13/07/2008

Con el maiz a cuestas

Texto de Andy Robinson
Fotos de Lourdes Delgado
En la gran diáspora hispana en Estados Unidos, los hombres y mujeres de maíz, campesinos mayas procedentes de Centroamérica y México, han llegado hasta el estado del maíz, Nebraska. Pueblos como Schuyler ya son colonias guatemaltecas en la gran llanura del corn belt. No es casualidad. Importaciones de maíz subvencionado estadounidense han quebrado la economía campesina al sur del río Grande mientras los mataderos de Nebraska ofrecen trabajo. Y los mataderos también se concentran cada vez más donde se encuentra el maíz, principal alimento de la vaca estadounidense.
Susana Oliva (salvadoreña), Beatriz Castellanos (guatemalteca) y Steven Recinos en el centro de Schuyler, con los silos al fondo
Los mataderos
A las afueras de Schuyler se halla el motivo de esa gran demanda de personal que proviene de 3.000 kilómetros al sur. Se perfila en la llanura, gris y humeante como un acorazado en el mar. Sólo que huele mucho peor. Es el matadero de vacas, propiedad de la misma multinacional Cargill que elabora el etanol y los mil derivados más del maíz. Unas 2.000 personas –casi la totalidad de la población activa del pueblo– matan, destripan y trocean 2.500 vacas al día –una cada 12 o 15 segundos– por un sueldo medio de doce dólares la hora en la planta, una de una decena de mataderos en el estado. Hace 23 años, la empresa
–entonces propiedad de Spencer Beef– realizó una maniobra de las más ágiles durante la crisis de  la industria de la carne. Cerró citando “condiciones económicas malas” y, cuando volvió a abrir, doce meses después, el sueldo base por hora había caído de 9,35 dólares a 5,9 dólares. La siguiente fase del plan fue simple: una campaña de reclutamiento en Guatemala, donde Cargill tiene sus propias plantas y donde 5,9 dólares es el sueldo por día, no por hora. Pronto los centroamericanos y mexicanos llegaron en masa a Nebraska. A mediados de los ochenta entre el 3 y el 5% de la plantilla era hispana; hoy en día es el 85%.
Aquí, entre las entrañas y los cuchillos del matadero de Cargill, la odisea de los hombres de maíz ya deja definitivamente el ámbito del realismo mágico de Miguel Ángel Asturias para entrar en el realismo social de primeros del siglo XX y la novela de Upton Sinclair La jungla  (1906), un retrato dantesco de loinmigrantes de Europa del Este, lituanos, polacos, checos, que trabajaban en condiciones espantosas en los mataderos de carne de Chicago “bajo el crack del látigo de la necesidad”. Cien años después, sigue siendo un trabajo duro con elevadas incidencias de lesiones por cuchillos mal afilados o movimientos repetitivos. “Yo trabajaba en la línea; puras piernas pasan, piezas de unas 40 libras y le quitaba una bola de sebo con el cuchillo. No soportaba el dolor de mi mano”, dice Lilian Rodas. La velocidad de la línea se ha acelerado de forma notable desde las últimas redadas por parte de la policía antiinmigrante en diciembre del 2006, en las que cientos de trabajadores indocumentados fueron detenidos y muchos deportados. “Todo el mundo tiene miedo y muchos ya no van la planta”, dice Reina Ángel, la cuñada de Lilian, del departamento de San Marcos, otra trabajadora guatemalteca de Cargill. 
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de: Maximo Seligmann | 13/07/2008
No hay ya dudas de las siniestras ambiciones del Tio Sam en los TLC que perjudican a tantas familias latinoamericanas o vuestra nota sobre lo que sucede en Africa y el porque de la masiva llegada de pateras a España.Todo va sobre lo mismo y las ambiciones de los países ricos,con el consiguiente desabastecimiento de alimentos a nivel mundial, y su encarecimiento sin límites, si se continua con esta política por el biodiesel y como dice en suplemento Salud, no se usa la alternativa de las olas del mar.
30 de noviembre
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