13/01/2008
Los Borja, sin secretos
Texto de Salvador Enguix
Verificar o desmentir la leyenda negra que pesa sobre la polémica y apasionante familia valenciana es el objetivo de los historiadores que han comenzado a bucear en miles de documentos, hasta ahora secretos, del archivo vaticano

Lucrecia Borja (1480-1519), en una obra de Pinturicchio que se conserva en el Vaticano
Maria Toldrà, coordinadora del comité científico del IIEB, que lleva meses trabajando en los legajos vaticanos, califica de “excepcional” este archivo: “Además de la documentación propia del pontificado, en el Archivo Secreto Vaticano se conserva una parte de la correspondencia privada de Alexandre VI con sus hijos, parientes y servidores de confianza”. Está formada por cartas originales recibidas, minutas y anotaciones personales del pontífice, al lado de otros documentos de tipo oficial como, por ejemplo, algunas cartas a los Reyes Católicos.
De lo visto hasta ahora por los investigadores, si hay algo incuestionable en los Borja es su pasión y amor por la familia. Por eso ya no caben dudas de que el nepotismo fue, al respecto, norma desde el ascenso de Calixt III, cuyo papado fue breve (1455-1458), para beneficio de sus sobrinos. Uno de ellos, Roderic de Borja, fue Papa de la Iglesia durante doce años: “Es hermoso, de rostro alegre y aspecto risueño, tiene una manera de hablar elocuente y meliflua, que cautiva a todas las mujeres distinguidas que ve”, diría de él su maestro y protector de juventud, el humanista Gaspar de Verona. Y sobre su papado se construiría la leyenda negra a partir de las acusaciones lanzadas por Giovanni Sforza, a quien Alexandre VI acusó de “impotente” para anular el matrimonio, por razones políticas, con su hija Lucrecia. Muchos enemigos alimentarían con historias, unas cercanas a la verdad, otras pura fantasía, el odio hacia este personaje y su familia, hasta lograr que decir que algo es borgiano incorpore en el ideario colectivo las ideas de la maldad, de la intriga, de lo inmoral.
En las cartas inéditas de la documentación vaticana de Alexandre VI se confirma esta enorme preocupación e inquietud por sus hijos. Tuvo nueve, aunque su mayor dedicación fue a los que nacieron de Vanozza Cattanei: César, Joan, Lucrecia y Jofré. Con rigor, nadie duda hoy en día de que quiso hacer llegar a lo más alto del poder político y eclesiástico a sus hijos; y que Lucrecia fue un instrumento al servicio de un padre que fue, antes que nada, un político, un gran hombre del Renacimiento, y no tanto un hombre de la Iglesia. Llegó a ser Papa contra pronóstico, aprovechando la falta de unidad de los cardenales (divididos entre su apoyo a Juliano della Rovere y Ascanio Sforza). Pero su nombramiento despertó grandes simpatías porque se trataba, ante todo, de un gran estadista, capaz de defender los intereses políticos de una Iglesia que se enfrentaba a muchos enemigos, dentro y fuera.
Con el tiempo, su manera de elevar a los lugares clave a sus hijos y a sus hombres de confianza –valencianos, catalanes y mallorquines–, y sus métodos para enfrentarse a las familias más poderosas de Italia y a las monarquías de España y Francia, acabaron dañando su imagen. Ahora la documentación vaticana ofrece la oportunidad de reconocer y reforzar también los méritos, tanto de Alexandre VI como Calixt III. Se puede reconstruir su actividad como papas, conocer con exactitud las grandes decisiones que adoptaron tanto para el gobierno de los Estados Pontifícios como en la dirección espiritual de la Iglesia, que siempre ha quedado en segundo plano frente la actividad política. Pero fueron ellos los que fomentaron la piedad popular y la defensa de la ortodoxia de la fe, sanearon las finanzas de la Iglesia, y el segundo papa Borja redactó las famosas bulas alejandrinas o Inter cetera el 3 y 4 de mayo de 1493, con las que el Papa concedía a los reyes de Castilla y Aragón las nuevas tierras descubiertas más allá del Atlántico a condición de que las evangelizaran. El Archivo Secreto Vaticano descubre la vida privada de Alexandre VI y contiene lo que Batllori calificó de “la serie de cartas catalanas privadas más copiosa y más importante, desde el punto de vista literario e histórico, de los años anteriores a la gran decadencia del catalán literario”.
El trabajo no ha hecho más que comenzar, y se prevé largo y duro. Pero todos los consultados reconocen que la aproximación a esta familia a partir de estos documentos provoca una enorme curiosidad y excitación intelectual. Tal vez se vuelve a cumplir aquello que dijo el mejor de los historiadores del papado, Ludwig von Pastor, sobre los Borja: “No están libres de pasión los juicios de los más graves y sensatos historiadores”. “Ahora, concluye Navarro, veamos toda la verdad, sin secretos.”
