08/03/2009

Agua a vida o muerte

Texto de Lourdes Segade y Pilirani Semu-Banda
Fotos de Lourdes Segade
Para la mayoría de las mujeres en África, el agua es una cuestión de vida o muerte. Desde que tienen unos cinco años, la tradición impone que sean ellas quienes provean a la familia. Pero algunas mueren en la tarea. Para otras, es un freno a su escolarización. Y son muchas las que enferman. El agua, una bendición para muchos, se convierte para ellas en una especie de castigo

En vez de nadar en el lago Malaui, los niños de la zona prefieren jugar en las aguas estancadas a sólo unos metros de este. En ellas proliferan las bacterias coliformes, que en concentraciones altas son causa de diarrea.

ARRIESGAR LA EDUCACIÓN POR EL AGUA.
Eluby Josephy y Beatrice Banda, de 14 y 15 años respectivamente, son alumnas del colegio Chigodi, en Chileka. Hace tres años dejaron la escuela por falta de letrinas y saneamientos. “Nos daba vergüenza hacer nuestras necesidades al aire libre, sobre todo desde que somos mayores”, explica Eluby. Lo que les ocurre no es un caso aislado en Malaui, donde muchas adolescentes dejan el colegio debido a la falta de agua y de letrinas. Para ellas es un reto apañárselas cuando tienen la regla y verse expuestas a las miradas de otros compañeros en un momento vital en que ya es de por sí difícil aceptar los cambios corporales. Hasta el 10,5% de las niñas dejan la escuela cada año en el país. Pero algunas vuelven a las clases cuando se enteran de que ya hay letrinas. Como Beatrice y Eluby. “Ahora nos gusta venir, estamos como en casa”, dicen mientras tres compañeras se lavan las manos. En su colegio se construyeron las letrinas entre el 2004 y el 2005. Sólo en el 2005, antes de que estuviesen terminadas, 72 niñas de entre 12 y 15 años abandonaron la escuela debido a la falta de condiciones higiénicas. En el 2007 ninguna abandonó. Y el milagro lo ha obrado MFP, una organización sin ánimo de lucro nacida en 1995 que se dedica a atender las demandas de aldeas y escuelas de Chileka sin saneamientos.

En la escuela Macheka, de la misma zona, se están construyendo aseos, urinarios y tanques con grifos para lavarse las manos. Alrededor hay pilas de ladrillos, voluntarios tomando medidas y agujeros excavados en el suelo. Y mujeres acarreando agua. La organización lleva a cabo tareas de sensibilización entre la población masculina, pero aún son las mujeres quienes realizan la mayoría de las tareas pesadas. A falta de la maquinaria que podría vaciar las letrinas una vez llenas y por la dificultad de acceso a las escuelas rurales, se estima que las instalaciones tienen una vida media de diez años. Pasado ese periodo, hay que construir otras nuevas.

Mezendani, Loda y Elube son tres niñas de 14 años de Kakunga, en Kapiri. Las tres van a la escuela, lo que no les libra de ir a por agua y limpiar sus casas antes. Ni de fregar los cacharros de la comida y cuidar a sus hermanos pequeños cuando regresan. Les sorprende que les pregunte si conocen a alguna niña en cuya escuela no haya letrinas o agua. No conocen a ninguna. Tienen suerte. La falta de acceso de las mujeres al agua es un obstáculo a su derecho de acceder también a la educación formal. Y aunque ambas, mujer y agua, han sido consideradas fuentes de vida por numerosas civilizaciones a lo largo de la historia, las cuestiones sobre agua y género, íntimamente relacionadas, no están aún resueltas.°
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