04/05/2008

Senegal canta a la esperanza

Texto de Xavier Aldekoa
Fotos de Kim Manresa
La oscuridad acompaña a casi todos los adjetivos que definen África, un continente condenado a la indiferencia o la compasión del mundo. Pero hay también una África que ríe, canta y baila. Un viaje por la música de Senegal permite captar la esencia de un lugar donde, pese
a todo, las sonrisas son mayoría

Los nigerianos Zolo Thousand Love y Frank Ébosé, que viajaron a Dakar en busca de una oportunidad, aprovechan las horas de trabajo en su peluquería para ensayar. La música en África es algo cercano, casi familiar

Los cayucos, el sida y la guerra son una ventana a lo peor de África. La música muestra su otra cara, más positiva y real”
Pero, más que zamparse libros de historia de la música, para zambullirse en la realidad africana hay que perderse por las calles de Dakar. Sólo subirse al taxi, lo último de N’Dour o algo de hip hop hacen vibrar el destartalado vehículo y dejan intuir que la música representa un papel crucial en el día a día africano.
Y las sospechas se confirman en cuanto frena el taxi. Un hombre corpulento, de barriga alegre y mofletes hinchados, nos recibe frente a su casa de un barrio popular de la capital con un fuerte apretón de manos. Es Numukunda Cissoko, miembro de una extensa familia de griots. Estos músicos natos, una suerte de juglares que perpetúan la historia a través de la tradición oral, gozan de gran reconocimiento social en África. Aunque venimos a hablar de música, Numukunda tira de hospitalidad a base de ritual de saludos, arroz compartido y bromas sobre sus dos mujeres y sus siete hijos –“¿o son seis?”, ironiza–. Sus colgantes de plata y anillos desvelan que le va el hip hop. Con permiso del reggae, el hip hop crece a pasos agigantados entre los jóvenes africanos y es un poderoso instrumento para calibrar el descontento social. “El hip hop africano da voz a quien no la tiene y no insulta ni hace ostentación de chicas o riqueza como otros, lucha por la cultura africana y los derechos de la gente”, suelta. Estamos en el patio de una casa de cemento en un barrio de calles de arena y corderos atados frente a las carnicerías. Nadie diría que allí se reúne a diario una familia de griots para ensayar, pero al atardecer llegan músicos de todos lados. Desenfundan yambes, guitarras eléctricas y koras –un instrumento tradicional de cuerda–, y el mundo empieza a bailar. A un lado, los hombres tocan y cantan; al otro, las mujeres danzan. “Así es cada día, somos griots, llevamos la música y el baile en la sangre”, explica Numukunda.
En África todos adoran a Monsieur N’Dour. Su fama ha crecido tanto desde la célebre Seven seconds, junto a Nene Cherry, que ya es casi un dios en todo el continente. Y también fuera de África recibe aplausos unánimes por su música e implicación en causas justas, lo que le permite reunirse con Bush o Zapatero. Pero él no saca pecho. Aún recuerda cuando, de niño, vendía casetes pirata en las calles de Dakar para sobrevivir. Por eso acepta con sencillez la etiqueta de músico africano más influyente del siglo XX o las comparaciones con el mito de Bob Marley y sigue viviendo en su ciudad natal. “No sería nada sin mi gente, lo normal es dar y recibir”, dice frente a la playa de su niñez, donde suele recogerse para componer.
Público del Gorée Diáspora Festival
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de: MARIE CATHERINE | 10/06/2008
DE VERDADE ESTOY ORGULLOSA DE SER SENEGALESA. QUIERO AGRADECER A ESPAÑA POR TRAERNOS A NUESTRO CANTANTE INTERNAIONAL, QUE ES YOUSSOU N'DOUR, A LA EXPO DE ZARAGOZA. UN BESO PARA TODOS.
de: Ibrahima Cisse | 15/05/2008
ME ALEGRO DE VER EL FAMOSO GRUPO TAKEIFA DEL SENEGAL. ESTA EN SU PAGINA. SU MUSICA ES UNA MAGIA QUE ME LLEVA AL CIELO. SALUTACIONES A TODOS.
30 de noviembre
30 de noviembre
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