Jóvenes extraordinarios
Jóvenes con historias que merecen ser contadas
El Magazine busca jóvenes extraordinarios. Familiares y amigos y también los propios protagonistas tienen la posibilidad de contar en la web cómo han conseguido realizar un sueño, cómo lograron sortear las condiciones más difíciles, cómo su generosidad sirve de ayuda a otros. Se trata de subrayar el valor de unas iniciativas que les han llevado a desarrollar proyectos singulares o a dedicar una parte de su tiempo a acciones solidarias.

No tuvo que irse lejos. Descubrió a su diseñadora interior en casa, un invierno, entre radiadores. Su hijo pequeño, que ahora tiene cuatro años, la obligó a pasar horas entre paredes, así que había que ocupar el tiempo en algo entre siesta y siesta del pequeño. Y ese algo fue lanzarse a coser. “Había estudiado Bellas Artes, un máster en Arqueología, y hasta entonces me había dedicado a la fotografía y me gustaban las telas por su plasticidad, sus diseños..., pero comencé con lo de la ropa, y me gustó tanto que me lo planteé como mi futuro.” De origen chileno, acostumbrada a los cambios desde pequeña, después de haber vivido una larga temporada en Berlín, empezó vendiendo sus creaciones en tiendas, primero en España y después en Alemania, en Grecia y en Chile. Acabó teniendo su local propio en el Raval barcelonés. “Me informé de cómo crear la compañía en una oficina para emprendedores, donde me enseñaron cómo hacer un plan de productividad. No fue difícil.” Ropa para mujer, hombre y niño. Crédito para el traspaso y adelante.
Cuando empezó, su marido trabajaba en una fábrica. Hoy es también parte de Akepica, su marca y empresa, y se dedica a la parte comercial. Tiene también María José modistas. Ensalza el respeto: “Yo dependo de ellas tanto como ellas de mí”. Y defiende fabricar desde aquí: “Nunca me iré a India a producir”. www.akepica.blogspot.com

Tres chicas comen un kebab en el barrio del Raval, en Barcelona. Son arquitectas, interioristas y dos de ellas, madres. Hablan del hueco que Zara ha ocupado en el mundo de la moda y se preguntan por qué el buen interiorismo no ha podido llegar a la gente joven sin bolsillos rebosantes. Se les ocurre algo simple: democratizarlo. “Si los hay que están dispuestos a montar un mueble barato que queda bien, quizás también los hay que pagarían poco, pero a cambio de buenas ideas de decoración”, explica Vanessa. Se inventan un concepto: diseño a la carta. “Como en un restaurante, cada uno elige hasta dónde llega con su presupuesto: si para el lomo o para el entrecot”, cuenta Cecile. Así nace su estudio, Mismas. Transformar espacios, crear conceptos, obras, proyectos para cualquier presupuesto. Se suman las ganas de hacer algo por su cuenta con los cambios que en la vida profesional implica la maternidad. “Dos de nosotras, Cecile y Vanessa, tuvimos nuestro primer hijo hace cinco años y el tema laboral se complicó bastante. No estábamos dispuestas a sacrificar a los niños, que era lo que querían los despachos donde trabajábamos.”
Les encanta tener su propio negocio, del que las tres viven. “No queremos entrar en el típico debate, pero pensamos que somos más positivas, más fuertes a nivel moral, somos más organizadas.” Y sobre todo, les gusta ver el futuro tranquilo. “No tenemos pretensiones de fama, así que seguiremos haciendo este trabajo con ilusión, buen humor y ganas. El día que lleguemos al trabajo aburridas, lo dejaremos y montaremos una floristería, una mercería o un sex shop para mujeres.” www.mis-mas.com

Joaquín Pece,
Se suma una carrera de Empresariales con una personalidad inconformista. Trabajos en la ONG Acción Contra el Hambre en Somalia y Kenia, muchos viajes, mucha lectura compulsiva y un pensamiento constante: "Lo más interesante que podemos hacer los humanos es aportar algo al mundo que permita a los que vienen detrás continuar el camino un poco más adelante". Con este cóctel no es extraño que Joaquín Pece, gallego, decidiera, después de trabajar durante seis años como director de la filial de Televés en París, cambiar de rumbo. De regreso a España, ha fundado Mandacarú, una firma de moda de algodón que cumple los requisitos de la llamada
Mandacarú comenzó su andadura el pasado julio. De momento, sólo con camisetas. "Los ingresos son aún muy pequeños, pero espero poder vivir de esta empresa y, a medio plazo, ampliar gama: ropa de bebé, polos, sudaderas, pantalones... cuidando mucho los diseños." Ahora Joaquín tiene tiempo libre, que agradece porque puede dedicarlo a un retoño de cinco meses. "Me gusta montar a caballo y hacer excursiones por las Rías Baixas, donde vivo." Su gusto por los nuevos desafíos está claro. Y la reflexión le obliga casi siempre a lanzarse. "Cuando estoy frente a un callejón sin salida, me acuerdo de una frase que oí una vez: ‘El exceso de análisis produce parálisis’."
31 años. Empresario de ropa éticaropa ética, cuyos pilares son la ecología, el desarrollo sostenible y el respeto al trabajador. Las prendas se fabrican en Perú, mediante certificados y visitas directas al proveedor, Joaquín se asegura de que se acaten derechos y condiciones laborales y de garantizar el origen ecológico del algodón con el que están hechas.







