Fiebre de altura

Una peculiar vista de las que hoy son las cuatro torres más altas de España, en Madrid
El primero de estos edificios, propiedad de Caja Madrid, que lo compró a media construcción a Repsol, es un gigantesco arco metálico, en cuyo interior están suspendidos tres paquetes de pisos, con un total de 34 plantas. Lord Foster ha diseñado la obra al detalle, desde el concepto general hasta los tiradores. Ha seleccionado los materiales –entre los que dominan el acero, el cristal y el granito– y ha dispuesto de unos 350 millones de euros para completarla.
Rubio/Álvarez Sala han levantado para Sacyr-Vallehermoso una esbelta torre de cristal negro, sobre una planta a medio camino entre el triángulo y la circunferencia. Las dos construcciones restantes, propiedad de Mutua Madrileña Automovilística y de Torre Espacio Castellana, presentan formas menos regulares, como si hubieran surgido del cincel de un escultor. Junto a estas piezas se levantará, en los próximos años, el Centro Internacional de Convenciones de Madrid, obra de Tuñon/Mansilla y Peralta, un inusual edificio de forma circular.
El veterano arquitecto norteamericano de origen argentino César Pelli (Tucumán, 1926) está considerado uno de los mayores especialistas en edificios de gran altura. En su haber se cuentan las Torres Petronas de Kuala Lumpur (Malasia), que, con 452 metros, fueron, hasta el año 2003, el edificio de mayor talla del mundo.
En España, además de la citada torre de Mutua Madrileña, cuenta con otros dos grandes trabajos: la torre Iberdrola en Bilbao y la torre Cajasol en Sevilla. La Iberdrola mide 165 metros, con 41 pisos, y se ubica en Abandoibarra, junto al puente de Deusto, a escasa distancia del Museo Guggenheim. A finales de enero se levantaron sus últimas plantas. La edificación de Sevilla se encuentra en fase preliminar. Una y otra modificarán sustancialmente el perfil de sus ciudades.
“Aquí no hay fiebre de rascacielos. Si la hubiera, habríamos hecho más”, asegura Ibon Areso, primer teniente de alcalde de Bilbao, en una afirmación de genuino sabor vizcaíno. Y, a continuación, añade: “No vamos a permitir que se levanten rascacielos en cualquier lugar. Pero aceptamos, eso sí, la excepción de buen gusto.
Alguna construcción de altura puede darnos nueva imagen y ofrecer elementos de simbología, digamos, económica. Fue el caso de la torre BBVA, construida años atrás en el Ensanche. Es ahora el caso de la torre Iberdrola, que también impulsa una entidad de aquí. Si fuera Coca-Cola, que es de Atlanta, tendría menos justificación”. Pese a esta política restrictiva, Bilbao considera todavía la posibilidad de levantar otras torres, en la zona de Arellano, o en la de Zorrozaure, donde la Kutxa podría encargar un rascacielos a la angloiraquí Zaha Hadid.

Imagen de las nuevas siluetas del cielo madrileño, proyectadas por Norman Foster, los arquitectos madrileños Rubio/Álvarez-Sala y dos equipos norteamericanos: Pelli/Clark/Pelli y Pei/Cobb/Freed. A la derecha, dos de las torres, un día que sus alturas se perdían en la niebla
Los rascacielos se proyectan de un modo distinto a las otras construcciones: hay que analizar con mucho detalle el solar, hay que diseñar el núcleo de comunicaciones vertical, la estructura, la fachada..., y hay que ir resolviendo esas fases por orden, una a una. Aquí, al efectuar el análisis geológico del solar vimos que habría que bajar el pilotaje a 17 metros, que es donde se hallan rocas; que habría que reforzar el vecino puente de Deusto; que habría que sortear los colectores por los que se evacuan aguas fecales de un millón de personas…
En una obra de estas dimensiones no hay lugar para el error. Por ello trabajamos en la torre un equipo de mil personas, que incluye desde arquitectos e ingenieros de estructuras o aeronáuticos hasta albañiles”.
También Sevilla ha apostado por César Pelli a la hora de crecer. Su edificio para Cajasol, la entidad de ahorro resultante de la unión de las cajas El Monte y San Fernando, será el techo de Sevilla. De momento, sus obras se hallan en una primera etapa: el pasado verano se trabajó en el recinto de muros pantalla, luego se procedió a los movimientos de tierra, y durante la primavera se iniciará la construcción de la torre, que se prevé terminar en el 2012.
Una vez culminada sumará 40 plantas y 178 metros de altura. Es decir, 81 más que la Giralda, el histórico símbolo vertical de la capital andaluza, que data en su primera fase del siglo XII. El edificio se levantará en la isla de La Cartuja y dispondrá en su cima de un mirador abierto al público. Manuel Amador, gerente de Puerto Triana, la entidad de Cajasol que promueve esta obra, indica que “supone un nuevo valor para la ciudad, como arquitectura singular y de calidad”. Precisa que la decisión de construir la torre venía en este caso fijada por el planeamiento general de la zona.
En cualquier caso, esta obra, como las antes citadas, es una nueva expresión de la fiebre de altura, que algunos asocian a la condición humana. “El hombre es un animal erguido, su cuerpo traza una vertical, perpendicular al plano del suelo –declaró en una ocasión Pelli a La Vanguardia–. Siempre ha tenido la pulsión de ir hacia arriba, de construir edificios altos. Incluso cuando carecía de medios técnicos erigía pirámides, zigurats, pagodas, campanarios…”

Madrid, con los edificios de Cajamadrid, Sacyr-Vallehermoso, Mutua Madrileña y la torre Espacio, levantados en la Castellana, donde el Real Madrid recalificó unos terrenos, y estrenados el año pasado, se ha convertido en el techo de España. Las construcciones destacan además por sus heterodoxas formas. La capital, que ya contaba con otros rascacielos emblemáticos, no se para aquí y sigue proyectando más torres.







