Jóvenes extraordinarios
Jóvenes con historias que merecen ser contadas
El Magazine busca jóvenes extraordinarios. Familiares y amigos y también los propios protagonistas tienen la posibilidad de contar en la web cómo han conseguido realizar un sueño, cómo lograron sortear las condiciones más difíciles, cómo su generosidad sirve de ayuda a otros. Se trata de subrayar el valor de unas iniciativas que les han llevado a desarrollar proyectos singulares o a dedicar una parte de su tiempo a acciones solidarias.

Alejandra Cano, 24 años, psicóloga, voluntaria con niños enfermos de cáncer
Cada lunes, haga frío o calor, Alejandra va a jugar con los niños de la planta de oncología infantil en el madrileño hospital de La Paz. Organiza actividades “que les hagan olvidar que están malitos y que permitan a sus padres salir del hospital, tener algo de tiempo para ellos”. Lo suyo, dice esta psicóloga, son las manualidades. “Me gusta que nos embadurnemos de pintura y, sobre todo, que dejen volar su imaginación”. Desde hace dos años y medio, Alejandra sigue esta rutina semanal como voluntaria de la Asociación Infantil Oncológica de Madrid (Asión), creada e impulsada por familiares de niños enfermos de cáncer. “En segundo de carrera acudí a una feria de voluntariado que organizó mi universidad y allí supe de un campamento para niños oncológicos en Irlanda. Me apunté como monitora.” El centro Barreststown parece cumplir el sueño de su impulsor, el actor Paul Newman, de crear un sitio especial para niños con dolencias graves. “Es un lugar mágico, durante esos días no hay ninguna sensación de pena, ni de tristeza, ni de diferencia. Están allí porque son niños, no porque son niños enfermos. Ese verano me di cuenta de lo mucho que se podía hacer y de lo bien que me lo había pasado.” La experiencia le marcó y le alentó a involucrarse en Madrid en una actividad semejante durante el curso e incluso ha orientado su futuro profesional. “Como psicóloga, quiero trabajar en el ámbito de la salud, con enfermos físicos, creo que hay mucho que hacer en este campo.” Cree que la idea de voluntario ha cambiado mucho, “ya no es alguien un poco al margen del mundo, sino que incorpora unas horas de servicio a la sociedad como parte de su rutina…” www.asion.org
Testimonio recogido por María del Mar Rodríguez
Foto de Montserrat Velando

Verónica Codesido,
34 años, bióloga, investigadora de la Universidad de Vigo“Yo digo que mis pinos son mis niños.” Se nota la pasión que destila con sólo cruzar unas palabras con ella. Verónica Codesido, una gallega de 34 años, es bióloga y busca, junto a un grupo de investigadores de la Universidad de Vigo, “árboles resistentes al cambio climático”. Cansados de escuchar mensajes apocalípticos sobre el futuro de la Tierra, la voz contundente y decidida de Verónica es un soplo de esperanza. Habla en medio del barullo del Campus de Excelencia 2008, que se celebró en junio en Gran Canaria y que reunió, un año más, a “los que son con los que van a ser”: a los jóvenes científicos con más de una decena de premios Nobel. “Creo que son tan accesibles porque ven reflejados en nosotros a los becarios que fueron”, asegura ella, que ha presentado su trabajo en este foro de conocimiento y convivencia.
“Trabajo en esto porque Galicia es la esquina forestal de España, y, cosa impensable en otros tiempos, estamos comenzando a notar los efectos de la sequía en verano.” Y es que el cambio climático ya está aquí, y una vez hecha la denuncia hay que articular las soluciones. “Buscamos árboles que sean capaces de adaptarse a todas las condiciones climáticas posibles. Que cuando haya agua, sean capaces de aprovecharla y crecer de manera rápida, y cuando no la hay, se mantengan con la que habían absorbido el resto del año.” Los elegidos son los pinos. Verónica y sus compañeros han plantado a sus “pequeños” en el interior y en la costa, y los han sometido a toda clase de perrerías climáticas en un invernadero. Hasta el momento, hay un tipo que resiste como un jabato. A partir de aquí, queda hacer un semillero y repoblar. Bendita ciencia.

Lorraine Gallard,
30 años, ayudante de dirección, productora, impulsora de Cortocircuito BarcelonaCon una gestualidad que lo dice todo, Lorraine cuenta ante un café con leche su peculiar árbol genealógico. “Nací en Londres, de un padre ruso nacionalizado americano y una madre brasileña.” Encendiendo un cigarro explica una trayectoria vital que engloba varios puntos del mapamundi. Hizo la carrera de publicidad en São Paulo, donde se crió, y a los 14 años saltó a Nueva York para completar sus estudios de interpretación y música. “Quería ser actriz, pero un taller de dirección cinematográfica me puso al otro lado de la cámara.” Dando órdenes, se sintió “como Dios”. “Me gusta mandar.”
Un día, ya cansada de la violencia en su país, Lorraine decidió probar suerte en Barcelona. Llegó el 6 de julio de 1999, el día de su cumpleaños, y empezó a buscarse la vida trabajando en hostelería. Sin embargo, ocasionales colaboraciones en productoras le permitieron adentrarse en el mundo de los festivales. Tiempo después organizaba el suyo propio para difundir vídeos creados por “directores con pocos recursos”. Lorraine se considera “una Cruz Roja para el mundo audiovisual” y asegura con cierta ironía que Cortocircuito Barcelona no sólo ayuda a estos profesionales, además existe “por amor al arte”. Ella selecciona las obras que le llegan, organiza la proyección en algún local, diseña el flyer, convoca a gente… sin apenas retribución económica. “Lo hago para dar una oportunidad a quien se esfuerza”, dice.
Ahora tiene un contrato a tiempo parcial en una productora, y está pensando en hacer un Cortocircuito dirigido a las agencias de publicidad. Le gustaría que “se consolidara como una plataforma para proveer de vídeos a distintos festivales”.
Testimonio de Eva Cervera
Foto de Tatiana Donoso






