Carla Bruni, el equilibrio perfecto

Carla Bruni, con un cigarrillo en la mano, en uno de los salones del Elíseo
El refugio lejos del Elíseo
La Carla de Annie Leibovitz se pasea majestuosa por interiores palaciegos. Incluso en alguna imagen tememos que esté anunciando un coche de lujo o un perfume de alto voltaje. Pero la Carla cotidiana no es así. Se pasea, sí, por esos interiores de su casa de soltera, la misma donde pasó la primera noche de amor con Sarkozy, pero no lo hace vestida de tafetán rojo sino en tejanos y camiseta blanca. Sin joyas, sin maquillaje. A veces, descalza y con una Coronita en la mano. Lo único que mantiene en armonía a la chica rebelde de la antigua gauche y la modelo sofisticada de Guess es ese larguísimo cigarrillo al que no renuncia.
Carla con la cara lavada es distinta. Ama lo mínimo. Jabón de loto, toallas blancas y un café en la cocina. Se instala en la sala de parquet envejecido, delante de su piano, y empieza a escribir letras de canciones sobre las que, según ella, no aplica nunca censura. Bajo la mirada impasible de una escultura colonial, practica acordes de guitarra, y la voz, que nos retrotrae al anuncio de un café soluble que utilizó su melodía, resuena en una casa de techos altos. Uno solamente ve en esta mujer –más blanca que el arroz basmati, decían– un hábil gato siamés; el mismo sigilo, el mismo azul celeste en la mirada. Entonces el poder, las visitas oficiales y el protocolo del Elíseo quedan lejos, suficientemente lejos como para sobrevivir a ellos.
Instruida, preparada, de familia culta y millonaria, Carla iba para arquitecta cuando la tentaron con la moda. Hoy, cansada de tantas pasarelas, escenarios y públicos, aquello con lo que en realidad disfruta la señora Sarkozy es con encerrarse en su casa de aspecto provenzal en el centro de París. Con ponerse a pelear en el sofá con su hijo, el pelo revuelto y la mirada en el jardín de hortensias silvestres. Y nada más. La casa está en la calle Pierre Guerain, tras una valla que la protege de extraños. Allí se esconde, de verdad, en días de lluvia, lejos del Elíseo, la Carla no mediática. Núria Escur







