08/03/2009
Agua a vida o muerte
Texto de Lourdes Segade y Pilirani Semu-Banda
Fotos de Lourdes Segade
Para la mayoría de las mujeres en África, el agua es una cuestión de vida o muerte. Desde que tienen unos cinco años, la tradición impone que sean ellas quienes provean a la familia. Pero algunas mueren en la tarea. Para otras, es un freno a su escolarización. Y son muchas las que enferman. El agua, una bendición para muchos, se convierte para ellas en una especie de castigo

Dandile es un lugar popular en el Área 49, una de las más pobres en Lilongwe. Las mujeres lavan en el agua estancada y bañan a sus hijos. Esas aguas son un caldo de cultivo para enfermedades.
ARRIESGAR LA SALUD POR EL AGUA.
El agua cubre el 71% de la superficie terrestre, pero un 97% es salada. Del 3% restante, las tres cuartas partes son hielo. No es mucha, pues, el agua para consumo. Y no toda es potable. La OMS alerta de la introducción de enfermedades derivadas del agua o relacionadas con esta, como la malaria o la esquistosomiasis (que causa hematuria, principalmente), en zonas donde no existían. Unos 3.900 niños mueren al día por este tipo de dolencias. Y 4.000 millones de casos de diarrea al año en todo el mundo que causan 1,8 millones de muertes entre menores de cinco años.
“Sabemos que esta agua no es buena, ¿pero qué podemos hacer?”, dice Melia Amado mientras saca agua de un agujero. En la zona donde vive, abundan los casos de cólera, que llega al inicio de la estación lluviosa y disminuye al final de esta. Thanganyika es una aldea de Chileka de 300 habitantes. Se divide en dos áreas. Una de ellas pidió ayuda a la ONG Malawi Freshwater Project (MFP) para instalar una bomba de agua. Atendieron su demanda. “Sentimos que hemos sido bendecidos por Dios”, comenta una joven de la aldea. En la zona sin acceso al agua potable hay brotes de cólera. “Los niños no van a clase, por estar enfermos o porque tienen que coger agua”, cuenta Brenda, de 13 años, que caminaba dos kilómetros y medio desde casa al pozo tres veces al día antes de la ayuda de MFP. “Además ahora no enfermo”, dice contenta.
El agua cubre el 71% de la superficie terrestre, pero un 97% es salada. Del 3% restante, las tres cuartas partes son hielo. No es mucha, pues, el agua para consumo. Y no toda es potable. La OMS alerta de la introducción de enfermedades derivadas del agua o relacionadas con esta, como la malaria o la esquistosomiasis (que causa hematuria, principalmente), en zonas donde no existían. Unos 3.900 niños mueren al día por este tipo de dolencias. Y 4.000 millones de casos de diarrea al año en todo el mundo que causan 1,8 millones de muertes entre menores de cinco años.
“Sabemos que esta agua no es buena, ¿pero qué podemos hacer?”, dice Melia Amado mientras saca agua de un agujero. En la zona donde vive, abundan los casos de cólera, que llega al inicio de la estación lluviosa y disminuye al final de esta. Thanganyika es una aldea de Chileka de 300 habitantes. Se divide en dos áreas. Una de ellas pidió ayuda a la ONG Malawi Freshwater Project (MFP) para instalar una bomba de agua. Atendieron su demanda. “Sentimos que hemos sido bendecidos por Dios”, comenta una joven de la aldea. En la zona sin acceso al agua potable hay brotes de cólera. “Los niños no van a clase, por estar enfermos o porque tienen que coger agua”, cuenta Brenda, de 13 años, que caminaba dos kilómetros y medio desde casa al pozo tres veces al día antes de la ayuda de MFP. “Además ahora no enfermo”, dice contenta.

Por primera vez en nueve años, Agnes Wilson (izquierda) ha vuelto al sitio donde la atacó un cocodrilo mientras sacaba agua, en el río Shire.
La temporada de lluvias es propicia a las enfermedades derivadas del agua. También aumentan los casos de malaria, pues los mosquitos proliferan en las aguas estancadas. La malaria mata a más de un millón de personas al año en todo el mundo, el 90% de ellas en el África subsahariana. La sala de urgencias y la pediátrica del hospital comunitario Nuestra Señora del Monte Carmelo, en Kapiri, están atestadas de madres que vigilan a sus hijos, la mayoría enfermos de malaria. El hospital tiene un departamento donde trabajan miembros del Asistente de Vigilancia de la Salud (AVS), dependiente del Gobierno. Suministran cloro para el agua de consumo a quien lo solicita. También educan en salud preventiva, distribuyen vacunas y supervisan la calidad del agua en las aldeas. En Malaui, el 35% de la población no tiene acceso al agua potable. Y el 40% no tiene acceso a saneamientos. Según la OMS, al menos un cuarto de la población de África, 228 millones de personas, defeca al aire libre, la práctica con mayor riesgo sanitario. Las cifras, sin embargo, van en descenso.

Eluby Josephy (14 años, de uniforme) y Beatrice Banda (15 años) posan delante de las letrinas de su colegio, Chigodi School, en Chileka.
Le invitamos a que sea el primero en comentar esta información.








