06/07/2008

Orgullo Olímpico

Texto de Rafael Poch
Fotos de Bernardo de Niz
CHINA aguarda los Juegos Olímpicos como una oportunidad de mirar de igual a igual a Occidente, tras unos años en que esta parte del mundo los miraba desde arriba. Los Juegos son vistos por los chinos como una prueba para demostrar su capacidad de hacer las cosas bien y que es una sociedad en desarrollo. China se debate ahora entre los complejos de hace unos pocos años, cuando apenas eran nada, y el orgullo de estar viviendo la recuperación de su grandeza de siempre.

Cientos de enfermeras impecablemente uniformadas acuden también a los ensayos para animar a sus compañeras


Tíbet no preocupa a los atletas

“Oímos esas noticias, pero no nos afectaron, porque nuestra atención y concentración está totalmente dirigida hacia la preparación deportiva y hacia el disfrute de cada momento de los Juegos”, dice la capitana del equipo de balonmano femenino, Liu Yun, una de los 580 miembros del equipo olímpico chino. Las protestas contra China por Tíbet “nos conmocionaron”, asegura Zheng Jie, una figura del tenis en su país, aunque precisa que a efectos deportivos, “no ha tenido un impacto psicológico”. En la ilusión de los deportistas se incluye, naturalmente, el incentivo económico, aunque no sea, ni de lejos, lo principal. En Atenas, quienes ganaron medallas de oro recibieron 18.000 euros, los que obtuvieron plata, 10.000, y quienes ganaron bronce, unos 7.000. Seguramente estos incentivos se incrementarán”, dice el viceministro de Deportes, Cui Dalin, sin mencionar cantidades. Para el funcionario, el principal reto es que “serán los primeros juegos en los que los atletas chinos compiten en casa. Eso supone un entorno completamente nuevo y una serie de presiones, expectativas y dificultades antes desconocidas”

Miembros de seguridad chinos junto a las instalaciones olímpicas de tiro

Entre el sosiego y la pasión deportiva

En la tradición china, el deporte carece del peso que tiene en nuestra tradición. La educación física, históricamente un subproducto del entrenamiento militar, tenía una gran importancia en la Grecia clásica, donde la educación conjugaba lo intelectual y lo físico en diversas instituciones; didaskaleion, la palaistra y el gymnasion, y donde las matemáticas, la retórica, la poesía y la música iban de la mano de los “cinco deportes” (pentahalon); lanzamiento de disco y jabalina, lucha, salto de altura y carrera.

El culto a la actividad física daba gran prestigio a los campeones olímpicos de las competiciones panhelénicas, en las que no había competición entre equipos, sino entre individuos, y en las que únicamente contaba ser el número uno: uno ganaba, y todos los demás perdían. Ni siquiera el segundo obtenía premio. En la Iliada y la Odisea, son las machadas militares individuales de Ulises y Aquiles las que Homero destaca. Nada de ese género se encuentra en la tradición china, explica Daniel Bell, un profesor de Ciencia Política de la Universidad Tsinghua de Pekín.

En las obras clásicas chinas, lo militar es considerado importante, pero raramente elogiado. El arte militar, más bien despreciado por Confucio, se entiende en la tradición confucionista representada por Mencio y Xunzi como resultado de cualidades colectivas (disciplina, fidelidad), más que de machadas individuales, explica Bell. A diferencia de Grecia, el Estado chino no solía promocionar la actividad física, y cuando la organizaba, lo que se valoraba era, “su contribución a la moralidad del grupo y no al bienestar físico de los individuos participantes”. Los deportes eran normalmente no competitivos. Cuando había competición, se refería más a grupos que a individuos, con la excepción de la lucha. Derk Bodde, otro estudioso de la tradición china, apunta que hasta en el tiro con arco, la elegancia se valoraba más que el acertar en el blanco.

Todavía hoy, en su vida cotidiana, los chinos se muestran mucho menos obsesionados por la competición entre individuos, lo que da al ritmo vital de China un sosiego mental, raro en el pulso de la vida occidental. Pese a esas enormes diferencias de mentalidad, el deporte suscita hoy en China pasiones y entusiasmos completamente homologables a los occidentales.

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