06/07/2008

Orgullo Olímpico

Texto de Rafael Poch
Fotos de Bernardo de Niz
CHINA aguarda los Juegos Olímpicos como una oportunidad de mirar de igual a igual a Occidente, tras unos años en que esta parte del mundo los miraba desde arriba. Los Juegos son vistos por los chinos como una prueba para demostrar su capacidad de hacer las cosas bien y que es una sociedad en desarrollo. China se debate ahora entre los complejos de hace unos pocos años, cuando apenas eran nada, y el orgullo de estar viviendo la recuperación de su grandeza de siempre.

Voluntarias chinas marchan frente al nuevo estadio Olímpico de Pekín, conocido como "El nido de pájaro"

China existe. Los Juegos no son únicamente un asunto de Estado, sino de toda la sociedad. Sin ella sería imposible organizarlos, con sus cien mil voluntarios y con la gran campaña de urbanidad que la acompaña.
Con la excusa de atender bien a los 500.000 visitantes extranjeros que se espera pasen por Pekín, se ha promocionado entre sus ciudadanos la costumbre de respetar las colas, de dejar salir antes de entrar en el metro –con unas nuevas señales en los andenes para guardar cola ante las puertas de los vagones–, el enésimo intento de disuadir el escupitajo en la vía pública, con multas a los infractores, y muchas cosas más. Se ha iniciado la eliminación del uso de bolsas de plástico e incrementado considerablemente los espacios para no fumadores, en un país en el que los fumadores representan el 26% de la población y la tercera parte de los adictos globales al tabaco. Hasta en la entrada de la nueva Terminal 3 del aeropuerto de Pekín, una obra del arquitecto Norman Foster de gran modernidad realizada en un tiempo récord, se puede leer un cartel que dice “Aeropuerto civilizado”, con lo que se entiende que la gente debe guardar cola correctamente, no escupir, no gritar, etcétera.
“Los Juegos deberán servir como un nuevo punto de partida para que Pekín se transforme en una ciudad más próspera, civilizada, armoniosa y habitable”, dice el secretario del Partido Comunista, Liu Qi. Por desgracia, “algunos de los medios utilizados para realizar ese propósito son, precisamente, los que los observadores extranjeros consideran defecto y citan como motivos de llamada al boicot”, constata la politóloga alemana Gudrun Wacker.
Esa campaña de corrección ha dado lugar a redadas contra la prostitución callejera y la droga en Pekín, por lo menos en sus escenarios más manifiestos. También se ha realizado un barrido de peticionarios, el ejército de ciudadanos agraviados de todo el país que fluye crónicamente hacia las diversas ventanillas de quejas que lidian en la capital con los problemas sociales y personales. Ese colectivo de gente, normalmente pobre y descontenta, ha sido expulsado del paisaje. En el mismo saco se ha metido sin contemplaciones a los contados disidentes, como el joven Hu Jia, que pretendían hacer de los Juegos un altavoz para divulgar todo tipo de injusticias. Hu fue juzgado y condenado a tres años y medio de prisión por “subversión”, en abril, mientras que otros son mantenidos en condiciones de semiarresto domiciliario, con advertencias de que no “alboroten” durante los Juegos. En previsión de acciones sorpresa de organizaciones occidentales de derechos humanos, el subdirector de la seguridad olímpica, Liu Shaowu, ha dejado claro que, “toda manifestación que se salga de los cauces legales durante los Juegos será abortada”. Con 25.000 periodistas, muchos de ellos predispuestos a la “denuncia” de China, esta contradicción será otro aspecto que observar.

Los preparativos se suceden en Pekín. Cientos de coros participarán en la ceremonia de apertura de los Juegos, entre ellos el coro joven de la Orquesta Sinfónica Nacional de China

El ping pong es uno de los deportes preferidos en China, que siempre ha destacado por sus éxitos en esta práctica. La llegada de los Juegos no ha hecho más que incrementar su presencia en los centros deportivos comunitarios de Pekín

En busca de talentos

La revolución cultural significó un giro para el deporte en China. A partir de 1966 se prohibieron todos los deportes competitivos y algunos campeones fueron sometidos a crítica y maltrato. Curiosamente, fue el deporte, la llamada “diplomacia del ping pong”, lo que marcó el siguiente bandazo hacia la apertura, con las primeras competiciones de 1969 abriendo paso al deshielo con Estados Unidos. China participó en los Juegos de Berlín y Londres, sin ningún palmarés, pero tras la revolución maoísta, en 1949, dejó de hacerlo hasta los Juegos de Los Ángeles de 1984. 

En apenas veinticinco años, China ha experimentado una verdadera revolución deportiva. Hoy tiene cinco millones de atletas, 35 institutos de investigación deportiva, 135 universidades e institutos deportivos que ofrecen especialidades deportivas en sus estudios, 300 millones de ciudadanos practicando algún deporte regularmente y casi 13.000 diarios y revistas consagradas exclusivamente al deporte. Se estima que unos 20.000 atletas participan en programas de entrenamiento organizados por el Estado. Existe un mecanismo nacional, perfectamente estructurado, de selección y filtrado de talentos, que comienza en la más tierna infancia. En gimnasia deportiva, por ejemplo, todo el proceso comienza a partir de los cuatro años en todo un rosario nacional de escuelas deportivas. A esa edad, no hay ninguna selección; entra todo el que quiere. En Pekín hay varias escuelas infantiles de ese nivel, en Shanghai hay quince, una por cada distrito de la ciudad. Y la historia se repite en cada ciudad china. En todo el país hay una red nacional de 3.000 escuelas para los talentos infantiles y juveniles, que participan en una gran operación de filtración y selección.

En los Juegos de Berlín (1936) y Londres (1948), los chinos figuraban entre los habitantes más pobres y miserables del planeta. Su discreta participación no obtuvo ningún triunfo. Tras el triunfo de la revolución maoísta dejó de acudir a los Juegos hasta 1984, cuando la nueva China irrumpió en las Olimpiadas como cuarta potencia deportiva mundial en los JJ.OO. de Los Ángeles con una delegación de 225 miembros que obtuvo 15 medallas de oro, 8 de plata y 9 de bronce. En Barcelona y Atlanta se mantuvo el cuarto puesto, con 16 medallas de oro. En Sydney se avanzó al tercer puesto, con 28 medallas de oro, 16 de plata y 15 de bronce. En Atenas, quedó a sólo cuatro medallas de distancia del máximo medallista, Estados Unidos: 32 contra 36. En veinte años, el país pasó de 5 a 32 medallas de oro

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