23/12/2007

Especial 2007

El Mundo de Bush entra en crisis

Texto de Xavier Batalla
EL FRACASO DE LA GUERRA El mundo ha vivido en el 2007 otro año turbulento. El régimen iraní, lejos de hundirse, se ha crecido; los conflictos en el mundo árabe se han multiplicado, y el terrorismo de Al Qaeda ha seguido golpeando. Desde Palestina hasta Afganistán, el año 2007 se cierra, sin embargo, con llamamientos a la negociación. ¿Positivo? Las propuestas para abrir negociaciones subrayan el fracaso de la militarización con la que los neoconservadores creyeron que podían cambiar el mundo

Una mujer muestra sus manos pintadas de rojo ante la secretaria de Estado Condolezza Rice cuando acudía al Capitolio a informar sobre Iraq, Irán y el conflicto palestino-israelí

El laberinto pakistaní
Iraq tenía una dictadura; Pakistán tiene dos: la de los militares, que han dado cuatro golpes desde la independencia, en 1947, y la del integrismo islámico, que a menudo ha pactado con el presidente Musharraf, alérgico a los partidos tradicionales, por lo general prooccidentales o al menos no tan antioccidentales. Pero Pakistán se convirtió en un aliado de Bush contra el terrorismo.
Los servicios secretos pakistaníes crearon a los talibanes, aunque no lo hicieron por una cuestión religiosa. La actual divisoria entre Afganistán y Pakistán, la línea Durand, nunca ha sido reconocida por los gobiernos afganos, que no renuncian a la provincia pakistaní de la frontera noroccidental, habitada por pastunes, la etnia mayoritaria en Afganistán, y granero de los talibanes. Y Pakistán, temeroso por su integridad territorial después de perder Cachemira y Bangladesh
(ex Pakistán Oriental), colaboró en la creación del régimen talibán porque consideró que tendría de vecino a un gobierno de fundamentalistas religiosos, no de nacionalistas que reclamarían territorios pakistaníes.
La caída del talibán tampoco fue ajena a Pakistán. Musharraf cambió de bando y ha hecho mucho por la Administración Bush. Prestó el suelo pakistaní para golpear al talibán; cerró centenares de madrazas o escuelas religiosas donde los jóvenes no son educados en el cariño a Occidente; ilegalizó partidos islamistas que, una vez clandestinos, han vuelto a brotar como hongos, y tendió la mano a India, el histórico enemigo. Pero, al final, Pakistán ha acabado convirtiéndose en un grave problema para Washington. A finales del 2007, Musharraf fue reelegido presidente y renunció a la jefatura del ejército, pero el país se sumió en una crisis que dificulta la transición a la democracia que Washington pide que se negocie. La cuestión está en saber si el ejército, que es un Estado dentro del Estado, permitirá dar un brochazo democrático al régimen con una victoria electoral de Benazir Bhutto, la ex primer ministra prooccidental que regresó al país después de casi nueve años en el exilio. Pakistán, pase lo que pase, seguirá siendo el huevo de la serpiente.
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