10/10/2010
El capricho birmano
Texto de Iris Mir
Fotos de Miguel Torán
Una ciudad construida desde cero, Naypyidaw, se erige como la nueva capital de Birmania (o Myanmar), auspiciada por el régimen militar que gobierna el país. Esta ciudad contrasta con Rangún, contenedor del movimiento democrático del país, que se deteriora lentamente

La pagoda Uppasanti que se construye en la nueva capital, Naypyidaw es una réplica casi exacta del monumento más famoso de Rangún, la pagoda Shwedagon
Símbolo de poder y de buena suerte, el elefante blanco es un animal peculiar y excepcional; pocos existen en el mundo, y tradicionalmente algunos pueblos asiáticos le atribuyen significados místicos. Es el caso de Birmania, que a lo largo de su historia ha hecho del descubrimiento de este paquidermo albino un instrumento para fortalecer la legitimidad de sus monarcas y dirigentes, que siglos atrás se aprovechaban de las supersticiones, las leyendas y los ritos de su gente para dominarlos. Hoy, la junta militar que gobierna el país desde hace 48 años sigue utilizando esta simbología como estrategia de marketing para justificar su poder.
En agosto, uno de estos animales, hallado meses antes en el oeste del país, fue recibido en la capital con una gran ceremonia festiva. La presentación del elefante auspicioso coincidió con el momento en el que la junta se preparaba para anunciar el 7 de noviembre como fecha de las primeras elecciones en dos décadas, consideradas por muchos una farsa para fortalecer el poder de los militares. En el año 2001, la junta descubrió otros tres ejemplares y se presentaron como portadores de riqueza y prosperidad. Poco efecto tuvieron, ya que nueve años después Birmania –rebautizada Myanmar por el régimen– sigue siendo uno de los países más pobres de Asia, donde una de cada tres personas cuenta con menos de un euro al día en el bolsillo.
Un nuevo billete de 5.000 kyats –poco más de tres euros– puesto en circulación hace unos meses amenaza con disparar la inflación y empobrecer aún más a los birmanos. El lanzamiento del nuevo papel moneda, ahora el de más alto valor, es la última ocurrencia del presidente general Than Shwe tras ser guiado por sus astrólogos. Para buscar un buen porvenir, le aconsejaron que imprimiera en los billetes un elefante blanco, y así lo ha hecho.
Los más críticos con el régimen también atribuyen el traslado de la capital desde Rangún a Naypyidaw a estos adivinos, que habrían sugerido al máximo general un cambio de aires tras supuestamente soñar este con invasiones extranjeras. Inaugurada en el 2006, la nueva capital es un fortín, situada en el interior del país, 320 kilómetros al norte de Rangún. Está siendo construida desde cero a imagen y semejanza de la junta militar y sin reparar en gastos mientras que la antigua capital, que durante la época colonial brilló con luz propia, se despedaza en un imparable declive
En agosto, uno de estos animales, hallado meses antes en el oeste del país, fue recibido en la capital con una gran ceremonia festiva. La presentación del elefante auspicioso coincidió con el momento en el que la junta se preparaba para anunciar el 7 de noviembre como fecha de las primeras elecciones en dos décadas, consideradas por muchos una farsa para fortalecer el poder de los militares. En el año 2001, la junta descubrió otros tres ejemplares y se presentaron como portadores de riqueza y prosperidad. Poco efecto tuvieron, ya que nueve años después Birmania –rebautizada Myanmar por el régimen– sigue siendo uno de los países más pobres de Asia, donde una de cada tres personas cuenta con menos de un euro al día en el bolsillo.
Un nuevo billete de 5.000 kyats –poco más de tres euros– puesto en circulación hace unos meses amenaza con disparar la inflación y empobrecer aún más a los birmanos. El lanzamiento del nuevo papel moneda, ahora el de más alto valor, es la última ocurrencia del presidente general Than Shwe tras ser guiado por sus astrólogos. Para buscar un buen porvenir, le aconsejaron que imprimiera en los billetes un elefante blanco, y así lo ha hecho.
Los más críticos con el régimen también atribuyen el traslado de la capital desde Rangún a Naypyidaw a estos adivinos, que habrían sugerido al máximo general un cambio de aires tras supuestamente soñar este con invasiones extranjeras. Inaugurada en el 2006, la nueva capital es un fortín, situada en el interior del país, 320 kilómetros al norte de Rangún. Está siendo construida desde cero a imagen y semejanza de la junta militar y sin reparar en gastos mientras que la antigua capital, que durante la época colonial brilló con luz propia, se despedaza en un imparable declive

