Pilar su liderazgo al frente de la entidad con más asociados de este atentado le está valiendo el odio y las amenazas tanto de los "conspiracionistas" como de los islamistas, con lo que esto le supone en el día a día. La fuerza, según dice, le nace de su promesa ante la tumba de su hijo: justicia.

Hoy por hoy, vive entregada a la asociación y al juicio. "He tomado una opción muy personal y el resto de la vida sólo me roza." Sobre el juicio y el 11-M lo sabe todo, lo lee todo, lo investiga todo. Es una de esas madres que no se ha perdido un segundo; no quiere que nadie se lo interprete. Al juez Javier Gómez Bermúdez, presidente y ponente, ha sido fácil imaginárselo como un maestro zen a ratos y como un samurái en otros. Su cabeza rapada y su toga negra han ayudado, pero sobre todo su atención despierta, su mente afilada, su palabra certera y su acción directa. Siempre enfocado en la búsqueda de la verdad, no ha permitido que la vista oral se desviara más de lo imprescindible. Tanto este juez como sus compañeros en el tribunal, Félix-Alfonso Guevara Marcos y Fernando García Nicolás, como los fiscales se han ganado el respeto y la confianza de la mayoría de las víctimas, los verdaderos testigos del daño. Prueba de ello es que hasta Carmen confía: "Me infunde mucho respeto el señor Bermúdez. Un tío con narices. Tajante y corta. Actuará por sus fueros ".

Porque, como dice Antonio: "Sabe que no es cualquier juicio. Y, además, mira a los ojos". Pero con lo que han visto y oído en el juicio, a muchos afectados el cumplimiento integro de las penas, 40 años, se les queda corto. Durante la vista del 17 de abril, varias de las víctimas reclamaron ante el juez Berm údez cadena perpetua para los acusados y responsabilidades políticas al anterior Ejecutivo, aunque a Antonio y a su familia les valdría con "que desaparecieran de la política. La responsabilidad que se les pide es que tengan vergüenza por las mentiras, pero no porque sucediera. Ni tan siquiera nos han pedido perdón". Laura y muchos otros prevén que la vida política y mediática no va a permitir que el 11-M se cierre, a pesar de los esfuerzos del ministerio fiscal. Antonio tampoco cree "que [los alentadores de las conspiraciones] rectifiquen ni cuando haya sentencia".

Pero al contrario que Carmen, está seguro de que este juicio "servirá de algo. Es mi esperanza. Yo no tengo dudas, los fiscales han demostrado que no hay ninguna conexión, ni indicio diferente a la mano de Al Qaeda, lo que ya se ha demostrado en el juicio. Las teorías conspirativas se han deshecho, las han desmontado, aunque haya quienes siguen erre que erre". Carmen, en cambio, tiene la obsesión de que "no se va a sacar nada en limpio. El que juzguen a éstos no soluciona nada. Hay que pedir responsabilidades políticas. Esto no se puede quedar así. Es lo que piensa la gente".

Andén de cercanías en la estación de Santa Eugenia.

“Me alienta saber que ahora Irene Villa no cambiaría nada de su vida. Se asume y se gusta tal y como es. Eso es lo que quiero”, confi esa Laura Jiménez.
A su cuerpo le han comenzado a sonar las alarmas, desde que esa noche en el Ifema se desplom ó con los efectos del fármaco que le suministraron. Hoy su salud no hace más que manifestar achaques. Pero Carmen no quiere renunciar a lo único que le queda: "Tengo una familia. Enfermar, no puedo". Su sentido de la responsabilidad le exige seguir adelante. Y Pilar, mientras los asociados quieran "y por ahora quieren" continuar á también exigiendo justicia para su hijo y para todas las víctimas. Tanto Antonio como Laura son muy apreciados por los colectivos de madres. Cuando les ven, ven a sus hijos" Y más de una les ha dicho eso de: "Ojalá, mi hijo (o hija) hubiera quedado como tú".

A Laura en su día el comentario la dejó pensando: "Después de muerto, lo siguiente peor que te puede pasar es estar como yo". Y los dos, con la ayuda de sus familias, han puesto sus vidas en primer plano con sobresaliente, ni más ni menos que directamente proporcional a sus esfuerzos. Aun así, Laura tiene días que puede con todo y días que todo la puede. "Días que me acuesto superorgullosa de mí y otros que el miedo me deja en casa. Todavía no he sido capaz de ir sola al supermercado y soy el chófer de la familia. Pero si pienso en hacerlo sola, me bloqueo; me da miedo y no sé a qué"" Lo bueno de Laura es que a sus miedos internos contrapone sus mejores sueños. No quiere ser "la de la bomba", como un día escuchó a unas señoras en la calle. Quiere ser soberana de su vida. El camino hacia esa meta la tiene en una nueva encrucijada: la maternidad o retomar viejos sueños. Su reloj biológico ya sonó en el 2004, estaba embarazada cuando casi la matan.

"Lo deseo muchísimo, pero los médicos me lo desaconsejan." Cuando profundiza se da cuenta de que las incógnitas sobre cómo llevaría un embarazo todavía son muchas. Por otro lado, vivir un año o dos en otro país es uno de los sue- ños que de estudiante no pudo hacer realidad, como ser Erasmus. "En esa época es tudiaba y ayudaba a mi madre en el bar; no tuve la oportunidad. Y ahora podría ser el momento y la forma de vencer mis miedos." Antonio no le tiene miedo a nada; bueno, sí, a una cosa: "A no volver a tener amigos "". Pero esa posibilidad entra más en el campo de sus miedos psicológicos que reales. Sí, tiene una hemiplejia y eso, como dir ía Laura, "resta puntos", pero la solución le sale sola: "Me arreglo más que mis amigas. Y si hay que tirarse un farol, me lo tiro". Laura y Antonio han avanzado tanto que no pueden dejar de soñar. Antonio y sus padres, con las investigaciones con células madre. Y Laura, con andar. Cuenta que cuando está muy hundida, llama a Irene Villa.
 
"Me ayuda muchísimo. Nada más conocernos, me contó que en sus primeros tiempos lo que más deseaba era tener sus propias piernas; yo en cambio lo que más deseo es andar, con las mías o como sea. Me alienta saber que ahora Irene no cambiar ía nada de su vida, se asume y se gusta tal y como es. Y eso es lo que quiero, que llegue el día en que no quiera cambiar nada de mi vida" Cuando hablamos, las limitaciones desaparecen de mi cabeza.
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