De lo visto hasta ahora por los investigadores, si hay algo incuestionable en los Borja es su pasión y amor por la familia. Por eso ya no caben dudas de que el nepotismo fue, al respecto, norma desde el ascenso de Calixt III, cuyo papado fue breve (1455-1458), para beneficio de sus sobrinos. Uno de ellos, Roderic de Borja, fue Papa de la Iglesia durante doce años: “Es hermoso, de rostro alegre y aspecto risueño, tiene una manera de hablar elocuente y meliflua, que cautiva a todas las mujeres distinguidas que ve”, diría de él su maestro y protector de juventud, el humanista Gaspar de Verona. Y sobre su papado se construiría la leyenda negra a partir de las acusaciones lanzadas por Giovanni Sforza, a quien Alexandre VI acusó de “impotente” para anular el matrimonio, por razones políticas, con su hija Lucrecia. Muchos enemigos alimentarían con historias, unas cercanas a la verdad, otras pura fantasía, el odio hacia este personaje y su familia, hasta lograr que decir que algo es borgiano incorpore en el ideario colectivo las ideas de la maldad, de la intriga, de lo inmoral.
En las cartas inéditas de la documentación vaticana de Alexandre VI se confirma esta enorme preocupación e inquietud por sus hijos. Tuvo nueve, aunque su mayor dedicación fue a los que nacieron de Vanozza Cattanei: César, Joan, Lucrecia y Jofré. Con rigor, nadie duda hoy en día de que quiso hacer llegar a lo más alto del poder político y eclesiástico a sus hijos; y que Lucrecia fue un instrumento al servicio de un padre que fue, antes que nada, un político, un gran hombre del Renacimiento, y no tanto un hombre de la Iglesia. Llegó a ser Papa contra pronóstico, aprovechando la falta de unidad de los cardenales (divididos entre su apoyo a Juliano della Rovere y Ascanio Sforza). Pero su nombramiento despertó grandes simpatías porque se trataba, ante todo, de un gran estadista, capaz de defender los intereses políticos de una Iglesia que se enfrentaba a muchos enemigos, dentro y fuera.
Con el tiempo, su manera de elevar a los lugares clave a sus hijos y a sus hombres de confianza –valencianos, catalanes y mallorquines–, y sus métodos para enfrentarse a las familias más poderosas de Italia y a las monarquías de España y Francia, acabaron dañando su imagen. Ahora la documentación vaticana ofrece la oportunidad de reconocer y reforzar también los méritos, tanto de Alexandre VI como Calixt III. Se puede reconstruir su actividad como papas, conocer con exactitud las grandes decisiones que adoptaron tanto para el gobierno de los Estados Pontifícios como en la dirección espiritual de la Iglesia, que siempre ha quedado en segundo plano frente la actividad política. Pero fueron ellos los que fomentaron la piedad popular y la defensa de la ortodoxia de la fe, sanearon las finanzas de la Iglesia, y el segundo papa Borja redactó las famosas bulas alejandrinas o Inter cetera el 3 y 4 de mayo de 1493, con las que el Papa concedía a los reyes de Castilla y Aragón las nuevas tierras descubiertas más allá del Atlántico a condición de que las evangelizaran. El Archivo Secreto Vaticano descubre la vida privada de Alexandre VI y contiene lo que Batllori calificó de “la serie de cartas catalanas privadas más copiosa y más importante, desde el punto de vista literario e histórico, de los años anteriores a la gran decadencia del catalán literario”.
El trabajo no ha hecho más que comenzar, y se prevé largo y duro. Pero todos los consultados reconocen que la aproximación a esta familia a partir de estos documentos provoca una enorme curiosidad y excitación intelectual. Tal vez se vuelve a cumplir aquello que dijo el mejor de los historiadores del papado, Ludwig von Pastor, sobre los Borja: “No están libres de pasión los juicios de los más graves y sensatos historiadores”. “Ahora, concluye Navarro, veamos toda la verdad, sin secretos.”
de: SANPATX | 02/12/2008
ME GUSTARIA QUE PUDIERAN DESMENTIR LA HISTORIA QUE CUENTAN EN LA PELICULA QUE REALIZARON LOS DE ANTENA 3. NO SOLO HACIAN ESAS BARBARIES, TAMBIEN HICIERON MUCHO BIEN, PERO A LO VISTO NO LES INTERESA CONTAR LO BUENO DE LAS FAMILIAS, SOLO LO MALO.
de: BeGo | 12/01/2008
Es apasionante la historia de esta familia!








