11/05/2008

La guerrilla que soñó con derrotar a China

Tíbet

Texto de Rafael Poch
Hace medio siglo, después de que la resistencia armada tibetana fuera aplastada por los chinos
en Tíbet, la CIA organizó una guerrilla de 2.400 hombres en Mustang, un remoto y aislado valle
de Nepal fronterizo con Tíbet. Aquella base de operaciones se mantuvo durante catorce años, hasta 1974, y contó con el consentimiento del Dalai Lama. Esta es la primera parte del viaje al escenario de este ejército secreto del Himalaya.

Un grupo de rebeldes tibetanos hecho prisionero por el ejército chino entrega las armas, el 11 de abril de 1959

El propio gobierno de Lhasa se refería a la relación con China como “la del monje y el patrón”, lo que reconocía un protectorado
El TÍbet de los años cincuenta
En los cincuenta, los tibetanos se dividían entre los que vivían en el Tíbet político, el reino gobernado por el Dalai Lama (U Tsang, o Tíbet Central, con centro en Lhasa), y los que lo hacían en el Tíbet etnográfico, las amplias zonas del este y nordeste que quedaban entre el Tíbet Central y las zonas de población china. Ese Tíbet etnográfico era tan grande como el Tíbet Central y estaba dividido en dos zonas culturales y linguísticas. Una era Kham, en el este, que comprendía zonas de las actuales provincias chinas de Sichuan y Yunan, y la otra era Amdo, hoy repartido administrativamente entre las provincias chinas de Qinhai y Gansú.
En los cincuenta, este Gran Tíbet era un mundo arcaico, aislado y sumamente inconsistente. Amdo y Kham estaban divididos en pequeños principados, nominalmente bajo autoridad de China (una China sumida en quiebras dinásticas, revoluciones, ocupación extranjera y guerra civil), pero en realidad administrados en el día a día por jefes tradicionales, completamente autónomos y ajenos al gobierno de Lhasa, que no tenía ni control ni jurisdicción sobre ellos. El Tíbet político, de Lhasa y el Dalai Lama, se había quedado encerrado en su concha, al margen de los nuevos tiempos. Tsering Shakya, el principal historiador del Tíbet moderno, explica que aquella sociedad atávica carecía de conciencia nacional (los desastres chinos se encargaron luego de forjarla) y de respuestas para el terremoto que se le avecinaba.
El plan de la nueva China era relativamente cuidadoso; ocupar las zonas de Amdo y Kham sin gobierno, donde la autoridad estaba disuelta entre líderes tribales y de clanes locales y esporádicos funcionarios chinos, y preparar gradualmente una región autónoma de Tíbet en la zona controlada por el gobierno de Lhasa. Con el tiempo, todos esos buenos propósitos se hundieron en el contexto de la ignorancia, el fanatismo y la guerra fría de aquellos años.En octubre de 1950, las tropas chinas entraron en Amdo y Kham, sin apenas resistencia, y a continuación se iniciaron negociaciones para la “reincorporación de Tíbet a la Madre Patria”. En la comunidad internacional, nadie consideraba a Tíbet un país independiente. Si la soberanía es algo que se define en relación con el exterior, Tíbet no tenía relaciones exteriores y vivía en un completo estado de aislamiento. Entre los notables tibetanos, no llegaban a la docena los que habían visitado alguna vez el extranjero, se desconocía qué era la ONU, el derecho internacional o los motores de explosión. El Foreign Office británico consideraba “muy poco claro” el estatuto legal de Tíbet, y Nheru no discutía su pertenencia a China. El propio gobierno de Lhasa se refería a la relación histórica de Tíbet con China como “la del monje y el patrón”, lo que reconocía cierto protectorado. La mejor descripción de la época corresponde al ministro de Exteriores de la nueva India, Bajpai: “Nuestro gobierno reconoce que la influencia y el control chino sobre Tíbet han fluctuado de acuerdo con la fortaleza del régimen que estuviera en el poder. Gobiernos chinos débiles perdieron casi toda su influencia sobre Tíbet, los fuertes la recuperaron”. De acuerdo con esa ley, el control de Tíbet por parte de la pujante China maoísta era ineludible, y de lo que se trataba era de negociar un vínculo lo menos malo posible para la identidad tibetana.
En octubre de 1951, el gobierno tibetano se vio forzado a aceptar la incorporación a China. Los problemas empezaron cuando los chinos comenzaron a introducir reformas en Kham, a partir de mediados de los cincuenta. Su primera medida fue la confiscación de armas y los intentos de convertir a los nómadas en sedentarios. La colectivización que siguió disparó las revueltas en Gansú, Sichuan y Yunan. No se luchaba por el Tíbet, sino por defender la localidad de uno, su monasterio, su familia y su ganado, y  contra una imposición extranjera, desastrosa e inadmisible desde todos los puntos de vista de la tradición local y el orden tradicional.
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de: Gabi Martínez | 26/05/2008
Un estupendo reportaje para contextualizar un conflitco sobre el que se habla demasiado sin saber.
20 de julio
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