Al Gore
"Me considero un político en fase de rehabilitación”

El “ex futuro presidente de EE.UU.”, como irónicamente se ha definido a sí mismo el que fue vicepresidente con Bill Clinton, vive consagrado a combatir el cambio climático. Ganador de un Oscar al mejor documental con Una verdad incómoda, inversor en el sector de las energías limpias y divulgador incansable, acaba de publicar en España Nuestra elección, un libro en el que detalla las soluciones a la crisis medioambiental.
Esta entrevista tiene lugar cuando aún resuena el escándalo que la derecha estadounidense ha denominado Climategate, por errores en el informe científico oficial sobre el cambio climático. También resuenan las chanzas de los escépticos del calentamiento global por las copiosas nevadas que se produjeron este pasado invierno en la costa este de Estados Unidos.
“Ya me gustaría que los negacionistas estuviesen en lo cierto. Nos quitaríamos un peso pesado de encima. Tendríamos otros problemas, pero nos sentiríamos aliviados. Desafortunadamente, no están en lo cierto: seguimos emitiendo 90 millones de toneladas de la polución culpable del calentamiento global diarias, como si el aire fuese una cloaca”, dice Gore.
“Ha habido una campaña amplia y organizada para convencer a la gente de que la crisis climática no es real”, denuncia. “Pero no se trata de impresiones, palabras ni debates, sino de la realidad. Y hay que asumirlo. No es juego ni un concurso político, aunque en nuestras democracias la batalla por la política sea esencial para tomar las medidas necesarias para resolver la crisis.”
¿No le frustra constatar cómo, pese a sus esfuerzos de divulgación, con frecuencia los llamados negacionistas ganan la batalla de la opinión pública?
No se trata de mí ni de sentirse frustrado, sino de comunicar la verdad de la manera más efectiva posible y presentar las distintas opciones para que nosotros, los humanos, decidamos lo que hay que hacer en esta generación. Las generaciones futuras vivirán en condiciones que se verán afectadas por las decisiones de la actual. Hay un movimiento de base amplio en todo el mundo que insiste en que los gobiernos adopten las políticas y las leyes necesarias para resolver la crisis climática. Parte de esta decisión implicará desarrollar una mejor comprensión de las soluciones que están a nuestra disposición: cómo crean empleo, reducen la dependencia del petróleo de Oriente Medio y refuerzan la seguridad tanto económica como estratégica para las democracias en todo el mundo. Y este es el objetivo para el que trabajo, y lo comunico lo mejor que puedo. No disponemos de los recursos de las industrias petroleras, del carbón o las eléctricas. Pero la realidad está de nuestro lado, y los valores más elevados están en peligro y deben ser protegidos. Confío en que con el tiempo decidiremos correctamente.
Además de los escépticos del clima, la causa de la lucha contra el cambio climático ha sufrido reveses políticos en la cumbre de Copenhague de diciembre y con el retraso de la Administración Obama para aprobar la legislación prometida.
En el libro digo que el 2010 significará un punto de inflexión. También, que el resultado en Copenhague sería visto como decepcionante, pero que después habría más cambios de los que la gente esperaba. La legislación está ahora pendiente de aprobación en el Senado de EE.UU. Se hacen esfuerzos productivos para obtener un apoyo bipartito. Hay progresos para adoptar la legislación. Y creo que cuando EE.UU. finalmente apruebe unas leyes que limiten las emisiones de carbono, implicará un cambio significativo en la manera en que otros países abordarán este desafío. A principios del año pasado, China señaló en privado que si Estados Unidos adoptaba una legislación significativa, se sumaría a los esfuerzos para obtener un buen tratado. La decepción en Copenhague quedó garantizada cuando el Senado de EE.UU. no logró aprobar la legislación antes de la cumbre: los dos grandes emisores fracasaron, y era improbable que el resto del mundo procediese sin ellos. Ha sido un desafío desde el principio, pero hemos hecho progresos tremendos. Y, pese a la decepción en Copenhague, creo que todavía estamos avanzando. En todo caso, no tenemos otra opción, porque las consecuencias de fracasar serían profundamente catastróficas.
Para un europeo puede resultar difícil entender cómo Estados Unidos puede combatir el cambio climático sin cambiar el estilo de vida americano: autopistas, automóvil, transporte público precario...
Sí, lo es, y parte de la agenda de Obama prevé más transporte de masas, más tren de alta velocidad y ligero y un cambio acelerado a vehículos con energías renovables. Usted tiene bastante razón: la escala de la transformación es sobrecogedora. Pero ya damos los primeros pasos. El plan de estímulo verde fue amplio e impresionante. Y, en ausencia de legislación, la Administración se ha propuesto regular las emisiones de CO2 con autoridades de la Agencia de Protección Medioambiental. También estamos viendo una iniciativa para la modernización de los edificios, aislándolos mejor, optimizando los cierres de puertas y ventanas y los sistemas de iluminación. Entre el 30% y el 40% de las emisiones de CO2 provienen de edificios ineficientes. Así que, aunque la aprobación de esta legislación tan fundamental se retrase, se puede decir que estamos avanzando.











