Jóvenes extraordinarios
Jóvenes con historias que merecen ser contadas
Setenta y seis retos, setenta y seis historias son la primera respuesta a la convocatoria hecha por el Magazine en busca de jóvenes extraordinarios. Familiares y amigos y también los propios protagonistas han contado cómo han desarrollado su idea, cómo consiguieron realizar un sueño, cómo lograron sortear las condiciones más difíciles y sentirse ahora muy satisfechos con ellos mismos... Hablan del valor de los amigos, de los familiares, del poder de los sueños y de su enorme empeño.

"Tres largos años trabajando en el aserrade-ro de mi padre, tristeza, ansiedad... no me sentía a gusto con mi vida. Veintidós años llenos de inquietudes, ganas de viajar, de aprender idiomas, de conocer mundo. Necesitaba un cambio. En el periódico, un anuncio: ‘Busco vendedor’. Fui y me cogieron, no me lo creía; y a los tres meses me echaban, tampoco lo creía, pero las ventas se habían duplicado. Eso me hacía sentir bien. En una semana, otro trabajo, comercial de productos químicos para la construcción, mi gran suerte. El primer año fui el que mas vendió de los 30 comerciales que había en la empresa. Cobraba altas comisiones. Pagué mi coche y compré un piso. Lo mejor es cómo me sentía: realizado. A los tres años conocía el cliente, el provee-dor y el producto. Un mercado platónico: todo para intentarlo con mi propia empresa.
Empecé como cualquiera, pero un día y por casualidad descubrí un diamante en bruto: un poliuretano para la impermeabilización, competitivo y competente, que el mercado desconocía y nadie poseía. Lo introducimos rápidamente y crecimos para conseguir la distribución exclusiva en España. Hoy Maris Polymers Spain, con 15 comerciales, factura tres millones de euros en España, está especializado en poliuretanos líquidos y soluciona muchos problemas de la construcción. Después de lanzarme a la piscina, he podido viajar mucho, aprender idiomas, conocer buenas personas y no olvidar quién era para seguir siendo quien soy, todo mientras trabajo. Disfruto y me siento reconocido por la gente que me rodea, por mis familiares y mis amigos de siempre. Y cuando pienso en la calidad de vida que tengo hoy, todavía lloro de ilusión."

Tarin Oliver-Parellada,
Comenzó por puro romanticismo. Tenía 23 años cuando le dieron la noticia. Can Ribas, una casa de colonias que pertenecía a la familia, tenía los días contados como tal. Sus padres y sus abuelos, hostaleros, habían decidido dedicar el espacio a banquetes para los fines de semana. Poco futuro para niños, excursiones y naturaleza. "No podía pensar que aquello se perdía. Así que decidí, de lunes a viernes, cogerla yo." Licenciada en Sociología, "para mí todo es trabajo humano, tanto en grande como en pequeño". Hoy, nueve años más tarde, Can Ribas recibe a 20.000 personas anualmente, entre niños y profesores, es pionera en su categoría, y Tarin se enorgullece de haber convertido un fenómeno de temporada, los campamentos de verano, en algo que se mantiene durante todo el año escolar gracias a las actividades que se organizan y que hacen que la naturaleza se viva igual, sea otoño, invierno o primavera. "No paramos nunca." Y el romanticismo, intacto: "Es un gran placer fomentar la amistad y sentir que esos campamentos quedarán en el recuerdo de los niños: el primer baile, los monitores, el despertar de la fantasía y la imaginación". Por supuesto, no está sola al frente de esta legión infantil. Detrás hay un equipo de 20 personas que se encargan de llevarlo todo con ella. Y de otra forma, ahí en su historia, también "están mi padre y mi madre, de quienes he aprendido el gusto por las cosas bien hechas".
Los fines de semana, la pluriempleada casa se llena de banquetes, y Tarin se ocupa de sus hijos, Max y Teo. "Con ellos ensayo actividades que después ofreceré a las escuelas. Son los primeros clientes que tengo, y están encantados."
32 años. Socióloga y hostalera
Joana Bravo, 32 años, y Viviana Urai, 34 años, micropoetas
Joana cuenta que el amor por la poesía le viene de su padre, que era artista, músico, recopilaba poemas y a ella se los hacía aprender de memoria. "A veces los repito y siempre les encuentro significados nuevos." Cuando su padre murió, "pensé que era yo la que me quedaba con vida y que me tocaba avanzar." Para Viviana, de origen argentino, la clave fue "coincidir con Joana en un momento de cambio vital". La suerte fue encontrarse: "Todo es una filosofía de vida: la del optimismo y la transparencia".
Joana y Viviana se conocieron en India. Las dos trabajaban para la misma ONG. Joana, en el diseño de materiales gráficos. Viviana, en comunicación. Hasta que regresaron con una fiebre extraña. "Joana pasó unos meses pensando y hablando en tres palabras, intentando sintetizar todo lo que veía a su alrededor." Esas tres palabras se empezaron a imprimir en pequeñas chapas que regalaban para que los demás se las colgaran. Les sorprendía ver cómo llevar esa chapa les ayudaba a comunicar sin hablar. "Era como pedir a la gente que fuera espontánea, sin miedo, atrevida." Políglota/con lengua/bésame. Dameagua/damefuego/dameaire. Uf/guau/crash. Y así, cientos de combinaciones. Tuvieron una idea: comercializar chapas y adhesivos con esas micropoesías. Así nació su empresa: en3palabras. Ahora venden sus productos en tiendas de Barcelona, Madrid, Menorca, Santander, Valencia y Zaragoza. Tienen previsto convertir este juego con el lenguaje en el eje de su vida. Pero por ahora tienen que hacer otras cosas: Joana es grafista e ilustradora y hace microrrecitales de poesía en directo; Viviana se dedica a la comunicación para empresas.







