23/09/2007

Sao Paulo,el poder está en los cielos

Texto de Bernardo Gutiérrez
Fotos de Joao Pina

Más de 500 helicópteros y 61.998 despegues
y aterrizajes por año. Y el único equipo del mundo
de controladores aéreos dentro de un área urbana. São Paulo ha devenido Helicopterópoli

Un helicóptero despega del helipuerto de Daslu, uno de los centros comerciales más lujosos de América Latina.

Hora punta. Las ondas radiofónicas llegan desde la São Paulo estratosférica. Una veintena de personas trabajan atentos a las pantallas de los ordenadores: fondo negro, puntos móviles de colores, líneas amarillas. Escuchan a los pilotos de helicópteros. Dan órdenes:
–Afirmativo. Libre ingreso. Prosiga en la ruta Pinheiros, acuso final para Serra Delta Serra November.
El coronel Luiz Cláudio Ribeiro, máximo responsable del Servicio Regional de Protección al Vuelo de São Paulo (SRPV-SP),  sonríe. Se pasea concentrado por la sala de controladores, en el céntrico aeropuerto de Congonhas, donde el pasado 17 de julio se estrelló un Airbus 320 y provocó la muerte de unas 200 personas. En esta sala blanquecina y silenciosa opera el único equipo de controladores aéreos de un área urbana del mundo. “Con el aumento del tráfico de helicópteros empezó a existir riesgo de choque. Interfería, además, en el funcionamiento de Congonhas. El espacio aéreo de São Paulo está muy saturado, cada día más”, asegura el coronel Ribeiro, que supervisa un espacio de 102 kilómetros cuadrados de superficie y un total de 136 helipuertos. Y es que la gran São Paulo, con sus 19,5 millones de habitantes de área metropolitana, se ha convertido en pocos años en toda una Blade Runner tropical de alturas paralelas, en una urbe donde los ejecutivos esquivan los atascos y secuestros a golpe de hélice.
El coronel Ribeiro asegura que en São Paulo siempre hay unos cinco helicópteros volando al mismo tiempo, y en hora punta, hasta 12. En São Paulo reina la “helicopteromanía”. Muchas novias sueñan con aterrizar de blanco en la iglesia desde un helicóptero. En el día de los enamorados, algunas parejas sobrevuelan la urbe. Papá Noel cambia el trineo por un helicóptero Bell “made in USA” y llega frecuentemente a sus pesebres de los centros comerciales desde el cielo. São Paulo, la helicopterópolis, tiene la mayor concentración de helipuertos elevados del planeta, 210. En horas de vuelo es la primera ciudad del mundo. Y en número de helicópteros, unos 500, sólo Nueva York la supera.
Un punto se mueve por el monitor. Un punto-helicóptero, un Esquilo As 350 B3 de cuatro plazas, se desliza no muy lejos de la superficie, como queriendo acariciar el vértigo de antenas y neones publicitarios del ático de la urbe. Edificios. Terrazas con helipuertos. António Caio Gómez –un empresario de 38 años– contempla sonriente la estampa aérea. “Uso helicóptero para ahorrar tiempo, tener más seguridad y comodidad”, afirma Caio con complacencia. El destino del Esquilo es el centro comercial Tatuapé, al otro lado de la urbe, donde Caio tiene una reunión de negocios. Sobrevolamos Jardins, un barrio lujoso próximo a la avenida Paulista. Caio contempla con fascinación el mundo allá abajo: antenas, líneas-calle enrevesadas, puntos-personas-coches sobre las líneas. Nos acercamos a la Universidad de la Ciudad de São Paulo, que tiene el helipuerto más cercano al shopping Tatuapé. “Desde que vuelo en helicóptero visito doce tiendas cada día en lugar de cuatro”, afirma sonriente. Caio comercializa gafas de sol. Su marca, Chili Beans, es líder en Brasil. Y posee un imperio de 160 puntos de venta, casi todos en São Paulo. “Nunca esperé tener que necesitar un helicóptero para visitar las tiendas”, dice Caio. Helipuerto elevado a la vista. En lo alto del “heliponto”, un hombre con look de extraterrestre –abrigo impermeable, gorro protector– hace señales. Aterrizaje perfecto.
14.00 horas. Barrio de Jardins. Llego al hotel Rennaissance. Nelson García, el gerente residente, y Eduardo Silva, jefe de seguridad, me esperan. “Los clientes que llegan en helicóptero hacen el ‘check in’ en el piso 23. No hace falta que bajen a recepción”, matiza con orgullo Nelson. La suite presidencial, a 7.300 euros la noche. El aterrizaje de un helicóptero, 180 euros. Piso 23. Sala de espera. VIP 100%. Azafatas atractivas. Dos hombres –chaquetas, gafas oscuras– esperan. Ojean revistas. Un helicóptero está a punto de aterrizar. Subimos al ático. Nelson y Eduardo caminan por la superficie del helipuerto. Señalan el horizonte. Detrás de ellos, la urbe infinita, su indescifrable “skyline” de antenas y edificios que arañan una neblina corrosiva.
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de: Jaques Hardi | 09/10/2007
"En São Paulo, un día circulan los coches con matrícula par", está escrito. No es verdad, en realidad no pueden circular los lunes con matrículas terminadas 1 y 2, martes 3 y 4, y así hasta el viernes, lo que en teoría supone una reducción del 20% diario de coches.
30 de noviembre
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