15/06/2008
¿Quo vadis, Nápoles?
Texto de María-Paz López
Fotos de Yolanda Treceño
Rica en historia, Nápoles es hoy la gran ciudad del sur de Italia gangrenada por las redes mafiosas y adormecida a fuerza de vivir de las subvenciones públicas. Una bella urbe de edificios descuidados que no quiere verse atada al eterno conflicto de las basuras y los ataques xenófobos

Una calle de Sanità, un barrio popular donde los motoristas no usan casco tanto por el escaso respeto de las reglas en toda la ciudad como para no ser tomado por un camorrista

Un frutero en los Quartieri Spagnoli
Encontrar trabajo en Nápoles es una quimera que conduce al auge del amiguismo, aún operativo para comprar votos en las elecciones
Así, en la práctica, el mecanismo asistencial se ha ido convirtiendo en vicioso, y ha llevado a todo tipo de iniciativas vacuas, pensadas sólo para trincar la subvención; a programas de empleo que no eran sino amortizadores sociales enmascarados; a inadecuados proyectos de desarrollo que sólo han servido para desincentivar el sano espíritu emprendedor…
Mientras, el dinero público desaparecía en vericuetos inexplicables, para indignación de los napolitanos honestos, que se sienten cada vez más inermes ante un sistema que se ha infiltrado no sólo en la gestión de la cosa pública, sino también en el comportamiento colectivo. La recalcitrante costumbre de desafiar la ley circulando en moto sin casco
–estampa habitual en las calles napolitanas– puede considerarse una vívida metáfora. Ha cuajado así un modo entre jeta y fatalista de abordar el futuro, que contrasta con el buen hacer de un ramillete de empresas que porfían por sacudirse el estereotipo de que en el sur de Italia todo funciona mal y se trabaja de pena.
Sorpresa para quienes llegan a la estación central de Nápoles –rigurosamente terminal, como todas las grandes estaciones ferroviarias de Italia– con la maleta cargada de prejuicios: la urbe partenopea dispone de un barrio financiero, el llamado Centro Direzionale, levantado en 1982 por el fallecido arquitecto japonés Kenzo Tange, con un skyline de rascacielos que evoca negocios suculentos. Nápoles alberga la excelente Universidad Federico II, fundada a comienzos del siglo XIII; museos de renombre como el Arqueológico –que custodia objetos de las cercanas Pompeya y Herculano, destruidas por la erupción del Vesubio en el 79 d.C.–, el museo de Capodimonte, o el MADRE de arte contemporáneo; y una Ciudad de las Ciencias a las afueras única en Italia. Su Teatro de San Carlo, un edificio del siglo XVIII, es el más antiguo teatro de ópera en funcionamiento de Europa; fue construido 41 años antes que la Scala de Milán.
Mientras, el dinero público desaparecía en vericuetos inexplicables, para indignación de los napolitanos honestos, que se sienten cada vez más inermes ante un sistema que se ha infiltrado no sólo en la gestión de la cosa pública, sino también en el comportamiento colectivo. La recalcitrante costumbre de desafiar la ley circulando en moto sin casco
–estampa habitual en las calles napolitanas– puede considerarse una vívida metáfora. Ha cuajado así un modo entre jeta y fatalista de abordar el futuro, que contrasta con el buen hacer de un ramillete de empresas que porfían por sacudirse el estereotipo de que en el sur de Italia todo funciona mal y se trabaja de pena.
Sorpresa para quienes llegan a la estación central de Nápoles –rigurosamente terminal, como todas las grandes estaciones ferroviarias de Italia– con la maleta cargada de prejuicios: la urbe partenopea dispone de un barrio financiero, el llamado Centro Direzionale, levantado en 1982 por el fallecido arquitecto japonés Kenzo Tange, con un skyline de rascacielos que evoca negocios suculentos. Nápoles alberga la excelente Universidad Federico II, fundada a comienzos del siglo XIII; museos de renombre como el Arqueológico –que custodia objetos de las cercanas Pompeya y Herculano, destruidas por la erupción del Vesubio en el 79 d.C.–, el museo de Capodimonte, o el MADRE de arte contemporáneo; y una Ciudad de las Ciencias a las afueras única en Italia. Su Teatro de San Carlo, un edificio del siglo XVIII, es el más antiguo teatro de ópera en funcionamiento de Europa; fue construido 41 años antes que la Scala de Milán.

El centro financiero, el Centro Direzionale
de: Alessandro Ciliberti | 19/06/2008
Genial. Esta es mi ciudad y os puedo decir que es unica. Un saludo.








