01/06/2008
Cuba
Brisas de cambio
Texto de Fernando García
Fotos de Joan Guerrero
El cambio se ha puesto en marcha en Cuba. La decisión de Raúl Castro de levantar determinadas restricciones al consumo indica hasta qué punto el régimen ve inevitable adaptarse a la realidad. Pero muestra sobre todo el empuje de una sociedad que siente que está a las puertas de nuevos tiempos.

Una familia pasea por La Habana Vieja, declarada por la Unesco patrimonio de la humanidad
en 1981
Con sus medidas, Raúl Castro no sólo sacó a la luz el consumismo de muchos cubanos, sino que obtuvo un margen de confianza para abordar los cambios y, sobre todo, hizo renacer cierta ilusión
Efectivamente, cientos de cubanos estaban lanzándose en ese momento a por los codiciados aparatos y las atractivas pero caras bicicletas eléctricas (570 y 700 euros) que desde el día siguiente se verían por decenas en las calzadas de La Habana. Lo mismo ocurrió un par de semanas después (el 14 de abril) con los móviles, cuya liberación ocasionó grandes colas para comprar y dar de alta los aparatos; o para ponerlos a nombre de los verdaderos usuarios y acabar así con la pequeña gran farsa de unos 50.000 teléfonos contratados por extranjeros o residentes en el exterior que los habían cedido a otros tantos cubanos.
En esos días aún recientes, Raúl no sólo sacó a la luz al consumista que muchos cubanos llevan dentro desde mucho antes de la Revolución, cuando aquí se veía la tele en color mientras en España apenas unos pocos empezaban a disfrutarla en blanco y negro; el hermano menor y sucesor de Fidel también obtuvo un crédito en la banca de la credibilidad y del prestigio político interno y externo; una especie de bonos o puntos que le otorgarían cierto margen de confianza o, lo que es lo mismo, un poco más de tiempo para arreglar los profundos problemas de la economía y el insostenible sistema monetario de Cuba. Problemas que ya nadie achaca exclusivamente –y este es otro cambio en la isla– al dañino embargo norteamericano, sino también a los propios errores en el pasado y a las disfunciones e ineficiencias del presente. Problemas que afectan sobremanera al campo, donde el Gobierno afronta ya toda una reforma agraria basada en la descentralización de la gestión estatal y en la cesión de tierras. Y problemas evidentes en las infraestructuras del transporte y la vivienda. Pero, a juicio de los más optimistas, el mayor logro que Raúl habría cosechado con las medidas iniciadas con la liberación del “compañero DVD”, como con gracia nos la describió un cubano, sería aún más intangible que ese préstamo de confianza y tiempo valedero para tratar de recuperar la maltrecha economía isleña. Se trata de un cambio de tono en una parte importante de la sociedad. De un retorno de la ilusión en muchos casos. “Mire, esto es algo psicológicamente muy positivo para nosotros”, nos decía un empleado de la agencia Cubacar, José Chao, encantado de poder alquilar coches a sus paisanos por primera vez en su vida. “Yo antes era muy negativa, ahora soy más flexible”, confesaba ese mismo día una ama de casa a la que hasta entonces sólo habíamos escuchado quejas y muestras de escepticismo.
En esos días aún recientes, Raúl no sólo sacó a la luz al consumista que muchos cubanos llevan dentro desde mucho antes de la Revolución, cuando aquí se veía la tele en color mientras en España apenas unos pocos empezaban a disfrutarla en blanco y negro; el hermano menor y sucesor de Fidel también obtuvo un crédito en la banca de la credibilidad y del prestigio político interno y externo; una especie de bonos o puntos que le otorgarían cierto margen de confianza o, lo que es lo mismo, un poco más de tiempo para arreglar los profundos problemas de la economía y el insostenible sistema monetario de Cuba. Problemas que ya nadie achaca exclusivamente –y este es otro cambio en la isla– al dañino embargo norteamericano, sino también a los propios errores en el pasado y a las disfunciones e ineficiencias del presente. Problemas que afectan sobremanera al campo, donde el Gobierno afronta ya toda una reforma agraria basada en la descentralización de la gestión estatal y en la cesión de tierras. Y problemas evidentes en las infraestructuras del transporte y la vivienda. Pero, a juicio de los más optimistas, el mayor logro que Raúl habría cosechado con las medidas iniciadas con la liberación del “compañero DVD”, como con gracia nos la describió un cubano, sería aún más intangible que ese préstamo de confianza y tiempo valedero para tratar de recuperar la maltrecha economía isleña. Se trata de un cambio de tono en una parte importante de la sociedad. De un retorno de la ilusión en muchos casos. “Mire, esto es algo psicológicamente muy positivo para nosotros”, nos decía un empleado de la agencia Cubacar, José Chao, encantado de poder alquilar coches a sus paisanos por primera vez en su vida. “Yo antes era muy negativa, ahora soy más flexible”, confesaba ese mismo día una ama de casa a la que hasta entonces sólo habíamos escuchado quejas y muestras de escepticismo.
de: MARCOS ROJAS PEREZ | 03/06/2008
He leido el articulo, y lo creo muy bueno, pero sin vivirlo algún ser humano será difícil poderlo entender. Todo depende del destino y la voluntad de un rápido cambio, ya que los más necesitados, el mismo pueblo, cada día sufre cada cosa.
de: Jaume Ribelles Jose | 31/05/2008
Comunismo Comunion una idea en Comun pero ¿por que no funcionó...? Que se lo pregunten a la Comunidad Europea todos Unidos pero Peleados...








