15/11/2009

Los rostros del poder

Angela Merkel

Texto de Rafael Poch
Las tres vidas de una desconocida y brillante doctora en Física que hasta los 35 años vivió en el lado Este del muro y que en 15 años ha pasado al máximo liderazgo, a decir de algunos, la mujer más poderosa del mundo

2009 Canciller de Alemania desde el 2005, Merkel logró la reelección el pasado mes de septiembre. En la imagen, sonríe al conocer los resultados en la sede de la CDU (Unión Cristiana Demócrata

En quince años, Angela Merkel, nacida Kasner, una mujer del Este e hija de un pastor protestante, pasó, desde el punto de vista del poder, de la nada al todo. Una desconocida doctora en Física, que vivió hasta los 35 años al otro lado del muro de Berlín, se convirtió en lo que una revista americana describe como “la mujer más poderosa del mundo”.

¿Qué combinación de cualidades y ambiciones hicieron que aquella chica de Kohl, a la que nadie tomaba en serio, se hiciera con el liderazgo alemán y ocupara un lugar destacado en la esfera europea e internacional?

Como animal político, Merkel tiene tres vidas. La primera comienza con la caída del muro y la lleva a hacerse un lugar en la gran política alemana, donde lo tenía todo en contra. La segunda, el día que mata políticamente a Helmuth Kohl e inicia su definitivo ascenso. La tercera vida acaba de empezar y no tiene desenlace: su segundo mandato como canciller de una Alemania en crisis, una crisis impronosticable, que puede ser la primera de una serie que lo cambie todo y que someta los valores más seguros –y ella lo es– a las pruebas más ­imprevisibles.

Cuando cayó el Muro y comenzó la vertiginosa espiral que llevó a la reunificación alemana, triunfó el guión de disolución de la RDA y absorción por la RFA que había sido el sueño histórico de la derecha alemana. Los disidentes del Este, que en su mayoría soñaban con una tercera vía entre ambos sistemas, quedaron fuera de juego. Apenas ninguno desempeñó un papel político en la Alemania reunificada. Merkel no tuvo problema.

En 1986 la habían dejado viajar al Oeste para asistir a la boda de su prima. Regresó fascinada. Ella no había sido disidente. Su disconformidad pasiva y secreta no le había impedido hacer carrera y llegar a ser doctora en Física en un Instituto de la Academia de Ciencias lleno de confidentes de la policía, en la que era responsable de agitación y propaganda (ella dice “de cultura”, porque no le gusta que remuevan aquello). No quería tercera vía: tenía ambiciones, apostó por la corriente principal representada por la CDU (Unión Cristiana Demócrata) del canciller Kohl y aprendió rápido cómo funcionaba la política en la RFA. El establishment de Bonn necesitaba poner algunas figuras decorativas del Este en el paisaje político para cuadrar aquel feliz escenario nacional. Ella jugó a eso y aportó un entusiasmo hacia los valores obvios de la democracia como sólo un recién llegado podía hacer.
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