29/01/2012

Helle Thorning -Schmidt

Texto de Gloria Moreno
La crisis global de la socialdemocracia europea tiene una excepción en Dinamarca, donde Helle Thorning-Schmidt ha llegado a la jefatura del Gobierno tras una carrera en la que ha hecho gala de un pragmatismo sin demasiadas ataduras ideológicas
Prepara salchichas en una barbacoa el pasado septiembre.
Helle y Stephen se casaron tres años más tarde y tuvieron dos hijas, Johanna y Camilla, hoy adolescentes. Formar parte de la dinastía Kinnock no sólo puso a su alcance una amplia red de conexiones, sino que también la convirtió en la alumna aventajada de su suegro. Especialmente en estos últimos años, lord Kinnock le ha podido aconsejar sobre lo que supone liderar un partido desde la oposición. Como ella, tomó las riendas del laborismo británico en un momento de crisis económica (1983) y también tuvo que batallar para mantener la unidad dentro del partido.

El de la cohesión interna, de hecho, ha sido uno de los principales retos que Thorning-Schmidt ha tenido que afrontar desde el principio. Una vez acabados sus estudios de Ciencias Políticas, trabajó varios años en cargos menores hasta que en 1999 le propusieron presentarse como candidata a las elecciones para el Parlamento Europeo. A nadie le amarga un dulce, y aunque ella y su marido tenían otros planes, decidió presentarse, sin la menor esperanza, todo sea dicho, de ser elegida. Sin embargo, su destino cambió de repente cuando, contra todo pronóstico, ganó el cuarto y último escaño correspondiente a su partido, pasando por delante de otros políticos mucho más experimentados.

“Era joven, hablaba bien inglés y francés y tenía muy buenos contactos. Además, su elección llegó justo en un momento en el que el partido necesitaba caras nuevas”, explica Jakob Nielsen, actual corresponsal en Washington del diario Politiken y autor del libro Dame el poder, sobre la carrera de la nueva primera ministra. Según él, la elección de Thorning-Schmidt como eurodiputada “pone de evidencia el fuerte sentido de la oportunidad que la ha caracterizado desde el principio y que volvió a demostrar tan sólo seis años más tarde al convertirse en líder del partido”.
Thorning-Schmidt, en una rueda de prensa
Cumplida su etapa en Bruselas, en el 2005, fue elegida diputada del Parlamento danés, justo en las mismas elecciones en las que el entonces líder socialdemócrata y ex ministro de Economía, Mogens Lykketoft, era derrotado por Anders Fogh Rasmussen, actual secretario general de la OTAN. Era la segunda vez consecutiva que la izquierda perdía unas elecciones frente a los conservadores. El partido se hallaba en una situación crítica y completamente dividido, lo que llevó a Lykketoft a dimitir y convocar primarias.

Con 38 años, Thorning-Schmidt supo ver en ello su oportunidad para escalar a lo más alto. Y no la desaprovechó. A pesar de no tener ninguna experiencia en política nacional (hasta entonces, sólo había estado en Bruselas), anunció que se presentaba candidata. Sabía bien que su contrincante, el ex ministro y portavoz parlamentario Frank Jensen, era mucho más poderoso y partía como favorito. Sin embargo, el clima de guerra civil interna que la socialdemocracia danesa vivía en esos momentos hizo que finalmente la eligieran a ella. A pesar de estar alineada con la rama más centrista, Thorning-Schmidt volvía a ser la única cara nueva capaz de reconciliar entre sí a las distintas ­facciones.

Puedo derrotar a Fogh Rasmussen” fue su principal frase de campaña. Sin embargo, la joven y combativa líder no pudo cumplir su promesa y en el 2007 perdió las elecciones frente al omnipotente Fogh Rasmussen, que a mitad de legislatura fue nombrado nuevo secretario general de la OTAN y cedió su puesto al frente del gobierno al menos carismático Lars Løkke Rasmussen.

La nueva derrota del 2007 supuso un duro golpe para el Partido Socialdemócrata. Era la tercera vez que perdía las elecciones, y los fantasmas de división interna no sólo no desaparecían sino que amenazaban incluso con romper el partido en dos, con la izquierda más tradicional bregando por un lado y la parte más centrista y moderada por otro. Tocada por la derrota, carente de experiencia y con la confianza de los suyos por los suelos, Thorning-Schmidt se enfrentaba a un desafío casi imposible. Lo cierto es que por aquel entonces nadie la creía capaz de remontar, y muchos pensaban incluso que acabaría dimitiendo. Sin embargo, ella aguantó. Permaneció al pie del cañón y, a base de tenacidad y de concesiones a unos y a otros, consiguió que los dos extremos del partido acabaran acercándose.
Tras votar en un centro electoral, el pasado 15 de septiembre
Es por ello que los analistas coinciden en definirla como una política pragmática. Con tal de establecer la paz en el partido, ha sido capaz de modificar hacia la izquierda algunos de sus puntos de vista iniciales en materia laboral o económica. En otros temas, en cambio, ha virado hacia la derecha, como es el caso de la política de inmigración. La causa se encuentra en la necesidad de frenar la sangría de votos que los socialdemócratas han ido perdiendo en esta última década a favor del Partido Popular Danés, el partido euroescéptico y contrario a los inmigrantes, que ha ganado poder en los barrios obreros, antiguo bastión de la izquierda.

Pero precisamente su capacidad para acercar posturas opuestas también deja entrever una carencia, y esta es la de la falta de ideales. “Thorning-Schmidt ha demostrado ser buena desde el punto de vista operativo. Ejecuta bien. Sin embargo, no tiene madera de visionaria, no es una ideóloga”, señala Nielsen, quien, no obstante, considera que será ahora, desde su posición de primera ministra, cuando tendrá la oportunidad de demostrar toda su valía.

Sin duda, uno de sus principales escaparates es la presidencia de turno de la Unión Europea, que Dinamarca ostenta desde el 1 de enero, justo en uno de los momentos más críticos de la historia de ese organismo. Aunque los deberes también serán difíciles en casa, donde Thorning-
Schmidt tendrá que poner en práctica constantemente sus dotes diplomáticas para mantener unidos a los tres partidos que conforman su coalición, que, dicho sea de paso, gobierna en minoría.°
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