13/07/2008

Con el maiz a cuestas

Texto de Andy Robinson
Fotos de Lourdes Delgado
En la gran diáspora hispana en Estados Unidos, los hombres y mujeres de maíz, campesinos mayas procedentes de Centroamérica y México, han llegado hasta el estado del maíz, Nebraska. Pueblos como Schuyler ya son colonias guatemaltecas en la gran llanura del corn belt. No es casualidad. Importaciones de maíz subvencionado estadounidense han quebrado la economía campesina al sur del río Grande mientras los mataderos de Nebraska ofrecen trabajo. Y los mataderos también se concentran cada vez más donde se encuentra el maíz, principal alimento de la vaca estadounidense.
La familia Valadez, en cuyo hogar conviven varias generaciones. El índice de natalidad en esta comunidad es muy alto. Los niños forman parte de muchas de las actividades de los mayores y se les ve trotar por todos lados.

El hombre de maíz en Nebraska no tiene mucho que ver con el de la sierra de Guatemala. Lo supo Asturias. El maíz “… sembrado para comer es sagrado sustento del hombre que fue hecho de maíz”, escribió, pero “sembrado por negocio es hambre”. Y cuando este negocio del maíz sembrado recibe 25.000 millones de dólares al año en subvenciones del Gobierno federal de Washington y crece por ayudas al etanol, el hambre en otras partes aprieta aún más fuerte. De ahí el primer motivo por el que Schuyler, un pueblo creado por inmigrantes alemanes y centroeuropeos a finales del siglo XIX, ya es el asentamiento más lejano de la gran diáspora de los indios mayas. La exportación del maíz estadounidense, subvencionado desde la firma del Tratado de Libre Comercio en 1994 y de acuerdos similares con Centroamérica, ha aniquilado la producción a pequeña escala de la economía campesina en el sur de México y de Centroamérica. El 80% del maíz que se consume en México se importa ya de EE.UU. Y ahora, en un segundo golpe, el boom del etanol y la especulación en los mercados locales e internacionales de maíz ha duplicado el precio de la tortilla de maíz en un solo año. “Están preocupados en mi pueblo; se está poniendo  caro el maíz”, dice Lilian Rodas, residente de Schuyler, hija de campesinos del pueblo de San Lorenzo y testigo en su infancia de matanzas durante la represión de la guerrilla en los ochenta. “Siempre nos sorprende la maquinaria aquí en Nebraska porque en mi pueblo se tiene que reunir a diez personas e ir abriendo hoyos; es muy duro.”
El maíz barato importado desde estados como Nebraska hundió la economía campesina en México y Centroamérica, y el maíz encarecido de la era etanol remata la faena. Millones de campesinos y trabajadores han emprendido el viaje al norte en los últimos años, a pie, hacinados en vehículos o como polillas colgados de trenes de mercancía. Y, si no pierden una pierna en una caída a las vías, si no les roban o matan las tatuadas gangas salvadoreñas, como Mara Salvatrucha, o los policías corruptos, si no mueren deshidratados en el desierto de Arizona o se ven detenidos por la migra en la frontera, si sortean todos esos obstáculos, finalmente puede que lleguen a Schuyler.

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de: Maximo Seligmann | 13/07/2008
No hay ya dudas de las siniestras ambiciones del Tio Sam en los TLC que perjudican a tantas familias latinoamericanas o vuestra nota sobre lo que sucede en Africa y el porque de la masiva llegada de pateras a España.Todo va sobre lo mismo y las ambiciones de los países ricos,con el consiguiente desabastecimiento de alimentos a nivel mundial, y su encarecimiento sin límites, si se continua con esta política por el biodiesel y como dice en suplemento Salud, no se usa la alternativa de las olas del mar.
30 de noviembre
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