17/08/2008

En nombre de Europa

Texto de Salvador Enguix
Fotos de Roser Villalonga
La comisión de Exteriores de la Unión Europea acostumbra a tener una apretada y compleja agenda de trabajo. Los temas son de lo más diverso, y otro tanto puede decirse de los interlocutores. Al frente del departamento está la austriaca Benita Ferrero-Waldner, con quien el Magazine ha compartido dos días de trabajo y vida familiar.
El presidente de la Comisión Europea, el portugués José Manuel Durão Barroso, y Benita Ferrero-Waldner, junto al eslovaco Jan Figel.
Fiel a su palabra, la comisaria se muestra totalmente transparente en su trabajo, que comienza ya a parecer agotador, y nos permite estar pegados a ella excepto en el encuentro privado que va a mantener con Sok Ung Kung, viceministro de Asuntos Exteriores de Corea del Norte. Se ha justificado por lo delicado de los temas, que afectan a la seguridad mundial, que ambos líderes políticos deben abordar. A pesar de eso, sus colaboradoras reconocen que, en estos casos, “Benita Ferrero-Waldner no es la misma que se ha visto en público; se muestra muy firme, contundente, muy seria en ocasiones”. “¿Qué tal la reunión, comisaria?”, le pregunta uno de sus asistentes. “Buf, ha sido dura; pero ha valido la pena.” Es la única pista.
Es esa misma contundencia la que la llevó a liderar las gestiones que el pasado año permitieron liberar y salvar la vida de cinco enfermeras búlgaras y un médico palestino acusados de haber infectado del VIH a cientos de niños en Libia. Aunque el protagonismo mediático del éxito de las gestiones intentaron adjudicárselo el presidente galo, el siempre omnipresente y vehemente Sarkozy, y la que aún era su esposa, Cecilia, lo cierto es que la diplomacia internacional se rindió ante el trabajo realizado por Benita Ferrero-Waldner, y también el Gobierno de Bulgaria, que la condecoró, como lo hizo también el Ayuntamiento de Sofía. Porque esas seis personas estaban condenadas a muerte por el Gobierno de Muammar el Gadafi, y ella intervino con astucia para cambiar su destino. “¿La clave de la liberación?” La comisaria, sonriente y un tanto modesta, señala que “mucha política y mucha paciencia, la comprensión de esas decenas de familias destrozadas por la infección de sus niños me conmovió, y en las gestiones con Gadafi siempre tuve a toda la UE detrás para echar una mano”.
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