20/03/2011
Bernie Ecclestone
Texto de Toni López Jordà
Decenas de nombres y calificativos son empleados para designar a este inglés que manda en la F-1, el negocio más boyante y glamuroso del deporte. Dirige las carreras desde hace tres décadas
con mano de hierro y un envidiable olfato empresarial que proporciona grandes beneficios. Su única meta es ganar dinero
con mano de hierro y un envidiable olfato empresarial que proporciona grandes beneficios. Su única meta es ganar dinero

Bernie Ecclestone pasea por el paddock de Nurburgring en el Gran Premio de Alemania, en julio del 2009
Bernie Ecclestone? El sheriff de la F-1, el Supremo, el patrón del gran circo, el gestor del mayor imperio del deporte, el hombre que mueve los hilos. Se acabarían los epítetos y definiciones, y Bernie Ecclestone, a sus 80 años, lleno de vitalidad pese a sus tres by pass cardiacos, seguiría dirigiendo uno de los negocios más boyantes y teatrales. Él prefiere catalogarse como “un bombero, más que un legislador omnipotente o un rey; yo sólo apago los fuegos que encienden los equipos, promotores y países”.
Su última salida con la manguera ha sido para extinguir el incendio que se formó en Bahréin. Las revueltas sociales contra el régimen autoritario hacían peligrar el Gran Premio inaugural del 2011, pero nadie movía ficha. Los pilotos se remitían al “yo corro donde me digan”, la FIA mantenía su habitual silencio y los equipos miraban hacia Bernie: “Confiamos en él, que decida Ecclestone”. Y Mr. E. ha sido, él solito, quien ha resuelto que el Mundial comience la próxima semana en Australia. Este último capítulo de la familia de la fórmula 1 es un fiel reflejo de cómo funciona y da la medida del personaje: Bernard Charles Ecclestone (Bungay, Inglaterra, 1930) es el padrone de la F-1, el capo que tiene la última palabra.
Pero ¿cómo ha llegado un vendedor de coches usados a convertir una competición de grasa y garajistas en el más glamuroso negocio del deporte? ¿Cómo el hijo de un modesto pescador ha podido amasar una fortuna de 2.800 millones de euros y ocupar el puesto 212 de la lista de los multimillonarios de Forbes? ¿Cómo un tipo enclenque, de aires warholianos, que habla con susurros y no supera los 1,60 metros es capaz de poner a sus pies a mandatarios mundiales, magnates y poderosos financieros?
La respuesta no es simple. “Por cómo es él”, apunta Sebastià Salvadó, presidente del Reial Automòbil Club de Catalunya (RACC), probablemente, el español que mejor conoce a Ecclestone, con quien se lleva apenas dos años. “Seguramente, Bernie es lo más parecido a un rey civil. Los mandatarios van a Londres a verlo a su despacho, a dos porterías de la casa de Margaret Thatcher. Juan Antonio Samaranch, que tenía un radar para captar a la gente, decía que Ecclestone era una de las tres o cuatro personas más inteligentes que había conocido”, explica Salvadó, que hace un cuarto de siglo que trata con el británico.
Su última salida con la manguera ha sido para extinguir el incendio que se formó en Bahréin. Las revueltas sociales contra el régimen autoritario hacían peligrar el Gran Premio inaugural del 2011, pero nadie movía ficha. Los pilotos se remitían al “yo corro donde me digan”, la FIA mantenía su habitual silencio y los equipos miraban hacia Bernie: “Confiamos en él, que decida Ecclestone”. Y Mr. E. ha sido, él solito, quien ha resuelto que el Mundial comience la próxima semana en Australia. Este último capítulo de la familia de la fórmula 1 es un fiel reflejo de cómo funciona y da la medida del personaje: Bernard Charles Ecclestone (Bungay, Inglaterra, 1930) es el padrone de la F-1, el capo que tiene la última palabra.
Pero ¿cómo ha llegado un vendedor de coches usados a convertir una competición de grasa y garajistas en el más glamuroso negocio del deporte? ¿Cómo el hijo de un modesto pescador ha podido amasar una fortuna de 2.800 millones de euros y ocupar el puesto 212 de la lista de los multimillonarios de Forbes? ¿Cómo un tipo enclenque, de aires warholianos, que habla con susurros y no supera los 1,60 metros es capaz de poner a sus pies a mandatarios mundiales, magnates y poderosos financieros?
La respuesta no es simple. “Por cómo es él”, apunta Sebastià Salvadó, presidente del Reial Automòbil Club de Catalunya (RACC), probablemente, el español que mejor conoce a Ecclestone, con quien se lleva apenas dos años. “Seguramente, Bernie es lo más parecido a un rey civil. Los mandatarios van a Londres a verlo a su despacho, a dos porterías de la casa de Margaret Thatcher. Juan Antonio Samaranch, que tenía un radar para captar a la gente, decía que Ecclestone era una de las tres o cuatro personas más inteligentes que había conocido”, explica Salvadó, que hace un cuarto de siglo que trata con el británico.
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