Orgullo Olímpico

La práctica del deporte, ya habitual en China, se ha visto notablemente incrementada ante la cita olímpica
Jiang Ying, una ingeniera de comunicación de 22 años, originaria de Suzhou, cerca de Shanghai, quería venir a Pekín a estudiar, pero no lo consiguió por no superar el examen de ingreso universitario, así que estudió en su ciudad. Hoy, ya licenciada, los Juegos le han dado una segunda oportunidad para acercarse a las luces de la capital: ha fichado como voluntaria para trabajar en Pekín, aprovechando que su empresa se ocupa de las pantallas y de la traducción electrónica al chino de los datos de los Juegos en 32 competiciones.

El coro de enfermeras de la capital.

El coro de la polícia.
“Los Juegos –explica– son una gran oportunidad para la consolidación, para hacer ver a todo el mundo que China no es como la pintan.” La campaña contra los Juegos por Tíbet ha dejado entre muchos chinos una sensación de fiesta aguada y de buena predisposición malparada. “La campaña estaba dirigida contra el Gobierno, pero también ha hecho daño a la gente, porque los Juegos no son sólo un asunto del Gobierno, sino de toda la sociedad.” Jiang no dramatiza la situación. Dice que los medios de comunicación occidentales han informado mal del problema de Tíbet, pero, matiza, “aquí también los medios de comunicación chinos cuentan las cosas malas de Occidente, pasa lo mismo en todo el mundo”. “De todas formas –apunta–, China está cambiando muy rápidamente, y eso ocurre y ocurrirá independientemente de los Juegos.”
La joven Hu Zimeng, de 22 años y natural de Henan, una provincia pobre, y su compañero de estudios, Yin Xiaochao, de 20, oriundo de Nanjing, una ciudad rica, estudian español en la Universidad de Estudios Extranjeros de Pekín. Los dos se han apuntado como voluntarios olímpicos, ella como acompañante y traductora de miembros de delegaciones latinoamericanas, él como “chico para todo” en un stand de intérpretes de español. Con actitud ingenua y angelical, Hu explica por qué para ella es “un honor” ser voluntaria en los Juegos: “China quiere mostrar su amistad a todas las personas del mundo, y yo también quiero dar mi bienvenida y amor a todos, por eso he servido en los preparativos y serviré en los Juegos con todo mi amor, para que los demás puedan sentir la bienvenida y el amor de los chinos”, dice. Su compañero suscribe esta actitud y añade otros motivos: “Sin nuestra colaboración, habría un agujero entre los intérpretes de español. Además es una buena oportunidad para practicar y mejorar lo que hemos estudiado, conociendo a gente de diferentes países y con acentos diferentes: cubanos, mexicanos, españoles…”.
Ambos dicen haberse sentido algo “heridos” por los incidentes que rodearon el recorrido de la antorcha olímpica en París. Hu afirma que “Tíbet es una provincia china desde siempre y que algunas personas quieren separarla, y dicen mentiras para que los extranjeros crean que China es un país muy atrasado y sin derechos humanos”, mientras que Yi desdramatiza el asunto diciendo que “lo que ha ocurrido es muy natural”.
“Cada Olimpiada ha tenido sus boicots: en Moscú, en Los Ángeles, siempre con pretextos políticos”, dice el joven. “Por ejemplo, todo el mundo critica a Estados Unidos, pero a ellos no les importa demasiado porque viven bien y son fuertes.” “Algunas de las críticas de los extranjeros contra China son normales, pero no se puede pretender que la situación cambie de la noche a la mañana”, asegura. En otros casos, añade, “la gente no sabe muy bien lo que pasa aquí, nos conoce poco, y también desconoce nuestra historia”.
En un artículo escrito el día de duelo por las víctimas del terremoto de Sichuan, el diputado de la Conferencia Política Consultiva del Pueblo Chino, Lau Nai-keung, decía: “Estamos tan orgullosos de nuestro país y de nuestra gente, como nunca lo estuvimos en los últimos 170 años, por favor, vengan y echen una ojeada para descubrir el motivo por sí mismos”.