Monjes recolectando almas, es decir, pidiendo donaciones a cambio de comida, por las calles de Rangún
El runrún de los generadores eléctricos es la melodía de Rangún, donde las aceras se quedan estrechas para acomodar estas enormes y ruidosas máquinas que garantizan la electricidad de los vecinos más ricos. La falta de abastecimiento eléctrico es común en Birmania; cocinar, asearse o trabajar se convierten en una hazaña cuando el suministro se limita a unas pocas horas diarias.
“Es una estrategia del Gobierno para mantenernos ocupados con las tareas cotidianas”, apunta Tin, un cambiador de divisas ambulante, que indica que los militares esperan que sin luz no haya tiempo para el ocio, o para que los ciudadanos se reúnan y confabulen contra el régimen.
Las calles de Rangún quedan al anochecer cubiertas por una oscuridad total, rota sólo por los faros deslumbrantes de destartalados coches y por raquíticas velas que iluminan los mercados nocturnos de abastos. “Prometieron que con la época de lluvia las nuevas centrales hidroeléctricas producirían suficiente luz para todos, pero por ahora lo único que nos ha traído el monzón son inundaciones”, se queja un vecino tras un chaparrón.
Pese a seguir siendo la mayor ciudad, y el centro económico y de servicios del país, la oposición en la sombra denuncia que los presupuestos de Rangún son cada vez más escasos. Que se ha desviado dinero antes destinado a la capital, pero también de partidas dedicadas a sanidad, educación y otras infraestructuras. Sin fondos, Rangún se oxida.
El alcantarillado escupe la lluvia dejada por el monzón, el pavimento minado de baches queda inundado e intransitable, la basura se acumula en algunas calles, y la criminalidad ha subido. El éxodo comenzó hace tres años cuando miles de funcionarios fueron invitados (léase conminados) a mudarse a la nueva capital. Los edificios coloniales que hasta entonces ocupaban los ministerios se han vaciado, sellado y abandonado. Todavía dura el traslado y se pueden ver hileras de camiones militares en la puerta trasera de algún edificio de la administración cargando sillas, mesas y material de oficina para la nueva capital.
“Es una estrategia del Gobierno para mantenernos ocupados con las tareas cotidianas”, apunta Tin, un cambiador de divisas ambulante, que indica que los militares esperan que sin luz no haya tiempo para el ocio, o para que los ciudadanos se reúnan y confabulen contra el régimen.
Las calles de Rangún quedan al anochecer cubiertas por una oscuridad total, rota sólo por los faros deslumbrantes de destartalados coches y por raquíticas velas que iluminan los mercados nocturnos de abastos. “Prometieron que con la época de lluvia las nuevas centrales hidroeléctricas producirían suficiente luz para todos, pero por ahora lo único que nos ha traído el monzón son inundaciones”, se queja un vecino tras un chaparrón.
Pese a seguir siendo la mayor ciudad, y el centro económico y de servicios del país, la oposición en la sombra denuncia que los presupuestos de Rangún son cada vez más escasos. Que se ha desviado dinero antes destinado a la capital, pero también de partidas dedicadas a sanidad, educación y otras infraestructuras. Sin fondos, Rangún se oxida.
El alcantarillado escupe la lluvia dejada por el monzón, el pavimento minado de baches queda inundado e intransitable, la basura se acumula en algunas calles, y la criminalidad ha subido. El éxodo comenzó hace tres años cuando miles de funcionarios fueron invitados (léase conminados) a mudarse a la nueva capital. Los edificios coloniales que hasta entonces ocupaban los ministerios se han vaciado, sellado y abandonado. Todavía dura el traslado y se pueden ver hileras de camiones militares en la puerta trasera de algún edificio de la administración cargando sillas, mesas y material de oficina para la nueva capital.

Mercado de Rangún, que aún sigue siendo la capital de la actividad económica
Naypyidaw es una ciudad con cierto aire fantasma. Los dos extranjeros son los únicos pasajeros en el vuelo diario del aeropuerto que, según reza la propaganda oficial, acogerá a 10 millones de pasajeros anuales en el 2011. En la arteria principal de la ciudad, los ocho carriles de circulación son sólo transitados por alguna que otra hormigonera o un convoy de todoterrenos de lujo.
La crisis del ladrillo ha llegado también a Naypyidaw, porque colmenas de edificios de cinco plantas dan la sensación de estar totalmente vacías. Ni un alma pasea por la calle, aunque según la junta viven aquí un millón de personas. Los generales han urbanizado esta ciudad como compartimentos separados: la zona residencial, a un lado, alejados los ministerios y oficinas; un poco más allá, el barrio de hoteles, y, en el centro, la zona comercial, que es la única que acoge un poco de vida.
La crisis del ladrillo ha llegado también a Naypyidaw, porque colmenas de edificios de cinco plantas dan la sensación de estar totalmente vacías. Ni un alma pasea por la calle, aunque según la junta viven aquí un millón de personas. Los generales han urbanizado esta ciudad como compartimentos separados: la zona residencial, a un lado, alejados los ministerios y oficinas; un poco más allá, el barrio de hoteles, y, en el centro, la zona comercial, que es la única que acoge un poco de vida.
de: RUBEN | 12/10/2010
Hace 3 semanas que estuve 15 dias en Birmania y es una pena. El pais es precioso y la gente que allí habita no se puede compara con nada, la humildad, la pureza, la transparencia, la amabilidad, la bondad........... una pena que controlen el pais







