El factor Obama
Algo más de quinientos días ha tardado el senador Barack Obama en recorrer el camino que le separaba de la nominación como candidato demócrata a la presidencia de Estados Unidos. Un periodista ha seguido su periplo por el país durante el último año y medio. Este es el relato de una agotadora pero apasionante campaña

Washington DC
13 de febrero del 2008 Las primarias del Potomac –por el río fronterizo entre Maryland, Virginia y Washington DC– dan un fuerte espaldarazo a Obama. Este éxito y su siguiente cadena de triunfos en el mes de febrero le otorgan una ventaja que será insalvable para su rival. La gran área suburbana capitalina, rica en profesionales bien pagados, se inclina por el senador afroamericano. Es la pauta de otros estados. Lo hace también el propio Washington DC, donde la población negra es mayoría. En Anacostia, uno de los barrios más degradados, se expresa el temor por la vida de Obama. Al salir de votar, en una escuela primaria con 360 niños
–todos negros–, Rosie Hyde,
ex funcionaria judicial, expone sus miedos con mucha crudeza. Si Obama gana la nominación, “tendrán que matarle”. Y añade: “Hemos tenido muchas tragedias en este país. Mataron a todos los líderes negros. Todos los que quieren derribar las barreras de los prejuicios y del racis-mo deben morir porque no se ajus-tan al perfil de los neconservadores”.
Filadelfia (Pensilvania)
22 de abril del 2008 Pensilvania confirma las dificultades de Obama con los sectores blancos de rentas modestas y bajo nivel educativo. Ya había ocurrido en Ohio y se volverá a repetir en Virginia Occidental. El senador ha reunido a 35.000 personas en Filadelfia. Pero, como en otras ocasiones, se demuestra que llenar calles no es lo mismo que cosechar votos. La mayoría silenciosa se inclina por la ex primera dama. Hillary desempolva sus orígenes obreros. Visita Scranton, clásica ciudad postindustrial del cinturón de la herrumbre, donde su abuelo trabajó en una fábrica textil toda su vida. En un mitin en el que abundan las mujeres maduras, le gritan: “Madam president, madam president!”. Una profesora de francés retirada, Mary Kenny, está furiosa con Obama por decir que hay gente “amargada” en los estados en crisis que busca refugio en la religión, las armas de fuego y la xenofobia. “Nos sentimos insultados –se queja–. Yo soy católica y muy religiosa, pero no porque esté amargada.”
Indianápolis (Indiana)
6 de mayo del 2008 La familia Clinton al completo –Hillary, Bill y Chelsea– se vuelca en Indiana y Carolina del Norte, consciente de que es el envite definitivo. Lo gana Obama, que se impone con holgura en Carolina del Norte y casi empata en Indiana. La propuesta de Hillary de una pausa vacacional en el impuesto de la gasolina es un ardid a la desesperada que no surte efecto. Obama visita la antigua granja de su familia paterna, en Kempton. Cultiva sus raíces blancas y los valores “de la América de las pequeñas ciudades” que le inculcó su madre. Hillary entra en una extraña agonía. Matemáticamente será imposible que alcance la nominación, pero demuestra todavía su fortaleza con victorias en Virginia Occidental, Kentucky, Puerto Rico y Dakota del Sur. Eso no cambia su destino. La aritmética es implacable. Obama gana en Oregón y en Montana. Ha incrementado su mayoría de delegados electos. Los notables del Partido Demócrata –los superdelegados– cierran filas en torno a él. La candidatura improbable se hace realidad ante la mirada aún incrédula del país y del mundo.








