Cuba
Brisas de cambio

Un hombre empuja un triciclo de transporte en la plaza de la Revolución, en La Habana
Donde nunca falta de nada es en el amplísimo mercado negro, una lacra difícil de combatir. La carestía de muchos productos básicos, los bajos salarios y la grave patología económica creada por la doble moneda, unido todo ello a la falta de beneficios e incentivos, alimentan o al menos impiden frenar los robos de mercancías a pequeña y gran escala que surten esos mercados paralelos o por la izquierda. De la misma forma, la insuficiencia de todo tipo de servicios de manufactura o reparación de artículos alienta los chanchullos y las chapuzas sin garantía ni posibilidad de reclamación.
Todos estos retos y algunos otros están ahora encima del tapete. Raúl decidió sacarlos a debate público y exponerlos a la crítica y la autocrítica. Si bien perviven muchas cortapisas y restricciones, la nueva atmósfera creada en la sociedad cubana, ahora más exigente pero también más esperanzada que unos pocos meses atrás, parece tan irreversible como un cambio climático. Las discusiones sobre la posibilidad de inocular ciertas dosis de propiedad privada en la producción y los servicios han dejado de ser pecado mortal y ya no resultan vergonzosas. Disidencia, presos políticos, oposición y pluripartidismo son términos espinosos que el Gobierno sigue manejando desde su barricada de combate ante los ataques del imperio. No se cuestiona el socialismo, pero se hacen reformas y se habla abiertamente de ellas.
Definitivamente, por arriba y por abajo, Cuba está cambiando. Puede que estemos ante una revolución de la revolución: dentro de unos márgenes que casi nadie cuestiona por ahora, pero con una inercia que dificulta ya la marcha atrás. Raúl ha dado esperanzas y cobrado oxígeno. Pero ya no puede pararse.







