06/04/2008
El libro que Bhutto deja como testimonio de su tragedia
Reconciliación, el libro póstumo de Benazir Bhutto, la líder pakistaní asesinada el pasado 27 de diciembre, es una extensa reflexión sobre el islam, la democracia y las relaciones con Occidente. El libro, editado por Belacqua, incluye también un sobrecogedor relato del atentado que sufrió al regresar a su país, el 18 de octubre del 2007, tras ocho años de exilio. La narración resulta premonitoria del nuevo intento que acabaría con su vida, dos meses después.

Benazir Bhutto volcó en el libro
Reconciliación, editado en España por Belacqva, sus argumentos para una convivencia pacífica de religiones y naciones. El libro denuncia que el islam está siendo utilizado por extremistas y fanáticos.
Mirza, quien ayudó a llevar a los muertos y los heridos al hospital, me contó el extraño estado de los cadáveres. A algunos se les había quemado totalmente la ropa, otros yacían vestidos, pero cuando se intentaba recoger el cadáver, se derretía y desintegraba. Muchos con herida de balín murieron de inmediato, lo que nos hizo sospechar que los balines habían sido remojados en veneno. Después del recuento de cadáveres, la cifra de muertos llegó a ciento setenta y nueve, y la de heridos, a casi seiscientos, algunos incapacitados de por vida. Pero la llama de la esperanza ardió tan espléndida que una madre me dijo: “Yo perdí un hijo, pero sacrificaría a otro por traer el cambio”. Una mujer joven y ahora viuda, que se había casado apenas dos meses antes, decía que su esposo insistía: “Yo llevaré a Bibi a casa con seguridad y luego regresaré aunque tenga que dar la vida”. Humera Alwani, una parlamentaria del PPP, me dijo que había escuchado a un ministro decir en televisión: “La procesión de Benazir se acabará después de la medianoche y nunca llegará a Casa Bilawal [mi casa]”.
La primera bomba detonó a las 12.06, en la madrugada del 19 de octubre del 2007. Más tarde, mientras veía un vídeo de la explosión, pude escuchar el grito suave de “jeay Bhutto”, “viva Bhutto”, de los heridos que yacían en la calle agonizantes. En Casa Bilawal, nuestro primer pensamiento fue asegurar sangre para los heridos y lograr que estos llegaran rápidamente a un hospital. Veinte de los muertos alrededor del camión podían ser identificados aunque estaban tan terriblemente reventados que sólo se hallaron partes de sus cuerpos; 16 de ellos tenían la cabeza separada del cuerpo. Proyectamos enterrarlos a la sombra del lugar de descanso de mi padre en Garhi Khuda Bux Bhutto, en mi ciudad natal de Larkana, con respeto y honores. Cada año, cuando miembros del partido, provenientes de todos los rincones de Pakistán, se congreguen para rendir tributo a mi padre en el aniversario de su martirio, rezaremos por las víctimas.
Más tarde fui informada de una reunión que se celebró en Lahore y en la que se organizó el atentado. Según este informe, tres hombres que pertenecen a una facción política rival fueron contratados por medio millón de dólares. Según mis fuentes, se llamaban Ejaz, Sajjad y otro cuyo nombre se me escapa. Uno de ellos murió accidentalmente porque no pudo escapar rápido. Se puede suponer que fue el que tenía al bebé. No obstante, se necesitó un experto en explosivos para armar las bombas. Aquí entra Qari Saifulla, un terrorista buscado que había intentado derrocar mi segundo gobierno. Él había sido extraditado por los Emiratos Árabes Unidos y languidecía en la cárcel central de Karachi.
La primera bomba detonó a las 12.06, en la madrugada del 19 de octubre del 2007. Más tarde, mientras veía un vídeo de la explosión, pude escuchar el grito suave de “jeay Bhutto”, “viva Bhutto”, de los heridos que yacían en la calle agonizantes. En Casa Bilawal, nuestro primer pensamiento fue asegurar sangre para los heridos y lograr que estos llegaran rápidamente a un hospital. Veinte de los muertos alrededor del camión podían ser identificados aunque estaban tan terriblemente reventados que sólo se hallaron partes de sus cuerpos; 16 de ellos tenían la cabeza separada del cuerpo. Proyectamos enterrarlos a la sombra del lugar de descanso de mi padre en Garhi Khuda Bux Bhutto, en mi ciudad natal de Larkana, con respeto y honores. Cada año, cuando miembros del partido, provenientes de todos los rincones de Pakistán, se congreguen para rendir tributo a mi padre en el aniversario de su martirio, rezaremos por las víctimas.
Más tarde fui informada de una reunión que se celebró en Lahore y en la que se organizó el atentado. Según este informe, tres hombres que pertenecen a una facción política rival fueron contratados por medio millón de dólares. Según mis fuentes, se llamaban Ejaz, Sajjad y otro cuyo nombre se me escapa. Uno de ellos murió accidentalmente porque no pudo escapar rápido. Se puede suponer que fue el que tenía al bebé. No obstante, se necesitó un experto en explosivos para armar las bombas. Aquí entra Qari Saifulla, un terrorista buscado que había intentado derrocar mi segundo gobierno. Él había sido extraditado por los Emiratos Árabes Unidos y languidecía en la cárcel central de Karachi.
Le invitamos a que sea el primero en comentar esta información.







