13/01/2008

En el oasis kurdo

Texto de Tomás Alcoverro
Fotos de Bryan Denton / Cordon Press
La riqueza petrolífera, la protección de Estados Unidos y otros países occidentales y el ambiente de seguridad han impulsado un desarrollo espectacular de la zona autónoma kurda del norte del maltrecho Iraq. La construcción ha adquirido un ritmo vertiginoso, y algunos ciudadanos sueñan ya con convertirse en un nuevo Dubai
Shwan al Mulla, propietario de una empresa constructora iraquí, habla por teléfono en medio de las obras del nuevo parque industrial de Irbil, en el Kurdistán iraquí
Turcos, árabes, estadounidenses y libaneses han sido atraídos por esta suerte de Far West para construir con las ganancias de los controvertidos pozos de petróleo

Con el Tapiz Volador, en una avioneta de dieciocho plazas de una compañía libanesa, llegué procedente de Beirut al flamante aeropuerto de Irbil, capital de la región autónoma del Kurdistán iraquí. Los libaneses se han volcado en los negocios de la construcción, de las comunicaciones, la banca, la educación, en este territorio que goza casi de independencia y es un frágil país en espectacular expansión. Únicamente la bandera roja, blanca con un sol resplandeciente, y verde del gobierno autónomo del Kurdistán ondea sobre el aeropuerto internacional de Irbil. Aún sin tiendas de la zona franca, sólo con algunos carteles de cigarrillos Davidoff y del American Village con su leyenda al pie: “Las villas más exclusivas de la ciudad”, sus brillantes suelos de mármol reflejan las luces empotradas del vacío vestíbulo. Todo es pulcro en este aeropuerto construido por los turcos. Dos empleadas vestidas con blusa y pantalón se encargan discretamente de supervisar los equipajes. A la salida del pabellón de viajeros, los taxis de los mismos colores calabaza y blanco de Bagdad transportan, con tarifas fijas, a los visitantes de la capital.
“En unos años, Irbil será como Dubai”, me dice, confiado y satisfecho, uno de los primeros kurdos con los que hablé apenas desembarcado del avión. Cerca de las pistas de aterrizaje se eleva un grupo de altos edificios recién construidos y ascienden al cielo estructuras de otros que están en marcha. Sólo la antigua ciudadela, que remata una colina que recuerda la de la ciudad siria de Alepo, moderna y medieval, se salva de esta impulsiva ascensión de los nuevos edificios que emergen sobre los monumentos de esta plana ciudad del norte del Kurdistán. Irbil se ha convertido en muy pocos años en Eldorado de los negocios inmobiliarios. El aeropuerto internacional, las carreteras, la universidad, lujosos complejos residenciales, centros comerciales, un parque municipal con arriates de rosas y un pequeño canal, en donde fue erigido un monumento a la memoria de los noventa y ocho ciudadanos asesinados en dos atentados terroristas hace dos años, han sido edificados por compañías extranjeras. La ambición del Gobierno kurdo es hacer de su capital, una ciudad que fue próspera en el legendario tiempo de la seda, un nuevo Dubai en el próximo cuarto de siglo. Su presidente, Masud Barzani, descendiente del heroico caudillo feudal nacionalista Mustafa Barzani, cabeza de las primeras insurrecciones kurdas, expresa a menudo esta ambición en estos inagotables espejismos de Oriente.

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de: Jose Lana Miranda | 19/01/2008
Hola, después de ver vuestro reportaje sobre el oasis kurdo me interesaría poder ir a trabajar. Soy profesional de la construcción y realizo todo tipo de trabajo relacionado con el oficio.Gracias por su atención.
31 de agosto
31 de agosto
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