Jóvenes extraordinarios
Jóvenes con historias que merecen ser contadas
El Magazine busca jóvenes extraordinarios. Familiares y amigos y también los propios protagonistas tienen la posibilidad de contar en la web cómo han conseguido realizar un sueño, cómo lograron sortear las condiciones más difíciles, cómo su generosidad sirve de ayuda a otros. Se trata de subrayar el valor de unas iniciativas que les han llevado a desarrollar proyectos singulares o a dedicar una parte de su tiempo a acciones solidarias.

Jorge Martínez, 31 años, fundador del festival Punto Aparte en Murcia (en la foto, con su hija)
Se define como un soñador capaz de destrozar utopías para hacerlas realidad. Por eso se aventuró en el año 2000, con 23 años, a poner en marcha junto a tres socios Germinal, “un proyecto vital que nació para revolucionar el mundo de la comunicación y el diseño gráfico en Murcia. Y ha salido bien, porque sabe ver al cliente como un aliado y no como un enemigo”. Compagina su labor en Germinal con la dirección en Barcelona de Milmilks, un proyecto de la empresa publicitaria SCPF, de Toni Segarra, que se dedica a buscar talentos para que aporten sus conocimientos a la publicidad. “Es una suerte liderar un proyecto que seguramente se convertirá en la agencia de publicidad
del futuro.” Jorge conoció a Toni Segarra cuando le invitó a participar en Punto Aparte, festival que creó hace seis años como un proyecto, cuya energía, esfuerzo y parte del presupuesto lo pone él. “Me atormenta no hacer nada por cambiar el mundo, y esta es mi manera de hacerlo.” Punto Aparte ha contado con el padre patera, los curas rojos de Madrid, Risto Mejide, Bru Rovira, Pipo del Buono y un sinfín de personalidades y artistas que viajan a Murcia desinteresadamente para hablar de injusticias y desigualdades sociales de la manera más brutal y directa que saben. “Ellos nos abren los ojos, el festival es una mosca cojonera que te dice lo que no quieres escuchar y te enseña lo que no quieres ver.” Y aconseja seguir su ejemplo: “La gente no sacrifica su tiempo por sus sueños, y eso les convierte en autómatas”. A caballo entre Murcia y Barcelona, cada día pasea, baña y da el biberón a su hija de un año. “Ella me hace recuperar la vitalidad de tal manera que soy capaz de comerme el mundo.”
Testimonio recogido por Ana Guardiola
Foto de Gloria Nicolás

Armados con una guitarra, unos bongos y enormes dosis de ilusión, decidieron, a lo Carlinhos Brown, que la música podía ser una buena forma de colaboración e intercambio con los menores subsaharianos de los centros de acogida de su misma localidad tinerfeña llegados desde las costas africanas en pateras. Decidieron formar una pequeña orquesta entre jóvenes de mundos tan diferentes unidos por el lenguaje universal de la música. Su proyecto acaba de hacerse con uno de los premios de la segunda edición del concurso Jóvenes con Valores, convocado por la Fundación La Caixa. “Los 9.000 euros del premio irán para comprar instrumentos, la verdad es que nos hacían mucha falta”, dice Adela Rodríguez, una de los siete integrantes de la iniciativa Música Solidaria del IES Viera y Clavijo, de El Rosario. “Somos todos de la misma edad, y eso ayuda, pero también hay muchas barreras que romper”, explica Carlos González. Lo suyo es la percusión, “ojalá pudiera dedicarme profesionalmente a la música”, confiesa. De momento, se encarga de coordinar los ritmos latinos y caribeños del grupo. “Además, ellos cantan muy bien”, añade su compañera. “No siempre es fácil, porque los chicos están cambiando continuamente, y así es más difícil que el grupo avance, pero lo que hacemos nos llena. Nos impresiona que nunca pierden de vista a sus familias, lo que de verdad les importa es lo que desde aquí puedan hacer por ellos. Todo esto nos ayuda a valorar lo mucho que tenemos nosotros.” Adela todavía no sabe hacia dónde encaminará sus pasos cuando termine el instituto, “pero, haga lo que haga, creo que siempre voy a estar vinculada a una ONG”.
Testimonio recogido por Mª del Mar Rodríguez
Foto de Montserrat Velando

Elisabeth Oses, 28 años, arteterapeuta
Es coordinadora de Art Solidari, una ONG de Barcelona que trabaja en el barrio con mayor índice de inmigrantes de la ciudad. Cuenta que a las niñas árabes y pakistaníes les gusta tanto cantar y bailar en los talleres que se olvidan de la prohibición paterna de hacerlo mezcladas con los niños. Y así, cuando llega el día de la actuación de fin de curso y sus padres las ven tan felices, tan naturales, también se olvidan. Y el mundo gira. Elisabeth es peruana de origen español, y sus tías, de Logroño, insisten en que busque un trabajo más seguro cerca de ellas. Pero, de momento, está bien en Barcelona. Estudió Psicología y Arte y ha trabajado mucho con chicas con anorexia. La arteterapia hace posible que no sean las pacientes el objeto que tratar, sino su obra. “Son chicas con un discurso muy claro, hablan de sí mismas como si se conocieran a la perfección. Un día, una de ellas me comentó que le gustaba escribir, y comenzamos a trabajar con ese material. Traía folios y folios en los que explicaba su enfermedad, sus problemas y a sí misma. No era más que la repetición de su discurso expresado en forma literaria, pero eso nos ayudó a visualizar todo el espacio que ocupaba en su cabeza. Con el tiempo empezó a pensar en otras cosas, en qué le gustaría hacer.”
La arteterapia es una alternativa a la terapia verbal, utiliza la pintura, la música, el juego y todo lo que potencie la creatividad para generar una nueva manera de comunicarse. Se enseña en multitud de másters de España, pero está todavía sin regular. “Trabajamos mucho con las sensaciones que nos da el paciente. Esperamos que sean ellos los que encuentren sus propias metáforas”, explica.
Testimonio recogido por Celtia Traviesas
Foto de Tatiana Donoso







