03/01/2010

Julio Palencia

El héroe olvidado

Texto de Eduardo Martín de Pozuelo
El embajador de España en Bulgaria durante la Segunda Guerra Mundial, Julio Palencia, salvó la vida a cientos de personas perseguidas por los nazis y se jugó la suya propia al adoptar a los hijos de un sefardí ejecutado en un calabozo. Su nombre ha sido propuesto en Israel para recibir el reconocimiento de Justo entre las Naciones.

Cludy Arié Palencia aparece tras el brazo alzado de la novia en la boda de una prima en Buenos Aires

José Rojas Moreno, embajador en Rumanía, también evitó centenares de deportaciones colocando en las casas el letrero “aquí vive un español”
La respuesta de Palencia al ministro Gómez Jordana no se hizo esperar: “Referente a su N. º24 (la nota anterior). Tras seguir los consejos de dos renombrados abogados en Sofía, uno de ellos un
ex ministro de Justicia, he adoptado a dos niños de 17 y 19 años, hijos del sefardí Arié, condenado a muerte y cuya sentencia ha sido considerada en general injusta y debida enteramente a su origen judío. Por tanto, es inadmisible decir que la adopción por mi parte de dos menores que pertenecen a una raza que el gobierno búlgaro desea hacer desaparecer del país es una acción incorrecta que requiera una queja. Yo no he pedido un pasaporte diplomático para (ilegible) sino sólo una tarjeta de identidad (…)”.

Entonces los alemanes decidieron detener a los Arié aunque fueran hijos de un español. Julio Palencia se dio cuenta de que su vida también corría peligro y envió un nuevo telegrama a Madrid, argumentando que era un deber humanitario y de buen cristiano salvar la vida de inocentes, al tiempo que pedía que le sacaran rápidamente de Bulgaria. Gómez Jordana contestó el 26 de julio. Juzgue el lector la respuesta: “Secreto. Descifrar personalmente (…) Dejando a un lado el aspecto humanitario y de caridad cristiana al que hace referencia, considero que debería haber prevalecido su posición como representante acreditado en Bulgaria y debería haberse abstenido de cualquier acción que el gobierno búlgaro hubiera podido temer como de oposición. A la vista de la necesidad patente de su traslado, siento informarle de que el puesto que menciona está cubierto (…)”. Mientras, los nazis le calificaron de “fanático antialemán” y de “amigo de los judíos”, consideración mortal en aquel tiempo, por lo que fue declarado persona non grata en Bulgaria.

A partir de este punto todo era oscuridad a la que ha arrojado luz Miguel Askenazi, el único pariente vivo de los Arié-Palencia, residente durante décadas en Argentina y en la actualidad en Tel Aviv. Miguel es, o, mejor dicho, era primo de Cludy y de René Arié-Palencia, los jóvenes adoptados por don Julio, como él mismo se refiere al valiente embajador, que también entregó un pasaporte español a Rachel, viuda del asesinado, de soltera Behar, nacida en Lyon y que hablaba ladino, como toda la familia Arié.

Con la Gestapo literalmente en los talones, Julio Palencia logró que sus nuevos hijos y Rachel Behar llegaran a Rumanía, donde se refugiaron en casa de Abraham Arié, hermano del asesinado y abuelo de Miguel Askenazi. La casa era una de las consideradas españolas y por lo tanto inviolables por los nazis. El caso es que en Rumanía estaba otro héroe, José Rojas Moreno, embajador de España en Bucarest, que igualmente denunció ante Madrid la persecución que sufrían los judíos y, actuando por su cuenta, impidió centenares de deportaciones colocando un letrero en trescientas casas habitadas por judíos que decía “aquí vive un español”, lo que frenó la detención de sus ocupantes, a los que también suministró alimentos.

Pero la guerra es cruel, y René Arié-Palencia murió en un bombardeo en 1945, al final del conflicto. Cludy, una mujer muy bella, como se puede apreciar en las fotos del álbum de familia, se enamoró de un primo con el que se casó. Durante un tiempo esperaron en Rumanía a que las cosas mejorasen, pero el nuevo régimen comunista propició que los Arié se fueran del país en 1948. Recalaron en Milán después de un duro periplo europeo. Nadie los quería. Desde la ciudad italiana lograron un permiso de residencia en Argentina, donde se establecieron. A principios de los años 60, Cludy se divorció sin haber tenido descendencia y en 1982, a los 56 años, murió de un ataque al corazón. Cludy y su familia, incluido Miguel, el superviviente, sentían un profundo amor por don Julio Palencia, a quien consideran un ángel. De Palencia poco se sabe, excepto que falleció en 1952. De Bulgaria regresó a España perseguido por los nazis y el ministro le castigó por su acción. Un castigo que debe de durar todavía, ya que en su ministerio no le recuerdan.
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de: Arturo Canario | 04/04/2010
Que se acuerden de este Sr tan honorable, el gobierno Español y por lo menos que le hagan un homenaje y pongan su nombre en una calle para recuerdo de su gran humanidad.
de: Duilio García Arnó | 04/01/2010
Fantástico reportaje, valiente, profundo, sin ambigüedades.
de: Susana Terrat Stendig | 03/01/2010
Ay la virgen!!!!!!!!!!!!!! Si la señora que está en medio es mi tía.
de: Atilio Pozobonco | 01/01/2010
Maravilloso reportaje. Notable gesta la de Palencia, y bello gesto el de la Fundación Wallenberg que promueve su nombre a las alturas de la historia. Bien merecido lo tiene Don Julio, héroe español olvidado, ahora recordado por La Vanguardia y la precisa pluma del periodista Eduardo Martín de Pozuelo.
de: Susana Marengol | 31/12/2009
Qué historia tan conmovedora! Sin duda, Julio Palencia fue un gran heroe de la humanidad! Un verdadero orgullo para España. Felicitaciones al Sr. Martin de Pozuelo por revelar tan maravillosa historia y otras tantas para la Fundacion Wallenberg, cuya inigualable tarea educativa para demostrarnos que el Holocausto creó héroes de la talla de Julio Palencia.

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