13/04/2008
Entre el cielo de la fe y la tierra de la política
Dalai Lama
Texto de Xavier Mas de Xaxàs
Fotos de Roser Vilallonga
El Dalai Lama es el líder espiritual y también político de Tíbet, del que vive exiliado desde 1959 debido a la ocupación china. El problema de su país, dice, no es religioso sino histórico. E insiste en predicar la no violencia ante la ola de reivindicaciones y conflictos que ha desatado la próxima celebración de los Juegos Olímpicos en Pekín.

Durante su visita a Barcelona, en la Casa del Tíbet, frente a la maqueta del Potala, la antigua residencia de los lamas en Lhasa
El Dalai Lama, que por tradición es el líder político absoluto del país, reconoce los errores del pasado –“no busco recuperar los títulos que tenía antes de 1959”– y admite los beneficios materiales que China ha aportado a Tíbet. La vida, sin embargo, para cualquier monje tibetano es todo menos materialismo, y en este sentido, una autonomía real dentro de China sólo sería aceptable si la libertad religiosa fuera total.
“La libertad tibetana –insiste elDalai Lama– está muy vinculada con la religión, pues sin libertad no puedes practicar el budismo.” Este principio irrenunciable afecta a la elección del próximo Dalai Lama
–que el PCCH quiere controlar– y constituye, por tanto, la médula de un problema hoy por hoy irresoluble.
Las negociaciones con China, que se iniciaron en el 2002, están rotas desde el verano del 2006. La desconfianza entre Pekín y Dharamsala es muy grande. El Gobierno chino no responde, además, a los consejos que estadounidenses y europeos le dan para que retome el diálogo con el Dalai Lama. Los Juegos Olímpicos son para muchos partidarios de la causa tibetana una buena oportunidad para presionar al PCCh. El Dalai Lama, sin embargo, no lo tiene tan claro: “Algunos amigos nos dicen que los Juegos son una buena oportunidad para abrir China y conseguir más libertad, pero yo no estoy tan seguro”. La censura de los medios de comunicación occidentales y el acceso restringido a internet son, a su juicio, dos ejemplos claros de que las autoridades no están dispuestas a ofrecer más libertad a la ciudadanía.
Hubo un tiempo, a principio de los años cincuenta, en que las relaciones entre el Dalai Lama y China no fueron tan malas. Tenzin Gyatso, que el 17 de noviembre de 1950, a los 15 años, fue entronizado líder absoluto de Tíbet, buscó desde el primer momento una coexistencia pacífica con China. En 1951 firmó un acuerdo de 17 puntos “para la pacífica liberación de Tíbet”. Cuatro años más tarde fue a Pekín y se entrevistó con Mao. El Dios Viviente, con apenas 19 años, frente al Gran Timonel, en la cúspide de su poder político.
“La libertad tibetana –insiste elDalai Lama– está muy vinculada con la religión, pues sin libertad no puedes practicar el budismo.” Este principio irrenunciable afecta a la elección del próximo Dalai Lama
–que el PCCH quiere controlar– y constituye, por tanto, la médula de un problema hoy por hoy irresoluble.
Las negociaciones con China, que se iniciaron en el 2002, están rotas desde el verano del 2006. La desconfianza entre Pekín y Dharamsala es muy grande. El Gobierno chino no responde, además, a los consejos que estadounidenses y europeos le dan para que retome el diálogo con el Dalai Lama. Los Juegos Olímpicos son para muchos partidarios de la causa tibetana una buena oportunidad para presionar al PCCh. El Dalai Lama, sin embargo, no lo tiene tan claro: “Algunos amigos nos dicen que los Juegos son una buena oportunidad para abrir China y conseguir más libertad, pero yo no estoy tan seguro”. La censura de los medios de comunicación occidentales y el acceso restringido a internet son, a su juicio, dos ejemplos claros de que las autoridades no están dispuestas a ofrecer más libertad a la ciudadanía.
Hubo un tiempo, a principio de los años cincuenta, en que las relaciones entre el Dalai Lama y China no fueron tan malas. Tenzin Gyatso, que el 17 de noviembre de 1950, a los 15 años, fue entronizado líder absoluto de Tíbet, buscó desde el primer momento una coexistencia pacífica con China. En 1951 firmó un acuerdo de 17 puntos “para la pacífica liberación de Tíbet”. Cuatro años más tarde fue a Pekín y se entrevistó con Mao. El Dios Viviente, con apenas 19 años, frente al Gran Timonel, en la cúspide de su poder político.
de: Leo Gutierrez | 15/04/2008
Sus ideas: nada de independencia, no liderazgo político, no violencia, derechos humanos, democracia y libertad. Son las únicas que, si fueran compartidas por todos los mandatarios de este planeta herido de muerte, podrían salvarnos de lo que se ve venir. Y soy libre pensador, no me encasillo en ninguna ideología ni religiosa ni política.








